Los chivos y la cena caliente | Rafael Cardona

El Cristalazo

Indudablemente, uno de los beneficios cotidianos de las conferencias matutinas del Señor Presidente es su utilidad para aclarar las cosas en el trajinado transcurso de los días nacionales.

Después de la conferencia uno queda siempre con la serena convicción de no haber entendido nada. Todo queda tan claro como el lodo.

El SP hipnotiza, catequiza, reparte bendiciones y anatemas, exculpa o inculpa; veces se disculpa; otras niega la culpa y a final de cuentas todo se disuelve en agua de borrajas.

El sainete de declaraciones entre la señora secretaria de Gobernación, la ministra en retiro Olga Sánchez “Florero” y el subsecretario de Bucareli, Ricardo Peralta, quien siempre le juega las contras y en el dominó le marcaría la de seises, llegó a un punto culminante en la conferencia de ayer por la mañana, convertida a veces en púlpito y en otras en confesionario, dada la muy aparente capacidad inquisitiva de los asiduos a esa extraña forma de madrugar.

El hecho derivado, al menos en el campo de las declaraciones, es la ­desautorización del SP hacia sus funcionarios del área gubernativa, los cuales o se han saltado las trancas o juegan el triste papel de los payasos en las bofetadas del circo. Veamos:

—…el subsecretario de Gobernación, Ricardo Peralta, se reunió en La Huacana con grupos de autodefensas y algunos de los reclamos que le hacían era que por qué no invitó al gobernador a estas actividades.

Por un lado, saber si no se están saltando a las autoridades estatales con este tipo de acciones y si en el momento más adelante lo corregirían.

Y la otra es que también varios gobernadores están acusando que en sus estados no hay autodefensas, que son grupos que trabajan con el crimen organizado, pero que se disfrazan de autodefensas.

¿Ustedes tienen alguna forma de distinguir estos grupos de las autodefensas o qué información es que le han dado a usted sobre el tema? Gracias.

—PRESIDENTE ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR: Ayer hablé de eso, dije que no consideraba conveniente, incluso pienso que fue un error el promover estos grupos porque fueron —en algunos casos, en la mayoría de los casos— auspiciados por el mismo gobierno.

Creo que eso no corresponde a lo que establece la Constitución, no tiene que ver con un auténtico estado de derecho. Quien tiene que garantizar la seguridad de los ciudadanos es el Estado, no puede haber grupos ilegales haciendo funciones de seguridad pública.

Eso no debe de permitirse, eso demuestra una incapacidad del Estado para atender la demanda de seguridad que es fundamental: garantizar a todos los ciudadanos. Es un incumplimiento al deber del Estado y nosotros no vamos a incumplir con nuestras responsabilidades legales.

Entonces, no vamos a fomentar esas actividades.

— ¿Cuál es entonces el programa que llevó a cabo el subsecretario de Gobernación?

—PRESIDENTE ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR: Él tomó esta decisión porque lo invitaron a participar.

Ya se habló de este asunto en el Gabinete de Seguridad y se le ha pedido que se ajuste a lo que establece la Constitución y las leyes.

— ¿Entonces, no está de acuerdo con…?

—PRESIDENTE ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR: No estoy de acuerdo.

— No lo avala.

—PRESIDENTE ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR: No.

En la vieja ortodoxia una exhibición de esta naturaleza habría significado el cese. Ahora no significa nada, como no sea un juego tenebroso dentro del mismo equipo, de cuyas claves nadie conoce nada.

Cualquier funcionario con un cierto grado de dignidad personal, llevaría su renuncia al extremo,pues cuando el Jefe del Estado dice no avalar sus acciones, eso quiere decir el vacío. O eso quería decir en otros tiempos, cuando al pan se le decía pan, y al vino se le nombraba vino.

Pero hoy la cosas han cambiado y cuando se le pide al “pitcher” una curva, se debe lanzar una recta, no importa si el manager se fue al baño o el umpire principal está mirando las piernas de una rubia de escándalo en la tribuna.

Lo mismo sucede en la cena de los negros en el Senado: las interacciones del SP parecieran colocarlo en un punto distante de cuanto ocurre con sus empleados en el Poder Legislativo, cuando todos sabemos lo contrario.

Y desde el rincón de la senectud, Porfirio Muñoz Ledo se cura en salud, mientras en Reforma e Insurgentes, el Niño de Atocha juega vencidas contra la Santa Muerte.

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Publicado por La Crónica de Hoy