Plata o Plomo | Alejandro Hope

Tijuana: no canten victoria tan rápido

En marzo de 2009, el Ejército desembarcaba en Ciudad Juárez. La urbe fronteriza enfrentaba entonces una espantosa crisis de violencia. En los doce meses previos, el número de homicidios se había multiplicado por seis, pasando de 38 en febrero de 2008, a 235 en el mismo mes de 2009.

Para hacer frente a la gravísima situación, el gobierno federal, entonces encabezado por Felipe Calderón, lanzó un amplio operativo militar. Más de ocho mil soldados fueron desplegados a esa urbe fronteriza y se hicieron cargo casi por entero de la seguridad en el municipio.

Los resultados iniciales fueron más que alentadores. En el primer mes del operativo, los homicidios en Ciudad Juárez disminuyeron 67%. En el segundo mes, cayeron un 10% más. Pero para el tercero, la tendencia se había invertido. Para el cuarto, el número de asesinatos había casi regresado a los niveles previos a la ocupación militar. En septiembre de 2009, seis meses después del arribo de las tropas, se contabilizaron 330 asesinatos, 40% más que los registrados en febrero. Y la escalada siguió hasta octubre de 2010, cuando se alcanzó un pico de 477 homicidios.

La violencia homicida no regresaría a los niveles del primer mes del operativo federal, sino hasta junio de 2012. Y para eso, hubo que rediseñar la operación, poner a la Policía Federal al frente y lanzar una amplísima (y carísima) estrategia de prevención conocida como Todos Somos Juárez.

Todo esto viene a cuento porque el gobierno ha estado muy activo esta semana presumiendo la reducción de homicidios en Tijuana en semanas recientes, resultado, según la versión oficial, de un operativo federal iniciado en enero.

Hace dos días, en una conferencia de prensa realizada en esa ciudad de la frontera, el secretario de la Defensa Nacional, el general Luis Crescencio Sandoval, afirmó que, “antes de la estrategia teníamos un promedio de 5.2 homicidios y hubo una reducción del 21 por ciento, quedando en 4, más o menos, homicidios en promedio diario”.

Esos datos son más o menos consistentes con la información del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. En enero se abrieron 194 carpetas de investigación por homicidio doloso en Tijuana. Eso equivale a un promedio de 6.3 carpetas por día. En febrero se abrieron 139 carpetas, lo cual equivale a 5 en promedio diario. La disminución es, en efecto, de 21%.

Entonces sí, tal vez esté funcionando la estrategia del gobierno en Tijuana.

O no. El día mismo en que se realizó el anuncio del general Sandoval, según el conteo diario de homicidios que realiza el gobierno federal con fuentes abiertas (https://bit.ly/2JMREvR), ocho personas fueron asesinadas en Tijuana. Un día antes, de acuerdo a la misma fuente, fueron seis homicidios. Y un día después, cinco más. Es decir, un total de 19 homicidios en tres días. Más de seis en promedio diario.

Ahora, tres días no dicen nada. Ciertamente, no se puede inferir un cambio de tendencia con los datos de unos cuantos días. Pero tampoco bastan las cifras de unas cuantas semanas o un par de meses para deducir que un operativo funciona. Como muestra el caso de Ciudad Juárez en 2009, los logros iniciales pueden desvanecerse en pocos meses y acabar en fracaso rotundo.

Dicho lo anterior, también hay casos de pacificación exitosa y sostenida. La región de La Laguna es tal vez el mejor ejemplo. Ojalá Tijuana siga esa ruta y no la de Ciudad Juárez hace una década.

Por ahora, mi humilde sugerencia a los responsables de la política de seguridad es que esperen a tener más datos de más meses antes de presumir la pacificación de la ciudad más violenta del país.

@ahope71

Publicado por El Universal