Paz revolucionaria | Miguel Alemán Velasco

Las revoluciones más notables de la historia son el último recurso de los pueblos; un sangriento tubo de ensayo de las ideas voraces y depredadoras de sus próceres.

La historia es siempre una muestra de experiencias y la mejor consejera de las decisiones. A 109 años del inicio de la Revolución Mexicana, que conmemoramos en esta fecha, siempre es oportuno revisar la historia que redefinió el proyecto de nación que tenemos hasta hoy.

La Constitución de 1917 es resultado del nuevo pacto social que ha regido a nuestro país hasta la fecha.

El 20 de noviembre de 1910, Francisco I. Madero lanza su pronunciamiento a la rebelión armada como un reclamo a la ilegítima reelección de Porfirio Díaz.

“Sufragio efectivo, no reelección” fue el postulado fundamental que inspira el modelo político de México hasta nuestros días.

En esta frase se sustentan dos conceptos fundacionales; por una parte, está la exigencia de un proyecto democrático con procesos electorales válidos y por la otra, quizá más importante aún, la garantía de un mecanismo de sucesión presidencial que garantice la renovación de dirigencias políticas, con el fin de conjurar para siempre las dictaduras.

Después de la lucha armada, Álvaro Obregón intentó transgredir el criterio antirreeleccionista en un episodio histórico con más incógnitas que evidencias. Al festejar su reelección, Obregón fue asesinado por el fanático religioso José de León Toral.

Este cruento recordatorio definió el rechazo de México a la reelección presidencial, no obstante, abrió la puerta para el maximato de Plutarco Elías Calles.

A partir de entonces y hasta la fecha, México ha tenido una historia de sucesiones presidenciales en puntual cumplimiento del calendario constitucional.

Las coaliciones de trabajadores, campesinos, empresarios regionales y profesionistas civiles en cargos públicos han marcado una profunda diferencia de los accidentados sistemas políticos que desde el siglo pasado y hasta la fecha acechan la estabilidad política y los derechos democráticos de los países hermanos de Centro y Sudamérica.

Hoy México ha superado los rezagos de una población mayoritariamente analfabeta, machista, campesina, sin servicios médicos o educativos, exportadora de materias primas, carente de infraestructura y de derechos laborales.

Hoy después de grandes esfuerzos y con la satisfacción de ver superados los obstáculos para abrir la competencia democrática y a su vez la competitividad económica, México es una de las 14 economías más grandes del mundo, pertenecemos al G20, somos uno de los pocos países de la región que contamos con finanzas públicas sanas, baja inflación, estabilidad cambiaria, un banco central autónomo y tenemos acceso a crédito en los mercados internacionales, gozamos de las oportunidades de un mercado comercial en América del Norte y los índices de educación, salud, esperanza de vida, infraestructura y diseño de instituciones son cimientos sólidos que permiten construir una nueva etapa que viene a remontar las asimetrías sociales, reducir el dispendio y la deshonestidad, pero sobre todo que busca que germine en cada ciudadano un sentimiento de orgullo, autoestima y superación, ajenos a dogmas y condicionamientos que limiten las libertades y los derechos individuales.

Por ello, amigos lectores, conmemorar la Revolución Mexicana no es un acto exclusivo de políticos o de partidos, sino un recordatorio de los valores, principios y derechos permanentes, que una vez ganados no podemos olvidar.

Rúbrica

Contraste hispano-mexicano. Mientras algunos españoles se propusieron sacar del sepulcro a Francisco Franco, hoy en México conmemoramos una vez más la sepultura de la dictadura.

Político y escritor.

@AlemanVelascoM

Publicado por El Universal