Mensaje de la senadora Ana Lilia Rivera, presidenta de la Mesa Directiva del Senado de la República, en la 60 Conferencia “Autosuficiencia alimentaria e innovación tecnológica con prácticas sustentables”

Ciudad de México, 25 de junio de 2024

Muy buenos días a todas, a todos.

Tengo la voz muy fuerte, ¿verdad? Espero no molestar; voy a tratar de retirarme del micrófono.

Me da mucho gusto estar en esta 60 Conferencia convocada por mi compañero, mi amigo, mi maestro, siempre se lo digo así, el Subsecretario (corte de audio), la subsecretaría que más ha resistido la congruencia del movimiento campesino, que a nivel nacional no ha dejado de perder la esperanza en encontrar las políticas públicas y los presupuestos que hagan realidad la supervivencia de los pequeños y medianos agricultores, con la agricultura de gran escala que ha controlado prácticamente todos los espacios de producción agrícola y el control del mercado.

Entonces, me da mucho gusto también por supuesto saludar a Aleyda, que es una gran compañera, asesora de todas las luchas que hemos impulsado.

Alejandro Calvillo, que es un gran compañero también.

Ni qué decir de Leti, con quien hemos también trabajado mucho.

Pues, más allá de los saludos, yo traía un discurso que no voy a leer, porque una conferencia como ésta, marca una continuidad que ojalá logremos.

Nada más para que nosotros dimensionemos el tamaño de la agenda (corte de audio) con todas y todos ustedes avanzar en estos seis años y lo que nos falta.

Estamos saliendo de una oscuridad de casi 40 años.

El modelo neoliberal convirtió todo en negocio, los derechos se convirtieron en negocio; el derecho a la alimentación por supuesto también; el derecho al agua.

Este modelo neoliberal que, todo convirtió en un negocio que alguien lucró con él, fue desmantelando también todas nuestras defensas constitucionales, y también fue permeando las instituciones.

¿Cuál era la filosofía? o ¿Cuál sigue siendo la filosofía neoliberal que llevó a México a firmar tratados de libre comercio, donde se cedieron; soberanía, derechos y hasta seguridad?

Los tres ejes fundamentales del neoliberalismo es: Quién controla la comida, controla a la gente; quién controla la energía, controla al gobierno; y quién controla el dinero, controla el mundo.

A partir de esos tres grandes objetivos, iniciaron tratados de libre comercio donde se cedieran los espacios a las grandes economías y monopolios que controlan la comida y que controlan las semillas y que controlan los insumos, sobre todo los plaguicidas, que representan en América Latina para estos grandes monopolios más de 400 mil millones de dólares al año; y que controlan el mercado.

En este modelo neoliberal en México, ¿cómo impacta el control de la comida?, que es uno de los ejes rectores del control comercial de un grupo, pero que también es el deterioro y la vulnerabilidad de los humillados, de los despojados, como fue el caso de México cuando entra a firmar tratados de libre comercio donde cede su soberanía alimentaria y que no permite que quienes han estado durante muchos años trabajando por darle a México esa garantía que perdimos a final de la década de los 80’s, nos llevara nada más y nada menos a ser hoy el mercado más importante de Estados Unidos.

Porque México, de ser un país que vendía excedentes de alimentos, de ser un país autosuficiente en la producción de granos básicos; hablamos de maíz, hablamos de trigo, hablamos de cebada, hablamos de frijol, pasó a ser un país (corte de audio) alimentos.

Pero lo más grave para México es que, de ser un país de origen y productor de maíz, la semilla más sembrada en el mundo y la semilla que es además la base de nuestra alimentación, nos llevó a ser de productores soberanos y autónomos a importadores, los más grandes del mundo.

Llegó un momento en que México le compraba maíz hasta a Sudáfrica y no teníamos Tratado de Libre Comercio con ellos.

Este modelo neoliberal nos llevó a firmar un Tratado de Libre Comercio en completa desigualdad.

Espero no aburrirlos, pero miren, para quienes me escuchan, porque ustedes son expertos:

Yo cuando voy al campo y le explico a nuestro envejecido ejido, porque allí ya no hay cambio generacional, se acabaron; los que hoy tienen el ejido son señores, abuelos y abuelas mayores de 60-70 años, cuando voy y les explico lo que hicieron con nosotros, para que vean lo difícil que es retomar el camino (corte de audio) gente no hay democracia que sobreviva, entonces yo les digo: El primer Tratado de Libre Comercio, que además se ratificó después, por eso yo lo voté en contra, fue una competencia que, imagínense ustedes de atletismo, iba a competir México, Estados Unidos y Canadá.

