Intervención de la Diputada Federal por el PRI, Carolina Viggiano Austria, durante los posicionamientos de los grupos parlamentarios, con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

Ciudad de México, 25 de noviembre de 2021

Presidente, antes de iniciar quisiera solicitar respetuosamente un minuto de aplausos para una gran feminista que en agosto desafortunadamente no le ganó la batalla al cáncer, para María Elena Chapa. Quiero pedir un minuto de aplausos para una feminista mexicana que trabajo indistintamente con todos los partidos políticos.

Muchas gracias, presidente, con su permiso.

Esta conmemoración que no es una celebración es justamente para obligarnos a todos a reflexionar, a pensar, a hacer conciencia, a escuchar más y hablar menos, a sensibilizarnos sobre un tema que no debería, como decía María Elena Chapa: “las feministas no tenemos colores ni banderas cuando se trata de avanzar en favor de las mujeres y sus derechos”.

Tenemos frente a nosotros un gran reto, lograre que la violencia deje de ser parte de la vida cotidiana de las mujeres.

El 25 de noviembre es una fecha para plantearnos nuevos retos, es un grito de auxilio, una exigencia de acción que busca despertarnos del letargo y obligarnos a entender que el Estado debe respeto, protección y atención a los derechos humanos de las niñas y mujeres.

No importa cómo nos vestimos, no importa dónde estemos, no importa a qué nos dediquemos, qué soñemos, no importa, tampoco es nuestra culpa.

En el mundo, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia a lo largo de su vida. En México 10 mujeres son asesinadas al día, una cada dos horas. Mientras terminamos de fijar posicionamientos, habrá muerto una mujer por motivo de violencia.

El 80 por ciento de estos casos, los asesinos son sus parejas, sus hermanos, sus familiares o sus propios padres. Estas historias son desgarradoras lamentablemente. Y desafortunadamente son tan cotidianas que se están normalizando.

Según datos de la ONU, con la crisis de pandemia, los reportes de violencia doméstica se ha incrementaron en un 80 por ciento, y en nuestro país, 2 de cada 3 mujeres mayores de 15 años, dicen haber sufrido un acto de violencia.

Con información de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, nos informa que en lo que va de este año, se han abierto mil 227 carpetas de investigación por el delito de violación. Esto significa un incremento del 29 por ciento mayor al año pasado.

La pandemia nos está dando una dolorosa lección, el hogar ya no es el sitio más seguro ni para las mujeres, niñas y niños. En nuestro país la violencia doméstica aumentó de forma alarmante, sin que el Estado fuera capaz de hacer algo por todas aquellas mujeres que estaban confinadas con sus propios agresores.

Esta violencia contra la mujer es la otra pandemia, la que silencia a las niñas y mujeres, la que lacera profundamente a nuestra sociedad, está en todas partes y nos negamos a verla.

Es imposible que una sociedad pueda tener desarrollo cuando la mitad de su población vive con miedo, miedo a ser agredida. El miedo ha sido justamente lo que ha manejado muchas veces a la humanidad.

Muchas veces escucho a mis compañeros decir: yo tengo miedo a hablar de mujeres, hablar de violencia o cometer violencia. No tengan miedo, solo cuando nos vean piensen que somos iguales que ustedes y tenemos los mismos derechos, y si ustedes piensan eso no se van a equivocar nunca. No deben tener miedo ni hablar con nosotras, ni de nosotras.

Compañeras y compañeros, la violencia en cualquiera de sus manifestaciones, económica, emocional, psicológica, física o sexual, nos lastima a todos, porque deja importantes consecuencias y secuelas en la sociedad entera.

Los recortes presupuestales descalificaron las protestas feministas también, la desaparición de los programas con perspectiva de género, también son violencia.

Por eso, en el PRI, seguiremos luchando por el acceso a nuestros derechos. Aquí el problema es el acceso, hay regulación y hay reglas, tenemos suficientes leyes, el problema es el acceso.

El acceso a una vida libre de violencia requiere recursos para más refugios, para centros de justicia y empoderamiento de mujeres, para el acceso a la salud, para cuidar nuestra salud reproductiva también se requieren recursos.

Para poder hacer efectivo el derecho laboral, necesitamos estancias infantiles, es un tema de acceso.

Para tener acceso al agua potable, necesitamos infraestructura, para que las mujeres de las comunidades indígenas y las comunidades marginadas no tengan que ir por el agua en su cubeta o en su tinaja.

En suma, cerrar las brechas de desigualdad y pobreza, que es la mayor manifestación de violencia que tenemos.

Estimados compañeros y compañeras, más allá de los partidos políticos o de las ideologías, quiero convocarlos y convocarlas a que actuemos con valentía, que actuemos con rebeldía si es necesario.

Y, sobre todo, a las mujeres con mayor sororidad, para vernos como hermanas y ver también a las millones de mujeres que hoy tienen miedo, tristeza y desesperanza, vale la pena enfrentar cualquier obstáculo, cualquier enojo patriarcal, cualquier cosa, no importa, debe morir el sistema patriarcal, y no dejemos que nos dividan.

Las mujeres que nos trajeron aquí nos necesitan unidas.

Ni una más, ni una menos.

Queremos justicia para las mujeres de México.

Texto y Foto: Grupo Parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados