Intervención del Consejero Presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova Vianello, en la Mesa Agenda Electoral: Revocación de Mandato y ¿Posible Reforma?, organizada por el ITAM

Ciudad de México, 2 de mayo de 2022

Muchas gracias, Horacio.

Yo quiero comenzar agradeciendo a Alexandra, a Horacio, al Rector Fernández, por supuesto, la generosa invitación para estar una vez más en, siempre por estas fechas, recordando a uno de los constructores de la institucionalidad democrática en el contexto de los trabajos del centro Alonso Lujambio, en este espacio.

Para mí es un verdadero privilegio, no solamente por la historia común con Horacio, por quienes están aquí y en su momento con Alonso, el que siga esta lógica digámoslo así, reiterada de invitarme en el marco de estas reflexione.

En un año estaré en la misma condición que Carlos y Leonardo, así que espero que me sigan invitando, yo encantado vendré y como Leonardo y Luis Carlos podré, digámoslo así, hablar con mucho más libertad de lo que no implica cierta prudencia que el cargo siempre impone.

Y como verán digamos, ya si alguien quiere preguntar a lo mejor ahí la tradición (Inaudible),siempre se tiene que mantener, pero digámoslo así la crítica específica a la iniciativa que ha sido presentada la semana pasada por la  Presidencia de la República  de reforma electoral, pues digamos me reservaría algunos comentarios y más bien haría unas reflexiones generales, creo que como Instituto Nacional Electoral siempre se tiene que acompañar, digamos los procesos de decisión política, colocando información, interactuando con datos, digamos con eventuales análisis de implicaciones en los cambios que quieran hacer, nosotros no somos a pesar de que se reitera cotidianamente, cuando digo cotidianamente no estoy haciendo reformismo, se retirara cotidianamente que somos un actor político, no lo somos, somos un autoridad que sí, sin duda no va  a permitir y que ha permitido las falacias, las descalificaciones ocurran, pero eso no significa que somos contra parte de ningún gobierno ni de un partido político.

Dicho esto, yo quiero complementar las intervenciones tanto de Luis Carlos como de Leonardo, tratando de introducir un elemento adicional, ya en la línea de lo que ahora dice Leonardo, pero con algunos énfasis particulares.

Creo que discutir los dos eventos que se nos, o los dos elementos, los dos temas que se nos ha convocado hoy, la Revocación de Mandato por un lado y la iniciativa de reforma electoral por el otro, tienen inevitablemente al menos en un país como México, por su historia, por su evolución tiene que hacerse partiendo de justamente del análisis o por lo menos sentar algunos asideros de cómo estamos, donde estamos, como llegamos hasta acá y en consecuencia, qué necesidades tenemos para eventualmente mejorar lo que tenemos.

La Revocación de Mandato es el último ejercicio de una larga serie de procesos electorales que ha organizado el Instituto Nacional Electoral y antes el IFE por supuesto, así que analizar cómo llegamos a donde estamos, es indispensable, me parece para poder entender a cabalidad y hacer un juicio respecto de la Revocación de Mandato.

Si la Revocación de Mandato salió bien desde el punto de vista organizativo, eso no es producto de la suerte, digo siempre se agradece la suerte, pero las autoridades electorales sabemos que una condición fundamental de nuestro trabajo es prepararnos para el peor escenario, prepararnos para lo que en algún momento Luis Carlos definía como la tormenta perfecta, ya que si luego la tormenta perfecta no se presenta, pues qué bueno, pero si se presenta, por lo menos hay directrices y una estrategia de cómo enfrentarla.

Y la historia del IFE, del INE, nos enseña justamente de cuando no se ha preparado adecuadamente el INE para esa tormenta perfecta suele ocurrir que la suerte nunca corre a tú favor y la tormenta se llega a presentar.

Y desde ese punto de vista me parece que la Revocación de Mandato si salió bien desde el punto de vista organizativo, no es producto de la suerte, sino de un largo trabajo y una construcción institucional que ha rendido sus frutos, por un lado.

Y por el otro lado, de esa reconstruir o tener presentes cuales son las características de esta evolución institucional, de esta transición o esa transformación de nuestro sistema electoral pues es indispensable para poder saber dónde estamos, cuáles son las necesidades de mejora y, en consecuencia hacia dónde queremos ir.

Porque una reforma que se plantea así sin más como una refundación a partir de ciertas premisas, como las que y lo digo así, las escuché (Inaudible) es un dato público, en Querétaro el cinco  de febrero pasado el Presidente de la Republica decir que necesitamos una reforma electoral anticipando la presentación de este documento, porque en México necesitamos acabar con los fraudes y para que los muertos ya no voten, pues digamos con mi pregunta y mi premisa una reforma electoral para algo que ya está resuelto, en México los fraudes ya no ocurren desde hace ya un rato, más el imaginario de algunos o en la narrativa de los malos perdedores, pero hay quien nunca va aceptar que perdió, va a decir que perdió por culpa de un fraude y de esos abundan, y en los últimos años, podemos encontrar a todas los ejemplos, de todas las fuerzas del espectro político aduciendo algún tipo de fraude cuando han perdido alguna elección.

Y por otro lado los muertos ya no votan, por cierto, sí votaban ya no votan desde hace 30 años gracias al listado nominal que el Instituto Nacional Electoral ha venido construyendo bajo la vigilancia de partidos, ciudadanos, especialista, entidades académicas y por supuesto, con el trabajo público y transparente de la autoridad electoral.

En efecto, los muertos no votan, pero los muertos siguen firmando algunos documentos de algunas iniciativas de participación ciudadana, eso quiero decir que aunque no hay fraudes, hay conductas fraudulentas, pero las conductas fraudulentas no se reparan o no se solucionan con cambios a la ley, se solucionan aplicando la ley e imponiendo las sanciones a los infractores.

Dicho esto, perdón la premisa, para mi es indispensable mirar, voltear atrás, tratar de centrar de manera formal en no ser reiterativo, sino más bien complementario a lo que ya ha dicho tanto Luis Carlos como Leonardo de manera particular, de donde venimos, es decir, cuál es el resultado de esta transición.

Nuestra transición, quisiera comenzar diciendo esto, sobre todo, hablando de Alonso Lujambio, alumno de, uno los grandes estudiosos de la transición, bueno, si alguien ve las transiciones, estudia la gran literatura que en los años 80 y los 90 se escribió de las transiciones a la democracia, el caso de la transición mexicana pues a duras penas y con calzador logramos meterlo a lo que fue el modelo de transiciones.

Nuestra transición es una transición atípica si se ve desde el punto de vista comparativo, no tiene nada que ver con la transición española, no tiene nada que ver con las transiciones del sur de Europa, la portuguesa, la griega, o con la transición chilena por poner algunos ejemplo; y si ahí hubo momentos de ruptura momentos que eventualmente como en España se tradujeron en grandes conceptos políticos y económicos inmediatamente después un nuevo pacto un nuevo arreglo constitucional y a juzgar por la democracia.

En Chile, aunque la constitución nunca se ha reformado y todavía hoy estamos en el proceso de reforma constitucional, pues hay un parte aguas en el plebiscito de 1988 que en donde triunfa el no y Pinochet tiene que dejar el poder, digamos eso reactivo todos los mecanismos, los resortes del sistema democrático que a pesar de que digamos así en los últimos más de 30 años, 34 años y vamos ha llevado a los chilenos vivir bajo la misma constitución con la que operó el régimen, pues nadie duda, al contrario en  Chile fue probablemente el ejemplo más conspicuo, más claro de los procesos de transición democrática y de regímenes democráticos en América Latina.

Hoy Chile tiene otro tipo de problema, me parece que se durmieron en sus laureles, las promesas de la transición no se cumplieron, y bueno, hoy en Chile como en muchos otros lados estamos viviendo este proceso de desafección de la democracia.

Mi punto es, nuestra transición es completamente distinta a las otras, nuestra transición no implicó una ruptura constitucional, nuestra transición no implicó una ruptura política, nuestra transición no implicó un pacto refundacional como fueron los acuerdos de la Monclova en España.

Nuestra transición es distinta, es una transición lenta, gradual, paulatina que se encausó fundamentalmente por la ruta electoral y los cambio que estas transformaciones en lo electoral, los cambios políticos trajeron, reactivaron muchos de los resortes de la democracia constitucional que estaban latentes en nuestro texto, en nuestro Carta Magna desde 1917 porque habían sido inoperables.

Con el presidencialismo hegemónico que abarcó gran parte del siglo XX la división de poderes ahí estaba, pero era papel mojado; la corte como un poder de control de la propia constitución ahí estaba, pero en los hechos esporádicamente actuaba como un auténtico control.

El federalismo como mecanismo de división del poder de manera vertical y no horizontal ahí estaba, y el federalismo era papel mojado.

Es decir, la ruta electoral acabó activando, no niego que haya habido reformas en estos últimos 40 años importantes, por ejemplo para el Poder Judicial como la de 1994 o la reforma que crean distintos órganos considerados autónomos en los últimos 30 años.

Sin duda, hubo, o la reforma 2011 en materia  de derechos humanos, sin duda hubo cambios constitucionales, pero el eje vertebrador de nuestra transición de la construcción de nuestra democracia constitucional,  endeble, deficitaria, necesitada de mucha mejoras, que no ha logrado digamos traducirse en las condiciones y en políticas públicas que resuelvan la gran deuda que arrastramos desde la revolución de justicia social, con todo lo que se quiera nuestra, nuestra democracia constitucional transitó fundamentalmente por la ruta electoral.

Y esto implicó una serie de reformas que paulatinamente desde la de 1977 por cierto, bueno ayer hace justamente, ayer hace un mes se celebró el 45 aniversario de aquel célebre discurso de Reyes Heroles en Chilpancingo que anunció y delineo cual sería esta reforma, que sin ser fundacional si fue profundamente transformadora de la realidad política y abrió el cauce de lo que sería la lógica en nuestra transición, lo que algunos autores como José Woldenberg, Ricardo Becerra y Pedro Salazar han llamado la mecánica del cambio político.

Es decir, una serie de transformaciones institucionales que fueron cambiando la realidad política y esos cambios en la realidad política, digamos dieron pauta a nuevas demandas que se tradujeron en ulteriores transformaciones al marco constitucional y así sucesivamente.

Si uno hecha la vista atrás, pues podrá encontrar ocho grandes reformas que a lo largo de estos 45 años fueron articulando este gran proceso, que no por gradual paulatino, y si se quiere hasta lento, y trabajoso no exento de algunas eventuales regresiones, deja de ser profundo.

El país hoy es un país radicalmente distinto al que existía hace apenas 30 años ya decía Leonardo, cuando el gobierno a través de la Comisión Federal Electoral la CFE presidida por Manuel Bartlett no tiene nada que ver con la CFE que hoy, preside también Manuel Bartlett, pero bueno, las siglas parece gustarle al licenciado Bartlett, bueno controlaba bajo el dominio de un partido político, la organización misma de las elecciones.

El cambio, no por gradual, ha dejado de ser profundo, hoy a diferencia de lo que ocurría hace 30 años, hay certeza en las reglas y una sana incertidumbre respecto de las ganadoras, hace apenas 30 años nadie tenía claridad de cuáles eran las reglas y había sí una certeza de quién iba a ganar las elecciones.

Así que tengamos cuidado cuando analizamos donde estamos porque nuestra evolución, en el caso mexicano, es profundamente indispensable de ser tomada en cuenta para poder, insisto hacer un balance, un corte de caja de donde estamos y un punto de partida hacia donde llegamos,

No me detengo aquí, también yo les dejo la presentación, en fin, esto estaba más enfocado hace unas semanas estaba más bien pensando que íbamos a hablar de Reyes Heroles no de la reforma electoral, pero bueno, digamos y ahí están algunas frases de Reyes Heroles, que vale la pena recordar por una cuestión ¿eh?

Salvo la de 1976 que fue una iniciativa de reforma, 77 perdón, que fue una iniciativa presentada por el gobierno, igual que la de 86, todas las reformas electorales que han  caracterizado en los procesos de transición, todas han sido demandadas por la oposición, y construidas desde el gobierno junto con la oposición, no ha habido ninguna reforma hasta esta última que ha sido presentada unilateralmente, es más  hay un buen texto de Jorge Alcocer el día de ayer, en donde hace notar justamente ese detalle, que no es un detalle menor.

Todas las reformas electorales en México, todas han surgido de un proceso de diagnóstico, análisis, negociación, antes de que se presentara la iniciativa en cuanto tal, todas.

La reforma de 1977 estuvo antecedida de los foros para la reforma política, que por cierto tienen unos documentos extraordinarios contenidos en la misma, si no me equivoco Leonardo 14, 13, 14, grandes volúmenes que constituyen digamos la memoria de todas esas discusiones, las postura de los partidos políticos incluido el partido comunista , que era un partido sin registro y por supuesto el discurso de Reyes Heroles que aquí cito, aquel que mencionaba el de Chilpancingo, en donde pues prácticamente hacia una, en su corazón planteaba la siguiente idea, México es un país diverso y plural no homogéneo y monolítico, si de una fuera política hegemónica pero que no era omniabarcante del espectro público porque había otras fuerzas y éstas había que incorporarlas al juego democrático porque de otra manera, palabras más palabras menos se corría el riesgo de despertar al México bronco y violento.

Todas las reformas electorales y en esto quiero ser enfático, todas han sido producto de grandes consensos y esa ha sido una de las características naturales de la reforma, es más, debe ser una de las características naturales.

Llama la atención que hoy se presenta unilateralmente una iniciativa, que ni fue procesada políticamente ni fue consensuada, ni recoge la pluralidad de puntos de vista que sobre la materia hay.

Se puede decir, ah es que es el punto de partida para detonar una discusión, está bien, qué bueno que sea, hoy por lo menos yo digo una cosa, qué bueno que ya tenemos un texto donde se puntualizan cuáles son los planteamientos del gobierno, hace dos semanas era pura especulación, quién sabe qué quiere el señor Presidente cuando habla de la necesidad de una reforma para que no haya fraude.

Hoy ya lo sabemos, creo que sigue la lógica de lo que dijo el Presidente de la Cámara de Diputados, el Diputado Sergio González Luna, Gutiérrez Luna perdón, que hace un año, antes de ser Presidente de la Cámara, pero ya diputado, dijo que como ya cambiaron las cosas, ya era tiempo de volver a pensar que las elecciones volvieran al control de la Secretaría de Gobernación.

Bueno, si esa es la lógica, pues bueno, tenemos un pequeño problema, una diferencia de interpretaciones.

En todo caso, qué bueno que está la reforma, ahora, si se pretende que esta reforma se procese sin el consenso, son la concesión de consensos, que requiere una reforma electoral, estamos en problemas.

Algunas anotaciones paralelas a las que ya hacía Leonardo respecto de nuestra transición.

Nuestra transición debe entenderse, es decir, el conjunto de reformas electorales que hemos venido siguiendo, debe entenderse como bajo una lógica, déjame decirlo así, sedimental.

Si ustedes recuerdan cuando hay análisis geológicos que hacen corte transversal en el terreno y se van analizando las distintas capas que se van sedimentando, que nos permiten identificar tanto eras geológicas como, digámoslo así, etapas a lo largo de la historia.

Bueno, creo que las reformas electorales deben también ser entendidas bajo esta premisa y ninguna reforma fue fundacional y ninguna reforma puso un punto final respecto a los problemas que eventualmente existían en el ámbito de la vida electoral.

Lo que sí es cierto es que una manera de entender y de analizar, de poder comprender ese largo periodo de 40 años, de más de 40 años de cambios electorales y que son graduales y paulatinos, y que desde ese punto de vista uno no puede analizar una reforma sin desentenderse de las que le antecedieron y así debería seguir ocurriendo, porque en que esa es la fórmula mexicana de transición a la democracia,  que es una formula exitosa para nosotros al menos, es que cada reforma enfrentó un núcleo duro de problemas o de necesidades que tenían que resolverse para poder avanzar en esta lógica democratizadora.

En un primer momento, la función, el problema primordial, estoy hablando de hace 45 años, era resolver ese régimen cerrado, hegemónico, vertical, excluyente del que hablaba Leonardo.

Un dato ilustra este punto, desde 1953 a 1978, hubo solo cuatro partidos políticos, no nació ningún nuevo partido, estaba el PRI, partido gobernante; estaba el PAN que para efectos prácticos era la única oposición real al régimen y estaban dos partidos que como se les llamaba en aquella época, fungían como partidos satélites, el PARM y el PPS.

Bueno, tan satélites que desde 1954 postularon 56, perdón, postularon siempre invariablemente al candidato a la presidencia del PRI como candidato a la presidencia de ellos, hasta 1988.

Es decir, era un sistema de partidos excluyentes y justamente coincidió con la época de mayor efervescencia política, cuando la pluralidad, es decir, la inconformidad del movimiento del 68, las luchas sindicales, el movimiento de los ferrocarrileros, las luchas al interior de las universidades, estaban demostrando que ese régimen ya no era propicio para poder encausar adecuadamente, al contrario, sofocaba distintas expresiones que estaban optando incluso por rutas violentas para acceder al poder como fueron las distintas expresiones de guerrilla urbana y rural.

Bueno, evidentemente, en primer momento, lo que había que hacer era abrir el régimen, abrir el sistema de partidos y abrir la representación política a minorías, y ése fue el primer gran propósito de las reformas electorales.

Por cierto, la representación proporcional tan vapuleada, fue el mecanismo que nos permitió que la olla de presión no reventara y que las minorías pudieran ser incorporadas y que la pluralidad política pudiera recrearse en el ámbito institucional y no fuera de éste.

En un segundo momento, el problema ya no fue tanto la incorporación de nuevas fuerzas políticas, las reformas del 77 y 86 fueron exitosas en ese sentido, permitieron ampliar, como diría Reyes Heroles, el espectro de la representación nacional, pero un nuevo problema estaba en el horizonte, que no hubiera fraudes electorales.

Por eso que hoy se plantee una reforma para que no haya fraudes electorales, parece una especie como de regresión, meterse al túnel del tiempo y (inaudible) Leonardo fue representante ante la Comisión Federal Electoral, meterse a aquella, a ti te tocó la encerrada aquella cuando se calló el sistema, que se calló de callarse, no de caerse, pero bueno.

Pues en 1978, es una bomba, es un parteaguas, es un ejemplo de cómo el régimen electoral tenía que transformarse profundamente porque ya no lograba resolver las problemáticas y se estaba convirtiendo, ojo con esto, en fuente de problemas.

Es más, si hacemos un viaje al tiempo, 35 años atrás, probablemente el problema político más importante que tenía este país era el que tenía que ver con las elecciones, que las elecciones no eran libres, no eran transparentes, no había garantías para la oposición, el gobierno controlaba autocráticamente todos los espacios de organización de las elecciones, es más, en última instancia los funcionarios de casilla que hoy se sortean y se constituye ese sorteo, la visita del INE a ellos, la capacitación, el elemento de mayor costo del sistema electoral.

¿Ustedes se imaginan lo que significó el año pasado, tener que visitar a 13 millones de ciudadanas y ciudadanos en plena pandemia en sus domicilios para poder, de ahí ir paulatinamente sorteando y escogiendo a quienes iban a ser los responsables de recibir y contar los votos?, ¿ustedes se imaginan lo que costó ahora, por cierto, en la Revocación de Mandato, visitar a siete millones de personas en sus domicilios?, esto es lo más costoso en el sistema electoral.

Bueno, hace 35 años no había que visitar a los ciudadanos en los domicilios, existían estas figuras que eran los jefes de manzana que al final del día formaban parte de las estructuras territoriales del PRI que siempre, invariablemente acababan siendo los presidentes de las casillas,

Hombre, y podían hacer estas cosas que ya eran parte de nuestra lamentable, digamos, tradición electoral, los rasurados, episodios como aquel que se cuentan hoy jocosos, pero que entonces eran una dramática realidad.

Un ciudadano que llega a votar a una casilla y le dicen: “no, usted no puede votar”, “¿por qué? Porque ya votó”, “oiga, pero si yo acabo de llegar”, “no, no, ya votó, mire, aquí ya dice que votó”. “Bueno, ya no me van a dejar votar”, “no, porque es un voto”, “bueno, ¿al menos puedo saber por quién voté?”, “no, porque el voto es secreto”.

Bueno, cosas como ésa eran parte de las ridiculeces que formaban parte, dramáticas del sistema electoral.

En un segundo momento había que construir un sistema electoral confiable, es cierto, que digamos, conocido y aceptado por las fuerzas políticas.

En un segundo momento, la gran necesidad era resolver este tema y afortunadamente las reformas de principios de los años 90 nos dieron un sistema electoral, y me refiero por ello a reglas, procedimientos e instituciones lectorales, confiables, sin duda mejorables, de hecho, se fueron mejorando con el tiempo, pero que permitieron garantizar esas condiciones básicas de una elección democrática, es decir, que todos los ciudadanos puedan votar donde deben votar y que su voto se respete, pudiera cuajar.

En un tercer momento, una tercera necesidad se puso en el camino, las elecciones de 1994 fueron elecciones en las que ya no existía una problemática en su organización, una desconfianza en cómo se habían organizado y contado los votos, pero sí pusieron sobre la mesa, porque entonces se llevó el primer ejercicio de fiscalización, embrionario e inicial, germinal, se puso sobre la mesa por primera vez cuánto habían gastado los partidos políticos en las elecciones y resultó que el partido gobernante, el PRI había gastado el 85 por ciento de los recursos de gasto de campaña, 8 pesos y medio de cada 10 había gastado el PRI.

Evidentemente un nuevo problema se presentaba en el horizonte, la equidad. La tercera generación de reformas se enfocó, justamente, a resolver este tema de equidad, es decir, de cancha pareja no solo, pero además de que hubiera un piso parejo, un piso mínimo para que todos los partidos pudieran competir en condiciones mínimamente aceptables en los procesos electorales.

Y dos fueron las grandes rutas que encontramos: el financiamiento público, sí, un financiamiento público generoso que sin lugar a dudas vale la pena repensar en sus cantidades, pero si se repiensa sus cantidades a la baja, que se repiense también cómo se distribuye, porque el financiamiento público es lo que les garantiza a los partidos saber que cuentan con los elementos mínimos para poder competir.

Hoy ya no son mínimos, es muchísimo dinero, probablemente haya que replantearlo, pero nunca perdamos de vista en esta lógica de reducir el dinero, que el objetivo fundamental del financiamiento público era una competencia pareja, era permitirles a todos los partidos políticos condiciones reales de competencia, y que no fuera para sus competencias testimoniales.

Y el otro gran eje fue el acceso a la radio y la televisión. Que sí, hoy con las redes sociales habría que ver si sigue siendo pertinente; pero lo que sí es, y ahí están los datos, es que todavía hoy, la enorme mayoría de la población mexicana, cerca del 60 por ciento, tiene en la televisión su principal fuente de información.

Y mientras eso siga estando ahí, pues el acceso a la radio y a la televisión van a seguir siendo un elemento que, si no se atiende, podría acabar distorsionando la competencia electoral. Y no me meto aquí a lo del regalo a las televisoras porque sí es cierto, pero bueno.

Finalmente, una última cuarta necesidad, tuvo que ver con estandarizar las condiciones con las que se realizaban las elecciones a nivel federal y a nivel local, y por eso el IFE se transformó en INE, y por eso el INE hoy tiene una competencia para organizar las elecciones locales, aunque no exclusiva, y eso está bien, porque si alguien me pregunta, ¿es que el INE no puede hacer las elecciones locales? Sí, sí podría hacerlas, pero tiene que reinventarse, con la estructura que hoy tiene el INE quien diga que podemos hacer las elecciones locales, así sin más, está mintiendo.

Pongo un ejemplo. La estructura desconcentrada del INE llega hasta el nivel de los distritos electorales, tenemos estructura a nivel nacional, una en cada estado, y una en cada uno de los 300 distritos. Sí, pero los distritos electorales son los distritos federales, esos no coinciden con los distritos locales, ni con el ámbito municipal, nosotros no tenemos oficinas en los mil 950 municipios en donde hay elecciones, y los OPLE sí.

Por eso, el trabajo de una elección local implica que tanto el INE como los OPLE trabajemos de manera coordinada.

En suma, la lógica fue sí, que el INE se metiera también a las elecciones locales para que las garantías de transparencia y la calidad técnica que habían tenido los procesos electorales federales se repitieran en el ámbito local. Y les pongo un ejemplo de calidad técnica.

¿Ustedes saben en las elecciones de gobernadores de los estados, en cuántos se habían realizado antes de que el INE interviniera en el ámbito local conteos rápidos? En ninguno, no se hacían conteos rápidos para las elecciones de gobernador, y hoy no ha habido una sola elección de gobernador que, gracias, digamos, al respaldo técnico del INE, no obtenga este ejercicio que permite, en la noche de elección, saber cuáles son las tendencias de votación, con lo cual se inyecta transparencia, flujo de información y, por lo tanto, certidumbre y legitimidad en los resultados electorales.

En suma, estos son los cuatro grandes ejes.

¿Qué ha pasado de 2014 a la fecha? Déjenme hacer un gran corte de caja, y eso, te decía, y esto hay que tenerlo en mente, eh, esos problemas ya no son problemas hoy, la inclusión de los partidos políticos, la claridad y la transparencia en la organización de las elecciones, la equidad en la competencia electoral y los estándares mismos, estándares técnicos a nivel nacional y a nivel local, esos ya son temas resueltos.

Ahora, ¿cómo nos ha ido? Parto de una premisa. No es fácil administrar ese sistema, sobre todo en el ámbito local la coordinación entre el INE y los OPLES es muy compleja, pero no imposible.

Hubo quienes hace ocho años, cuando se aprobó la reforma de 2014, dijeron que ese sistema no iba a funcionar, que era impracticable, que era un mazacote, se llegaba a decir. Bueno, hoy lo que sabemos es que este sistema funciona. Fácil no es, sencillo tampoco, pero sí es practicable.

¿Por qué digo esto? Claro, pues es el Presidente del INE, ¿qué va a decir?, ¿que no funciona el sistema? No, bueno, perdón, me voy a los datos, y son datos ciertos y verificables, no son otros datos.

El INE ha venido organizando una enorme cantidad de elecciones, ya lo decía Leonardo, solamente un dato comparativo, en 23 años el IFE organizó 18 elecciones federales, porque era solamente responsable de las elecciones federales, incluyendo ordinarias y extraordinarias; en ocho años, el INE ha organizado 322 elecciones, estoy incluyendo ya la Revocación de Mandato, y con las ocho elecciones que van a tener lugar en junio, el 5 de junio, seis de gobernador, una de ayuntamientos en Durango, y una de Congreso Local en Quintana Roo, ahí están las ocho, este INE en esta etapa habrá organizado, ojalá no haya ninguna extraordinaria, pero habrá organizado 330 elecciones.

Es un mundo de elecciones. Y no hay una sola elección que haya terminado con conflictos poselectorales, ni una sola. Más aún, en este periodo hemos vivido el momento de mayor alternancia por la vía electoral en la historia política del país, nunca antes había habido, como en estos ocho años, tantos cambios de ganador de una elección a la siguiente; y esto pasa tanto en el plano federal, como en el plano local, por supuesto, en la Presidencia de la República ha habido una única elección en los últimos ocho años y pues hubo alternancia.

Si nosotros vemos lo que ha pasado en el Senado de la República, en la Cámara de Diputados, en las gubernaturas, en las alcaldías y en los congresos locales, el índice de alternancia en estos ocho años es de casi el 93 por ciento, perdón, 63 por ciento. ¿Esto qué quiere decir? Que la posibilidad que tiene un partido que ganó una elección de volver a ganar la que sigue, es de apenas una de cada tres probabilidades.

Y esto, como decía Leonardo, no es que nos vuelva más democráticos per se, la alternancia no vuelve más democrático un sistema, al final del día que haya alternancia o no eso lo definen las y los ciudadanos con su voto, pero lo que sí evidencia es que hay condiciones para que ese voto se respete, y por lo tanto, si no apoya al partido gobernante, sino a las oposiciones, pues esto produce un cambio de gobierno, a un cambio de ganador, en todo caso.

Creo que son dos elementos básicos para poder decir que el sistema funciona y funciona bien.

Dicho lo anterior, ¿y cómo está?, porque esa es otra manera de calcular, de ver cómo está el sistema electoral, ¿Cómo está el aprecio ciudadano por las instituciones electorales?, permítanme en secuencia, y esto evidentemente se mueve todos los días, comentar con ustedes así, plantearles, o reconstruir así con ustedes algunas encuestas desde el año pasado a la fecha respecto de cómo considera la ciudadanía el trabajo del INE y, sobre todo, si confía o no en la autoridad electoral.

Hace un año, en la Encuesta de Cultura Cívica que levantó el INEGI, el INE traía casi el 60 por ciento de confiabilidad, lo que entonces ya lo colocaba, desde entonces, como la autoridad civil con mayor confianza ciudadana.

Vamos a la que sigue. Esta es una encuesta de… hay muchísimas, eh, pero aquí seleccionamos solamente algunas.

Esta es la encuesta de GEA-ISA que trimestralmente mide, en este caso, la confianza en el Instituto Nacional Electoral y en la actuación del INE. Bueno, como pueden ver, en diciembre traíamos 73 por ciento y nos caímos, sí bueno, después de ocho meses de una campaña sistemática de descalificación a la autoridad electoral desde la propia tribuna presidencial, pues algún efecto tenía que haber.

Bueno, y sin embargo, hoy el INE, de acuerdo con esta encuesta, está en los mismos niveles, por cierto, de confianza en la Presidencia de la República, y eso que la Presidencia de la República tuvo una campaña de promoción larguísima durante la Revocación de Mandato, digo, todo mundo vio la figura del Presidente, porque quienes promovieron la Revocación, por cierto, lo hicieron en una lógica de ratificación y con la figura del Presidente, que siga el Presidente, era el lema de esta campaña.

Vamos a la que sigue. Pues ésta es una de las últimas de Reforma hace unos días, considera que el INE tiene una percepción de cerca del 64 por ciento, no, el 64 por ciento de gente que confía en él. Bueno, pero el INE no, claro que depende de la confianza ciudadana pero no vive de la popularidad.

Así que vamos a otros datos que eventualmente son mucho más, digámoslo así, concretos, pero no menormente, que no son menos importantes.

El INE tiene que convencer a la ciudadanía. Si el INE no es una institución confiable para la ciudadanía, el INE no puede organizar elecciones. Cuando se dice que las elecciones no las hace el INE sino las hacen los ciudadanos con el INE, no es  un eufemismo, vuelvo a insistir, ¿quién cuenta?, ¿quién recibe y cuenta los votos?, ¿quién es la garantía fundamental de que ese conteo, esa revisión y ese conteo de los votos se haga conforme a las leyes? Los ciudadanos de a pie, las y los ciudadanos de a pie.

Esos justamente que son sorteados, que son visitados por el INE, que son convencidos, que son capacitados y que el día de la elección son la principal garantía de democraticidad en nuestras elecciones.

Bueno, pues a pesar de las campañas de denuesto el INE está teniendo una capacidad de convencimiento de la ciudadanía altísima, y esa es una muestra palpable, traducible, digámoslo así, en efectos concretos de esa confianza ciudadana.

Par de datos. En la Revocación de Mandato, sí, hubo solo 57 mil casillas, no porque el INE no hubiera querido, vaya, algunos hasta denuncias penales nos llevamos por tratar de poner las 160 mil casillas y conseguir el dinero que se necesitaba.

Dice el Presidente que hubo boicot, sí, pero no del INE, el boicot vino de la Cámara de Diputados, y vino del Gobierno de la República, que no generó los recursos necesarios para que se pudieran instalar el número de casillas que teníamos que instalar.

Y creo que, en efecto, en una Revocación de Mandato, que es una especie de elección al revés, debían instalarse el mismo número de casillas que en una elección federal, el problema es que no pudimos, y no pudimos porque se construyó, hoy en retrospectiva, diría, una secuencia de trampas para que el INE no pudiera cumplir con su tarea, y entonces desacreditar públicamente a una institución que goza de confianza ciudadana.

Bueno, a pesar de esa campaña de descredito, que es una campaña que uno puede, uno reconstruye, no es esporádica, aquí no hay casualidades, o las casualidades son enormes, si uno cree en esto.

Pero claro que hubo toda una intentona de desacreditar, de descalificar, e incluso, me atrevo, es más, como me lo decían hoy, creo que ya se puede decir, hazle un guiño y les vamos a dar el dinero, bájense el sueldo, oigan, pero el tema del sueldo ya lo resolvió la Corte, es más, lo resolvieron los mismos diputados, cuando fui el 5 de noviembre me preguntaron como seis veces que porque no me bajaba el sueldo, y les decía, porque ustedes lo autorizaron. Bueno, parecía que no entendían, pero, o que tenían otra intencionalidad.

Por cierto, un consejero del INE gana menos que un diputado, eh, si tomamos en cuenta todos los ingresos agregados que tiene un diputado, que son, muchos de ellos, incluso, poco transparentes.

Pero el punto no es ese.

Cancelen los fideicomisos, oigan, tenemos un fideicomiso que es donde se pagan las liquidaciones de los personales del INE y ya la Corte y el Tribunal nos dijo que no podemos lesionar derechos laborales. Bájense los sueldos.

En fin, lo que estaba en discusión no era la Revocación de Mandato, déjenme decírselos a estas alturas, con toda la claridad, lo que se quería era colocar al INE en una situación extrema para tratar de que el INE, digámoslo así, que ha defendido su autonomía, frente a éste y frente al poder que se fue, pues se doblegara, y el INE no se dobló.

Pero lo más importante de esto son estas cifras, para instalar esas 57 mil casillas necesitábamos 287 mil personas, y adivinen qué, hubo cerca de 700 mil personas que estuvieron dispuestas a ser funcionarias de casilla, 230 por ciento más.

Vamos a elecciones ahora el 5 de junio, seis elecciones locales, en realidad son ocho, pero son en seis estados. Necesitamos 150 mil personas, y al día de hoy, tenemos a 330 mil, 340 mil personas que han aceptado trabajar con el INE.

Es decir, 230 por ciento más. Es decir, la confianza ciudadana es indispensable hasta para que las elecciones puedan llevarse a cabo, no es un asunto ni de egos, ni de lejos, ni de fortaleza institucional, es un asunto que se traduce en datos concretos.

Dos cosas adicionales sobre la Revocación de Mandato a lo que ya he dicho.

La Revocación de Mandato fue un ejercicio exitoso a pesar de las condiciones de inseguridad, a pesar de las restricciones presupuestales, se instalaron todas las casillas que teníamos planeado instalar, salvo una decena por cuestiones de inseguridad pública.

De hecho, perdón, todas las que queríamos instalar se instalaron y a lo largo de la jornada creo que fueron 12 casillas que, por violencia, actos de violencia en los que se tuvo que suspender la votación de manera definitiva, no que no se hubiera recibido la votación, pero tuvimos que interrumpir.

No tiene sentido continuar con la operación de una casilla si eso va a provocar violencia, la democracia es la némesis de la violencia, la negación de la violencia, así que ese es el momento hasta donde llega la autoridad electoral.

Doce de 57 mil 500, hombre, eso habla de una organización, desde mi punto de vista, impecable, una vez más, a pesar de las restricciones presupuestales, a pesar de la descalificación, a pesar del descredito, a pesar de las denuncias penales y muchas otras, digámoslo así, expresiones de esta lógica, insisto, de boicotear el trabajo del INE.

Es cierto, hay muchas lecciones que nos deja la Revocación de Mandato.

Primera, en noviembre se va a aprobar el presupuesto del INE para el próximo año, a mí me va a tocar todavía como Presidente negociarlo con la Cámara de Diputados, con el gobierno federal, pero no me va a tocar ejercerlo, porque yo termino mi mandato el 3 de abril del próximo año.

Pero el próximo año ya empieza la elección federal de 2024, en septiembre comenzará el proceso electoral de 2024, que va a ser, lo digo desde ahora, el más grande en nuestra historia. Oiga, el año pasado lo invitó Horacio y aquí dijo que era el más grande, sí, en efecto, fue el más grande, pero el que viene va a ser más todavía, porque el padrón electoral sigue creciendo, y porque además el número de elecciones que van a concurrir el 2 de junio de 2024 con las elecciones federales ese el más alto en nuestra historia.

Entonces, tanto desde el punto de vista de la disputa por el poder político, como de los potenciales electores va a ser la más grande, no la pongamos en riesgo, no la pongamos en riesgo con una restricción presupuestal que puede acabar provocando, ahí sí, eventuales riesgos de nulidad si no se instalan las casillas que deben de instalarse, o sea, eso va en contra de la ley. Es más, el INE en la Revocación de Mandato tuvo que ir en contra de lo que dijo la ley.

Fíjense la situación para funcionarios públicos, no pudimos cumplir con lo que decía la ley, porque se nos colocó, por las restricciones presupuestales, en esa situación.

Afortunadamente, tanto la Corte, como el Tribunal Electoral, nos dijeron, tiene razón el INE, si no tiene el dinero, que haga la Revocación con aquello para lo que le alcanza, y ya, y nos blindó, es más, la Suprema Corte dijo que no podían iniciarse procedimientos ni administrativos, ni penales en contra de nosotros si teníamos que tomar decisiones no apegadas a la ley.

Pero ya solamente el hecho de que estemos hablando de que una autoridad está tomando decisiones no apegadas a la ley es gravísimo para recreación de la democracia, no debe volvernos a pasar.

Otro de los, ya lo decía Leonardo, o Luis Carlos, perdón, todavía falta que se terminen los procesos sancionadores, eh.

Vimos una violación de las normas, por cierto, normas que no puso el INE, sino pusieron las mayorías parlamentarias en la Constitución, en la ley, como la prohibición de propaganda gubernamental, como nunca antes en la historia.

Yo no sé si este bien o mal que en una Revocación de Mandato se le prohíba, por ejemplo, al Presidente de la República, que es al que se quiere someter a revocación, hablar o no, es más, es extraño, pero así está en la Constitución, lo pusieron las mayorías que hoy nos gobiernan, y si lo pusieron pues le toca al INE aplicar la ley, pues qué querían.

Ah, INE censor, ¿Cuál censor?, censores ustedes, digo, si somos honestos, ¿no?, pero no lo somos.

Entonces, creo que faltan todavía varias cosas, vendrán noticias, ya se ha determinado que hay varios actores, como la Jefa de Gobierno, entre otros, que violaron la Constitución, tendrán que imponer los congresos correspondientes, que son los superiores jerárquicos, las sanciones o no, pero eso ya no es un asunto del INE, así que creo que hay muchos, un balance, insisto, que todavía tendremos que hacer de cara a la Revocación de Mandato.

Es una Revocación, pero está bien que haya una pregunta que parece más ratificación, la Corte dijo que sí… bueno, siete ministros dijeron que no, cuatro dijeron que sí, todo esto tendrá que tomarse en cuenta.

Para el INE los resultados de la Revocación fueron óptimos, no por el porcentaje de votación, cuánta gente vota no es un problema que tenga el INE nada más, las condiciones para votar ahí estuvieron.

Se dice que la participación fue la que fue porque no se pusieron más casillas, eso es absolutamente falso, falso. Estamos hoy haciendo ya análisis estadísticos y puede verse que las casillas más cercanas a los domicilios de los electores son casillas en donde el porcentaje de votación fue más bajo y las casillas más lejanas, como algunas en Chiapas, que hasta provocaron el accidente aquel que hoy ya es conocido en virtud del acarreo y de la presión, de la coacción de algunos votantes, son las que más porcentaje de votación tuvieron.

Si fuera cierta la narrativa que la cercanía del centro de votación aumenta la participación que alguien me explique por qué en algunos municipios, los más aislados de Chiapas tuvieron índices de votación de 90-94, y algunas casillas hasta de 104 por ciento.  Fraudes no hay, consultas fraudulentas sí, y el Tribunal Electoral nos ordenó investigar qué pasó en esas casillas, evidentemente.

Bueno, reforma electoral ¿sí o no?

Termino no metiéndome al desglose porque, vuelvo a insistir, no me toca, la verdad, estaba haciendo tiempo para no tener que entrar a la reforma y decir, bueno, ya hablaron Luis Carlos y Leonardo, así que no me meto. No. Algunos apuntes.

Dos láminas nada más. Primera, nuestro sistema electoral hoy funciona y funciona muy bien. De hecho, nuestro sistema electoral es punto de referencia a nivel global, el Presidente el 5 de febrero en Querétaro decía que teníamos que tener un sistema electoral como el de Costa Rica.

Acabo de estar en Costa Rica en las elecciones presidenciales, y qué curioso, desde hace 10 años los costarricenses frente a los nuevos desafíos que enfrenta la democracia, fake news, polarización, deslealtad democrática de los distintos contendientes, están planteándose la necesidad de una reforma electoral, y adivinen cual es el modelo en que están pensando, el nuestro.

Bueno, nadie es profeta en su tierra, acá quieren volvernos como Costa Rica y los costarricenses quieren volverse como México, pero bueno, en fin, y no tiene que ver con el futbol, no tiene que ver con, pero bueno.

En fin, nuestro sistema electoral funciona y funciona bien, si no funcionara no habrían sido posible organizar 322 elecciones en estos ocho años, y que no fueran problemáticas, perdón, ahí están los resultados.

Dicho lo anterior, ¿nuestro sistema es mejorable?

Claro que sí, hay un montón de cosas en las que valdría la pena ajustar nuestro sistema electoral y, eventualmente, avanzar a una siguiente generación de reformas que nos permitiera mejorar lo que tenemos, si eso, además, abarata costos, qué bueno, si introduce tecnología, no como la que usamos, sino la posibilidad del voto electrónico, no sólo para los migrantes, porque en México los migrantes ya votan por internet gracias al INE, pues adelante. Pero en términos generales nuestro sistema funciona.

¿Esto qué quiere decir?

¿Que si no hay una reforma electoral la democracia mexicana está en riesgo en 2024? La respuesta es clara y contundente. No.

Podemos ir a 2024 con el sistema electoral que hoy tenemos, no nos va a pasar nada, más que lo que ya nos tiene acostumbrado el INE, que las elecciones del 24 van a ser todavía mejores que las del 21.

Es decir, la capacidad de mejora de la propia autoridad electoral, elección tras elección, va, digamos, sofisticando y perfeccionando nuestro sistema electoral, así que una reforma no es necesaria. No sé si sea pertinente, tampoco.

¿Se pueden cambiar las reglas? Sin duda. ¿Se pueden mejorar las que tenemos? También.

Pero no sé si el ánimo en el que hoy se está trabajando sea lo mejor, y además, dejo sobre la mesa un dato: todas las reformas electorales de los últimos 25 años, desde la de 1996 en adelante, todas se han realizado y puestos a prueba en una elección intermedia, no en una presidencial, no se ponen todos los huevos en una canasta, ni todas las castañas al fuego.

Se cala la integridad de una reforma en una elección intermedia, y eso ha sido algo muy virtuoso. La de 1996 se puso a prueba en la elección del 97, intermedia; la de 2007 se puso a prueba en la elección de 2009, intermedia; la de 2014 se puso a prueba en la elección de 2015, intermedia. Ésta sería la primera elección que se va a poner a prueba en una elección presidencial. Y además, qué elección presidencial, ya les decía las características de la del 24.

Segundo elemento, yo no sé si, que la mitad del Congreso sea catalogado como traidores a la patria sea el mejor momento, el mejor contexto para organizar, para propiciar una reforma electoral, aunque hay quien dice que después de ésta, si no pasa, va a haber traidores a la democracia.

Pues ojalá y no, porque pues hay puntos de vista en un sistema democrático, y esos son respetables. Paso a la última.

Si se decidiera hacer una reforma electoral, la que sea en términos de los contenidos, eso podemos discutirlo, me parece que tendría que tener las, por lo menos las siguientes tres características en cuenta, tener, tomar estas tres características, que son condiciones básicas para que una reforma electoral no se vuelva en un problema, porque el cambio en las reglas, y eso nos lo enseña nuestra historia también, sí puede ser un problema.

Y aquí no me voy a poner como los anglosajones, en el sentido que ya dije, la reforma electoral funciona, así que, como dicen los anglosajones, “if this works don’t fix it because you made broken”, no es ese el rollo.

Bueno, sí funciona, ¿se puede mejorar? sí, pero aguas con pasarte de rosca, literalmente, porque puedes echarlo a perder.

Dicho eso, tres condiciones básicas: Primera, una reforma electoral tiene que ser el resultado de un amplísimo consenso político, no basta que se cumplan con las cifras que pide la Constitución, dos terceras partes o mayoría para las reformas secundarias, la legislación secundaria.

Tiene que ser el producto de un amplísimo consenso político, porque si no, si hay alguien que está excluido, si hay alguien que ve las nuevas reglas a las que tendrá que sujetarse como una imposición, como algo con lo que no se está de acuerdo, se está abriendo la puerta para que la reforma sea un problema electoral después, porque, seguramente, con los malos jugadores que tenemos en el mundo hoy, en términos de compromiso democrático, seguramente alguien que pierda las elecciones va a decir: perdí porque se desbalanceó la cancha.

Teníamos cancha pareja y ahora ya no la tenemos, pero ahí por culpa de las reglas, y sería gravísimo que algo que ya no está ocurriendo, ocurriera por cambiar las reglas. Así que sí va a haber reformar, la que sea, ojalá sea la mejor posible, pero, ante todo, debe ser por consenso.

Norberto Bobbio lo dice sin medias tintas, cuando hablamos de la regla de oro de la democracia es la mayoría, sí, pero cuando hablamos del cambio de las reglas del juego democrático, ésta tiene que ser el resultado del mayor consenso posible, porque se trata de las reglas, las reglas, el only gaming town , las reglas del juego  a las que todos decidimos someternos y con la que decidimos jugar.

Segunda condición, que sea para mejorar el sistema, digo, si es para meter reversa, pues no vale la pena; si es para que la Secretaria de Gobernación vuelva a controlar las elecciones, pues no vale la pena.

Por eso me importaba, por eso la historia de nuestras instituciones es importante. Si es para excluir, para volver un sistema hermético y no incluyente, no vale la pena; si es para inyectar incertidumbre en el cómputo de los votos, no vale la pena; si es para romper las condiciones de equidad, no vale la pena; si es para concentrar el poder, yo diría tampoco vale la pena.

Así que sea para mejora, y hay que saber qué se quiere mejorar, porque partir de la premisa que nuestro sistema electoral no funciona, que el INE no sirve para nada, que hay que tirar toda a la basura, pues no es una buena manera para mejorar el sistema, sino es una lógica para reinventarlo, y quién sabe qué cosa salga.

Y si el sistema no se mejora, pues entonces podríamos volver a la época en la que nuestro principal problema era las elecciones, de ahí el INE.

Y, finalmente, que sea el producto de diagnósticos adecuados, es decir, que la lógica sobre la que se quiere construir la nueva reforma, pues, efectivamente, partan de datos, de cifras y no humores.

Si la base de la reforma es que me cae gordo el INE, porque yo traigo atravesado al INE y al IFE desde hace no sé cuánto, entonces va a salir algo mal; una reforma electoral tiene que ser bien pensada, sustentada en datos, tiene que hacerse, déjenme decirlo así, con la suma de muchas cabezas, no con la suma de muchos hígados.

Yo ahí la dejo, mil gracias, un privilegio enorme estar aquí.

Perdón si me extendí. Gracias.

Texto: INE | Foto: @INEMexico