Reafirma López Rabadán su compromiso para castigar a quienes ataquen a mujeres con ácido o sustancias químicas

Ciudad de México, 25 de noviembre de 2021

Hoy más que nunca es necesario alzar la voz y visibilizar la grave situación de violencia que vivimos las mujeres, apuntó la senadora Kenia López Rabadán en el marco del Día Internacional para Eliminar la Violencia contra las Mujeres.

La legisladora señaló que la lucha contra la violencia hacia este género no es de solo un día, es una lucha constante y de todas y todos, pues en nuestro país se asesinan a más de 11 mujeres diariamente y todos los días se presentan más de 600 denuncias por violencia doméstica.

En conferencia de prensa acompañada por la saxofonista mixteca María Elena Ríos Ortiz, quien en septiembre de 2019 fue víctima de una tentativa de feminicidio a través de un ataque con ácido, la Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos refirió que “desde aquí, desde este Senado de la República hacemos un llamado para que sea dictaminada lo antes posible la iniciativa que presenté a inicios de julio del año pasado, la cual busca adicionar un artículo 297 bis al Código Penal Federal para que se condenen con hasta 26 años de prisión a quienes ataquen a mujeres con ácido y sustancias químicas”.

“¡Ni una víctima más! Maria Elena, cuenta conmigo, cuenta con este Senado. Exigimos justicia”, puntualizó López Rabadán.

Por su parte, María Elena dijo que no es un día para celebrar, ya que es doloroso rememorar el motivo, sin embargo, “cada día en cada rincón de nuestros territorios, somos las mujeres quienes luchamos para librar batallas de toda una guerra en contra de nosotras”.

También apuntó: “No soy la saxofonista agredida con ácido, mi nombre es María Elena Ríos Ortiz, de profesión comunicóloga y saxofonista, me intentaron matar con ácido, pero yo no soy ese hecho para quedar bautizada de esta manera, mucho me ha costado que el día de hoy me honren con su presencia, prestándome sus oídos y regalándome su escucha”.

Y agregó: “Me hubiese gustado ocupar este espacio para festejar algún proyecto que consolide la hermandad comunitaria de nuestro querido México, pero desafortunadamente será para expresar y hacer eco a las violencias que matan a cientos de hermanas, caídas bajo las balas, el ácido, los golpes y torturas de un hombre”.

Para concluir, María Elena destacó que la violencia no es normal y dijo que tenemos que estar unidas para erradicarla y así “no volver a repetir las historias de nuestros nombres, al contrario, contar historias nuevas, historias de vida sin violencia”.


25 de noviembre de 2021 

Versión de la conferencia de prensa ofrecida por la senadora Kenia López Rabadán, acompañada por María Elena Ríos Ortiz, para hablar sobre el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

SENADORA KENIA LÓPERZ RABADÁN (KLR): Muchas gracias a quienes nos acompañan de los medios de comunicación.

Este 25 de noviembre, Día Internacional para Erradicar la Violencia contra las Mujeres, quiero agradecer de manera muy enfática la presencia de María Elena Ríos Ortiz, una mujer que ha demostrado frente a las adversidades su fortaleza, su valentía y su inteligencia.

Hoy más que nunca es necesario alzar la voz y visibilizar la grave situación de violencia que vivimos las mujeres en nuestro país.

Aquí, en México se asesinan a más de 11 mujeres diariamente, todos los días se presentan más de 600 denuncias por violencia doméstica.

La lucha contra esta violencia hace que las mujeres hoy levantemos la voz.

Sin embargo, no es una lucha de un solo día, es una lucha constante y de todas y de todos.

En el caso de María Elena, desde aquí, desde el Senado de la República hacemos un llamado para que sea dictaminada lo antes posible la iniciativa que presenté a inicios de julio del año pasado, la cual busca adicionar el artículo 297 bis del Código Penal Federal para que se condene hasta con 26 años de prisión a quienes ataquen a mujeres con ácido o sustancias químicas.

María Elena cuenta conmigo, cuenta con este Senado y juntas sigamos exigiendo justicia.

Hoy, en esta mañana, este micrófono es para ti. Adelante, hermosa.

MARÍA ELENA RÍOS ORTIZ (MERO): Muy buenos días a todas, a todos y a todes.

Hace 61 años, en República Dominicana, un dictador le frustró la vida patria a Minerva y María Teresa Mirabal, sin imaginar que la metamorfosis de estas hermanas llegaría lejos, tan lejos hasta llegar al día de hoy.

Considero que no es un día para celebrar, es doloroso rememorar el motivo; sin embargo, cada día, en cada rincón de nuestros territorios, somos las mujeres quienes luchamos para librar batallas de toda una guerra en contra de nosotras.

No soy la saxofonista agredida con ácido, mi nombre es María Elena Ríos Ortiz, de profesión comunicóloga y saxofonista, sí, me intentaron matar con ácido, pero yo no soy ese hecho para quedar bautizada de esta manera.

Me quemaron como a tantas mujeres acusadas de brujas, cuando su único pecado fue difundir la magia del conocimiento y rechazar los dogmas impuestos; mucho me ha costado estar el día de hoy aquí para que me honren con su presencia, prestándome sus oídos y regalándome su escucha.

