MENSAJE DE EDGAR ROMO GARCÍA PRESIDENTE DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS EN LA CEREMONIA POR EL 101 ANIVERSARIO DE LA PROMULGACIÓN DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, EN LA CIUDAD DE SANTIAGO DE QUERÉTARO, QUERÉTARO

Santiago de Querétaro, a 5 de febrero de 2018

Licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

Senador Ernesto Javier Cordero Arroyo, Presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República.

Ministro Luis María Aguilar Morales, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Señor Gobernador del Estado de Querétaro, Francisco Domínguez Servín.

Licenciado Arturo Núñez Jiménez, Gobernador del Estado de Tabasco y Presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores.

Señores integrantes del Gabinete del Poder Ejecutivo Federal.

Señora y Señores Gobernadores.

Señoras y Señores representantes de los organismos autónomos.

Señoras y Señores.

Es para mí una gran emoción, compartir con ustedes, en esta fecha, la esencia histórica que nos impone este majestuoso y valioso recinto de nuestra nación.

Estamos aquí para honrar a quienes hicieron de sus vidas y legados un proyecto documental que se convirtió en lo que yo llamaría, no el acta de nacimiento, sino el acta de vida de nuestro país.

Nuestra Constitución es el acta de vida de México, porque ella acumula, en su texto y en su vigencia, la historia de nuestra condición política e institucional, y más aún, porque plasma las barreras superadas y los derechos alcanzados durante las distintas etapas de la madurez y evolución social de nuestro país.

Conmemorar la promulgación de la Constitución Mexicana, en su aniversario 101, obliga a reconocer que esa solemne resolución política y jurídica, no fue meramente un inicio, sino que fue consecuencia y conclusión, a muchos años de inestabilidad estadual, años de luchas, de enfrentamientos armados e ideológicos, y también de aportaciones normativas valiosas, que durante el inicio del México independiente buscaron garantizar la plena libertad y seguridad de todos los mexicanos.

En aquel tiempo se perseguían aspiraciones para ordenar institucionalmente un régimen político republicano, democrático y representativo; por lograr la igualdad de todos ante la ley y erigir una sociedad civil, con libertad de conciencia y de manifestación de las ideas.

Sin embargo, estos principios estructurales no surgieron en 1917, atrás de ellos existían los anhelos que dejaron las bases plasmadas en 1814 en Apatzingán, y por supuesto, en las constituciones de 1824 y 1857.

Por ello mi insistencia en proyectar la vida de México en nuestra máxima ley, porque en su creación, se motivó una legislación que representaba la experiencia y vivencia de los primeros 100 años de nuestra historia como nación independiente.

Los aportes innovadores de la vigente carta magna, en la época de su promulgación, fueron aquellas pinceladas con profundo sentido social que ordenaban una educación gratuita; el establecimiento claro y preciso de los derechos de los trabajadores, tanto del campo y de la ciudad; los derechos de la nación sobre tierras y aguas, y el origen de la propiedad privada mediante la transmisión de dominio, hecha por la propia nación; entre otros.

Siendo los anteriores, garantías y principios fundamentales que no solo dieron atención a las demandas de la época, si no que fijaron la guía que serviría de ruta para el avance de nuestra norma, bajo el espíritu impreso por los honorables y visionarios constituyentes de Querétaro.

Entonces, al recoger la Constitución de 1917 la primera mitad de nuestra historia, su promulgación es un parteaguas, del orden constitucional y del Estado de Derecho en nuestro país.

A lo largo de los últimos 100 años, la realidad social ha retado al texto constitucional, y sobretodo al constituyente, para que el sentido de la norma y su vigencia, se mantenga constantemente adaptado a la evolución, desarrollo y competitividad de la sociedad mexicana.

Así como en su creación asentó figuras de trascendencia histórica, con el paso de los años, los aportes de modificación a nuestra Constitución han plasmado el intenso movimiento y desarrollo de nuestra nación, con igual o mayor trascendencia.

La demanda social exigió y encaminó los esfuerzos del constituyente permanente para concretar reformas indispensables, que llevaran a la madurez política, legal e institucional de México:

• El transitar de los gobiernos militares a los civiles;

• La reducción de mandatos estatales;

• La pluralidad democrática en los órganos parlamentarios, como vía, para que en el debate y el dialogo, se generara inclusión y encontramos la unidad nacional.

• También, la lucha por la igualdad real entre el hombre y la mujer, que inició hace 70 años con el reconocimiento al voto de la mujer, y que en la actualidad continúa su consolidación en varias asignaturas, como lo es la paridad de género en la participación política y la igualdad de oportunidades laborales.