Para que esa gran competencia se lleve a cabo, se dan ocho años de tiempo para preparase para la competencia; pero antes del Tratado de Libre Comercio, México producía sus semillas, tenía un programa nacional, el PRONASE, ¿se acuerdan?

Y este programa de semillas tenía universidades y tecnológicos que investigaban; teníamos al INIFAP, no era el CIMMYT, era el INIFAP, porque eran semillas públicas, que hacían investigación con recurso público, donde había investigadores nacionales que trabajaban para crear semillas al servicio del pueblo.

No era un negocio, no había paquetes tecnológicos pagados; era un servicio del Estado con científicos, investigadores, instituciones y presupuestos para el campesino mexicano.

Entonces, teníamos el Programa Nacional de Semillas, y allí se mejoraban también semillas.

Pero también teníamos el Programa Nacional de Fertilizantes; pero también teníamos un instituto bancario que, le generaba tecnología a los campesinos barata, con intereses baratos.

Y teníamos también un programa de seguros; y teníamos también una manera de captar toda la producción a través de la CONASUPO y de poder garantizar soberanía alimentaria a México.

Yo le preguntaría al ingeniero Víctor Suárez que me diga en este momento dónde están los almacenes de comida si, por la inclemencia del cambio climático, Estados Unidos cerrara las puertas a la importación, para garantizar su mercado interno, y nos dijera dentro de un mes: “Pues qué bueno que tenemos grandes tratados, pero no voy a venderle a México maíz porque no hay condiciones”.

Yo les preguntaría, ¿dónde están esos espacios para guardar alimentos para momentos de crisis? En Walmart, en Soriana, en Aurrerá.

¿Y como para cuánto tiempo tenemos alimentos garantizados ante la inclemencia de una contingencia que no pudiéramos (corte de audio)? …guerra o el campo climático.

Desaparecieron el Programa Nacional de Semillas, desaparecieron la CONASUPO, desaparecieron fertilizantes nacionales, los programas de seguros y nos llevaron a un mercado difícil para competir.

Entonces yo les digo, hagan de cuenta ustedes que llega el día de la carrera; aquí está el campo, sobre todo mexicano, y aquí está el campo norteamericano.

El atleta norteamericano llega super alimentado, con un preparador físico, incluso trae un preparador mental que le está diciendo que es el mejor; trae sus tenis Nike, tiene toda la mentalidad para ganar.

Y del otro lado está el campo mexicano, descalzo, con los pies chuecos, medio ciego, famélico, desnutrido; y córranle.

¿Quién va a ganar?

El Tratado de Libre Comercio se firmó para que no ganáramos; pero lo peor fue que, al no ganar no solamente perdieron los campesinos, las campesinas y los pequeños productores de México; perdimos todos.

Un eje rector de la soberanía de este país, porque no producir nuestros alimentos nos pone en un grave riesgo y cualquier democracia debería de (corte de audio) …que por cierto se va a revisar en el año 2026.

Cuando llegamos, nosotros no estábamos de acuerdo en que México siguiera cediendo su soberanía alimentaria; entonces, empezamos una lucha muy (corte de audio) …que se había puesto a las órdenes de estos modelos económicos controlados por cinco grandes empresas agroalimentarias.

Ya teníamos la Ley de Variedades Vegetales o certificación de semillas que había apoyado Felipe Calderón, le llamaban UPOV-78; ahora es UPOV-91.

Ahora toda las plantas silvestres y todo lo que pueda significarle en las variedades vegetales un negocio a las trasnacionales, se lo pueden llevar.

Por eso es tan importante la defensa de nuestra riqueza genética del maíz, porque es una de las semillas a las que más codician controlar.

Para ellos, el maíz no es comida; para ellos el maíz es jarabe de alta fructuosa; para ellos el maíz es etanol; para ellos el maíz es forraje para los animales; para ellos el maíz tiene implicaciones de ganancia farmacéutica y de otro tipo.

El maíz hoy cotiza junto con el oro y el petróleo en la bolsa de valores, entonces es una codicia inmensa la que sienten por controlar nuestra semilla.

Cuando llegamos, las condiciones de estas empresas se agravaron todavía en su codicia; pero no sólo eso, permearon nuestras instituciones.

Hay representantes de estos grandes monopolios que son obligados a nuestros gobiernos en búsqueda de soberanía para que ocupen espacios en las Secretarías importantes como ésta, donde los intereses de todo el campesinado mexicano, donde los intereses del pequeño y mediano productor, donde los intereses de los mercados (corte de audio)… para garantizar alimento, antes que nada.

