Ayotzinapa, un torturado caso | Luis Cárdenas

En la Mira

“La tortura ha desaparecido del código, cosa diferente es que desaparezca de las costumbres”, Rafael Barrett.

Supongamos que la justicia tiene frente a sí al más maldito de entre todos los malditos, imagine usted la peor depravación, la más asquerosa felonía, el crimen más ácido…

Piense en lo que más le indigne, visualice en ese infeliz al artífice de lo más jodido del infierno que ha trazado usted en su cabeza.

¿Cuál sería el castigo?, ¿ojo por ojo?, ¿que sufra porque la cárcel sería más bien un premio?, ¿una humillación corporal pública?, ¿un permanente suplicio psicológico?, ¿un martirio digno de la inquisición?, ¿cuál?, ¿el Potro?, ¿la cuna de Judas?, ¿la sierra?, ¿cuál?, ¿cuál sería el castigo ideal?

A veces, el odio y la estupidez que profesamos los humanos, justamente, por nuestra condición de humanos, nos desborda al grado de castigar una aberración con una degeneración: el “castigo” nos justifica para caer mucho más bajo que lo “castigado”… La tortura es uno de los mejores ejemplos.

Preocupa que la tortura a la que fue sometido Carlos Canto Salgado por un asunto del que ni siquiera se le consignó, no sea hoy motivo de una mayúscula indignación y sí, en cambio, provoque algunas de las más complejas maromas argumentativas en favor de una verdad histórica popularmente condenada, como el gobierno que la firmó, al basurero de la credibilidad.

Canto Salgado apenas y podría ser considerado uno de los testigos del caso Ayotzinapa, fue detenido por delincuencia organizada y su declaración no trasciende en el resultado de las investigaciones.

Jurídicamente hablando, la verdad histórica podría tener una oportunidad aunque, en la realidad, terminará sepultada sin importar qué tan “verdadera” o no sea.

Canto fue torturado sin sentido alguno, daba igual, sus dichos no influyeron en la investigación, pero las imágenes de su rostro, de sus ojos cubiertos con cinta, maniatado, nervioso y con la voz entrecortada del pavor que siente cualquiera en su situación, su voz muerta por la asfixia de una bolsa de plástico ha vuelto una mierda todo el caso.

Si torturaron a Canto, ¿qué podría garantizar que no lo hicieron con los demás?, el argumento de los activistas se vuelve, máxime en estos tiempos de condena al pasado, irrefutable.

Torturaron a uno… ¿Torturaron a 100?

Más patético aún resultó Silvano Aureoles llamando “distracción” a una evidencia y descalificando el video por “viejo”, ¡de septiembre de 2014!… ¿Sí sabe el gobernador cuándo se dieron los hechos?

DE COLOFÓN. Acorde con datos oficiales, junio podría representar un gran avance contra la violencia e incidencia delictiva en la Ciudad de México, dos factores clave:

1.- La baja, de facto, del equipo policial ligado a Edgar Bautista, Marte.

2.- El fortalecimiento de la Policía de Investigación.

Veremos los resultados en papel muy pronto… Ojalá se reflejen en la realidad.

Publicado por El Universal