• La rectoría del Estado y el sistema de planeación constitucional;

• El capítulo económico y la apertura comercial para acordar tratados internacionales que lograran bienestar para México.

• Y por supuesto, el fortalecimiento al Poder Judicial de la Federación, para consolidar una estructura jurisdiccional acorde a la era, dotando al árbitro con controles de constitucionalidad para dirimir el cumplimiento de la ley suprema en los niveles de Gobierno y entre los poderes.

Sin duda, la evolución constitucional contempla un numeroso listado de adecuaciones que vinieron a mejorar su sentido y que palparon esfuerzos vanguardistas para la adaptación de nuestro orden social y democrático a cada circunstancia.

En la nueva era, los cambios estructurales de extremas dimensiones y que representan las transformaciones más importantes de nuestra Constitución a lo largo de su historia; también, como hace 100 años, devienen de una revolución; pero una revolución ordenada, ideológica y conceptual sobre la visión del México que aspiramos y que buscamos para los tiempos modernos. Una revolución generacional e impulsada por el consenso nacional.

En el siglo XXI, nuestra Constitución ha resistido a la globalización y las nuevas formas de concebir las libertades en el mundo y la vida en sociedad. En ello, México y su ley suprema, han estado a la altura de las demandas sociales.

Ayer nuestra Constitución decidía una justicia penal burocrática, hoy determina la oralidad en el proceso judicial, persigue la justicia pronta y expedita.

Ayer hablábamos de una educación gratuita, hoy hablamos de una educación no solo gratuita, si no de calidad, evaluada y moderna.

Ayer hablábamos de larga distancia en comunicación, hoy hablamos de conectividad y accesibilidad.

Ayer hablábamos de la expropiación petrolera, hoy hablamos de la explotación energética.

Ayer hablábamos de monopolios, hoy de competencia económica.

Ayer hablábamos de opacidad en información, hoy de transparencia, de fiscalización, de declaraciones patrimoniales, de un sistema anticorrupción.

Ayer hablábamos del sistema de partidos, hoy hablamos de la participación política abierta y de las elecciones organizadas totalmente por ciudadanos.

Así, nuestra Constitución alberga entre sus textos la experiencia de años que no han sido en vano, que han dejado su huella en nuestro orden social y democrático, que mantienen en su vigencia, su vivencia; en su espíritu, la convicción; en sus aspiraciones, el camino a seguir.

Por eso cumple 101 años. Por eso debemos sentirnos orgullosos y comprometidos con promover sus valores, sus principios, sus derechos y enaltecerlos en nuestro quehacer institucional y responsabilidades políticas.

– Señor Presidente, señoras y señores.

Desde la Cámara de Diputados, tenemos en nuestra encomienda el hacer del trabajo parlamentario, legislaciones modernas que atiendan la realidad social, pero que miren hacia el futuro, como visionariamente lo hicieron los miembros del Constituyente.

Refrendamos nuestro compromiso y seguiremos trabajando en ser esos representantes dignos que la ciudadanía demanda, capaces de promover propuestas con soluciones. Consensos, NO divisiones.

En el último tramo de nuestra Legislatura, somos sensibles a la exigencia ciudadana de equilibrar sus demandas con las reformas que aún se encuentran pendientes en las agendas. Escucharemos y daremos prioridad a ello.

A 101 años de la promulgación del Documento más importante de nuestro país, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos nos remite a reencontrarnos con nuestra historia, valores y principios.

Siendo mexicanos todos, cobijamos un compromiso de unión y solidaridad que se fortalece con lo escrito en sus páginas y nos obliga a materializarlo con la práctica diaria de sus fundamentos.

Nuestra responsabilidad es honrar los mandatos de la Constitución, al fomentar generaciones que trasformen con cultura y preparación nuestra realidad nacional y aseguren la trascendencia de nuestro país como una nación cimentada en leyes e instituciones.

Descubramos en nuestra Acta de Vida nacional, el llamado a la cohesión, la exigencia de privilegiar el interés superior de la nación y el sitio para encontrar la unidad nacional. Unidad para avanzar, unidad para construir.

Defendamos en nuestra Acta de Vida nacional, el camino hacia el futuro, que nutrido del pasado, refrenda su vigencia en el andar que persigue el bien y la prosperidad de la unión.

Conmemoremos un año más a nuestra Constitución desempeñando nuestras representaciones con honorabilidad y pasión por México, honrando la obra de los Constituyentes, para que en el llenar de sus siguientes paginas, sea recordado un legado histórico, como el que nosotros recordamos hoy.

Muchas Gracias.