Entonces, un gran porcentaje de nuestros recursos, fruto de nuestro trabajo, ¿para qué se concentra?: Para gastar en comida.

¿Qué comida estamos comprando? ¿Quién la está produciendo? ¿A quién le está generando beneficios? Y de qué sirve que nuestro gobierno se vanaglorie de que aumentamos los salarios como nunca, cuando también los alimentos aumentan como nunca, producto de muchas circunstancias, pero que se agravan con el impacto del cambio climático.

¿O acaso hoy la canasta básica no nos ofrece cilantros con precios carísimos? ¿Chile poblano con precios carísimos? El tomate, como nunca, caro.

Porque todo el sector primario no es poca cosa, es uno de los ejes de la soberanía y del bienestar de esta Nación.

Entonces, traíamos una agenda importante. Antes que nada, famélicos, enclenques y desnutridos contra estos grandes capitales, que además tienen sus socios en México.

En México se han refugiado, sobre todo en el Consejo Nacional Agropecuario, los grandes productores, los ricos productores, a los que les llegan los presupuestos nacionales, que están sobre todo en el norte de México y en el Bajío.

Entonces seguimos, en materia de agricultura, teniendo dos países: el del norte con los ricos productores, con los que tienen financiamiento, tienen riego, tienen tecnología, son socios en el Tratado de Libre Comercio y los productores pobres, los descalzos, los de tractores amarrados con alambres, los que andan buscando con el agiotista del pueblo préstamos para comprar una llanta, los que compran insumos caros, semillas caras y tienen que vender su maíz a un precio comercial, aún cuando su maíz es de mejor calidad nutrimental.

Entonces, estamos viviendo todavía esos grandes enfoques diversos de lo que este país es.

Cuando nosotros llegamos, empezamos a luchar contra estos grandes intereses.

Sacar la Ley de Fomento y Protección al Maíz, para que entrara en vigor antes de que entrara en vigor el Tratado de Libre Comercio fue muy difícil, pero lo logramos gracias a las organizaciones que tenían décadas luchando en su defensa.

Pero todavía no tenemos políticas y presupuestos, todavía no tenemos el Consejo Nacional del Maíz, toda estamos importando maíz amarillo, si bien no directamente para consumo humano, pues sí lo estamos consumiendo a través del forraje que consumen los animales que comemos.

Pero también lo consumimos a través del mercado, porque cuando vamos a comprar nuestra despensa, ustedes saben, las hojuelas de maíz nutritivas que llevan a su casa de qué maíz son; los Corn Flakes son transgénicos.

Y entonces tenemos que avanzar en el etiquetado, para que ahora el consumidor sepa lo que come.

Y cuando nos lanzamos por el etiquetado frontal de alimentos, fue una lucha titánica contra las grandes empresas productoras de alimento chatarra.

Y cuando intentamos detener la entrada de plaguicidas altamente peligrosos para México, se nos vinieron encima todos estos intereses monopólicos, cabildeando dentro de la Cámara de Senadores.

Y lo digo con toda responsabilidad. Ahí estaba el Consejo Nacional Agropecuario, ahí estaba la COPARMEX, ahí estaba el Consejo Nacional Empresarial, en contra de que se regularan los plaguicidas altamente peligrosos.

Y tratamos de sacar una Ley de Bioinsumos, porque para que haya presupuestos tenemos que crear la figura jurídica de un bioinsumo, para poder crear leyes secundarias que le permitan a la COFEPRIS determinar qué es un bioinsumo.

Porque hoy para poder tener dinero, presupuesto, para que las secretarías lo conviertan en programa, tenemos que competir con reglas que no permiten a los bioinsumos participar porque no existen en la ley. Entonces, las reglas son las que califican a los plaguicidas químicos.

Entonces, estamos en una terrible desventaja, pues no permitieron que avanzara la discusión de la regulación de los plaguicidas altamente peligrosos, entre los que está el glifosato, pero no es el único, es el más conocido, y no permitieron que nacieran los bioinsumos.

Como senadora de la República, a quien le tocó ver las discusiones que se hicieron por las políticas energéticas de México, me consta que no vi tal voracidad, ni enfado, ni cabildeo por defender el petróleo y la energía (corte de audio)… de insumos agrícolas y de los mercados.

Entendí dónde están los verdaderos intereses del neoliberalismo en México, y están en la comida.

Por eso, avanzar con la Ley General de Alimentación Adecuada y Sostenible era muy difícil. Primero, porque no estaba en la agenda prioritaria de nuestro gobierno.

Y, después, porque dentro de los Grupos Parlamentarios de nuestra alianza, había detractores de las causas de los pobres, y había defensores de las causas de otro modelo de agricultura: las del norte. Y, entonces, avanzar fue muy complejo.

Era una discusión que se estaba dando desde hace más de una década: Reglamentar el derecho constitucional a la alimentación sana. Era una lucha que parecía.

Yo, siempre cuando hablo con la gente y hablo de temas de alimentación y del campo les digo: “Es que ustedes creen que este tema no es importante. Creen que es más importante hablar de los temas de energía, o de seguridad, o de educación, o de salud”.

Pero los tres ejes rectores de la libertad de México es; alimento, energía y dinero. Los temas de alimentación son importantísimos, no solamente por la economía, sino por la salud del pueblo de México.

Cuando llega la pandemia, ¿qué fue lo que encontró en México la pandemia de Covid-19?: Las pandemias ocultas, la pandemia del azúcar, la pandemia del sodio, la pandemia de la mala alimentación.

Más de 16 millones de diabéticos; más de 16 millones de diabéticos no diagnosticados, pero ya prediabéticos. Siete de cada 10 adultos con sobrepeso. Cuatro de cada 10 niños, obesos, pero con desnutrición.

¿Quiénes están ganando dinero con el control de la comida de México? ¿Quiénes están ganando dinero con las enfermedades que se generan por la mal nutrición de México?

Entonces, tuvimos que entrar en un análisis serio, convocando a todas las fuerzas políticas, y tuvimos que convocar también a las grandes empresas de este país, porque en esta Ley, la Ley General de Alimentación Adecuada y Sostenible, no solamente estamos reglamentando y organizando a un amplio sector de las instituciones del gobierno.

Estamos vinculando esfuerzos y presupuestos de la Secretaría de Educación Pública, de la Secretaría de Salud, de la Secretaría de Agricultura, de la Secretaría de Economía, porque todas tienen que ver con la alimentación.

Pero también teníamos que garantizarle mercado al pequeño y mediano productor. Ahí fue donde se detuvo la Reforma.

¿Por qué? Se reunieron todos los empresarios de (corte de audio)…, para poder ayudar al pequeño y mediano productor y no querían.

Nosotros queríamos (corte de audio)… anunciando que cada (corte de audio)… un referente. Ahora tenemos una gran responsabilidad, no sólo haberla logrado y haberla decretado después de 10 años de estar posponiéndola.

Ahora, lo importante será que el gobierno que llegue, reglamente este gran esfuerzo legislativo y de la sociedad civil, que tendrá que reproducirse (corte de audio).

Yo los invito a que regresen hoy a casa y abran su despensa. A quienes nos ven por los medios, si tiene recursos con los cual tener una despensa de más de 15 días, verifique qué alimentos tiene, quién los produce, qué contienen, y después pregúntense qué están comiendo, y vean que enfermedades desarrollarán los próximos años.

El Sistema Mexicano de Salud está colapsado por la insuficiencia renal. Está colapsado por el cáncer, y está colapsado por enfermedades provenientes del uso inadecuado del jarabe de alta fructuosa en el pan, en las galletas, en los refrescos, en los yogurt, en prácticamente todo el veneno que comemos todos los días.

Esta revolución alimentaria es la revolución más noble del mundo, es la revolución a la que menos se atiende y es la única que puede garantizar verdadera soberanía a la Nación (corte de audio)… y bienestar a nuestras familias.

El derecho a una sana alimentación, es el derecho humano fundamental de cualquier ser vivo sobre este planeta, pero tenemos que seguir luchando en los próximos años contra los intereses económicos que han asentado sus reales en nuestra pobre Patria.

Y tendremos que aprender a convivir con ellos, y ellos tendrán que aprender a convivir con nosotros, porque los pequeños productores y los campesinos pobres de México, no vamos a dejar de resistir.

Y, como la milpa, vamos a seguir viviendo porque el cambio climático ha enseñado que las semillas que más resisten la sequía, las heladas y las tempestades, son las semillas nativas.

Ese, el laboratorio vivo de la milpa, es el laboratorio del pueblo, de las comunidades indígenas que no vamos a entregar a los monopolios agroalimentarios.

¡Que viva el maíz, que viva la alimentación, y que vivan los campesinos y pueblos indígenas de México!

Muchas gracias.

Texto y Foto: Cámara de Senadores