Me hubiese gustado ocupar este espacio para festejar algún proyecto que consolidara nuestra hermandad comunitaria de nuestro querido México, pero desafortunadamente será para expresar y hacer eco a las violencias que matan a cientos de hermanas caídas bajo las balas, el ácido, los golpes y torturas de un hombre.

Esto se debe a la violencia estructural y sistemática de nuestro país, porque crecer en esta nación implica obedecer conceptos, pero no se nos enseña a deconstruir múltiples narrativas machistas; la estructura de esta nación nos obliga a usar faldas y no pantalones en la escuela, a comportarnos con decencia, a no ser libres de externar una sonrisa honesta; de lo contrario, provocaremos el desenfrenado (inaudible) bestial de un hombre, quien saldrá y nos hará daño como siempre, porque, al final de todo, de una es la culpa.

Esto no es reciente. Desde hace cientos de años nos lo han hecho creer, pero no es así, no tenemos la responsabilidad de las zafias del género masculino, no pretendo generalizar, pero sí tenemos que aprender a reconocer con humildad que la mayoría de los hombres hacen válida su virilidad mediante la violencia hacia una mujer.

A la mayoría de ellos se les olvida que una mujer fue la que los parió, y viven con orgullo aplaudiendo “ego-sosamente” los arcaicos y retrógrados logros violentos hacia nosotras, así como encubrir desde diferentes trincheras a sus hermanos agresores.

A otros se les olvida que los hijos comen y se desentienden de sus responsabilidades; actualmente, muchos de ellos tomarán protesta como presidentes municipales, diputados y senadores; en serio, ¿ellos te representan?, porque a mí no.

Nos han acostumbrado tanto a la cultura del esfuerzo y el sacrificio, que exigir los derechos de nuestros hijos pareciera el acto de traición a nuestra dignidad, el caso de María Elena Ríos Ortiz no es el único en su índole, de lo contrario díganme si mi nombre y mi historia no les recuerda a ustedes, mujeres.

María fue una niña que a la edad de 10 años la comenzaron a acosar, ella sólo iba por dulces a la tienda cuando varios hombres adultos le chiflaban y hacían sonidos parecidos a linchar una lengua; esta niña no tenía desarrollado el concepto de qué es el acoso, porque una niña a esa edad sólo quería jugar a la comidita, ver caricaturas, sonreír y saborear un dulce mientras jugaba a las escondidas.

María amaba tocar en la banda municipal de su pueblo, era una niña y la más pequeña; cuando sus compañeros hombre se equivocaban por no estudiar, ella resonaba en su saxofón ese pasaje musical, posteriormente le solicitarían que saliera de la banda porque no querían continuar con ella por ser mujer.

María fue una adolescente que pensó haber descubierto el amor y lo imaginaba como en los cuentos de princesas, en donde todo es dulzura, pero en realidad sólo descubrió que el amor es obedecer a los deseos de un novio, de lo contrario mostraría unas fotografías que le tomó sin su consentimiento.

A María le daba mucha ilusión estudiar pronto de manera formal y desarrollar sus habilidades, pero el mundo de afuera le garantizaba más exponerla que formarla, y cuando por fin tuvo la edad suficiente para hacerlo, los acosos volvieron a brotar en las aulas porque la violencia no es sinónimo de ignorancia ni de “prietud”, a mí me agredió un rubicundo de cuello blanco, diputado, por cierto.

La violencia alcanza y se ejerce desde las grandes élites, desde la política, desde este Estado-nación.

Han pasado más de 2 años y si no hubiera sido por el reclamo de mi hermana, al verme moribunda con la piel podrida, si una no hubiese hecho una nota periodística, si una doctora no me hubiese hecho las cirugías correctas, si no hubiese tenido el cuidado de las manos santas de mi madre, sin el conocimiento entero de mis abogadas, sin el espacio que me brinda hoy la senadora Kenia, muchas gracias, que por cierto, senadora de la Ciudad de México y no de Oaxaca, sin las organizadoras de este espacio y sin la rabia infinita de mis hermanas mexicanas, hoy yo no estuviera aquí.

Como dije en un principio, no voy a generalizar porque sería injusto premiar con una aureola a todas las mujeres y tildar de aberrantes a todos los hombres, porque los hombres de mi familia también me cuidaron, no les dio miedo llorar, ni tampoco vergüenza de hablarle a Dios.

Sin embargo, llevo en mi memoria a mujeres, mismas que tuvieron un cargo público con la posibilidad de por lo menos pronunciarse por lo que me hicieron, como senadoras, como músicas, como cantantes, como servidoras o simplemente como paisanas, mismas que el día de hoy buscan escalonar más alto para prolongar el poder de los hombres que se encuentran detrás de ellas.

Si bien es cierto, los espacios que fueron ocupados enteramente por hombres, gracias a las luchas y sangre derramada de mujeres valientes, ahora también son habitados y accionados por mujeres, y digo habitados porque entre estar y accionar hay una diferencia categórica.

Lamentablemente, la paridad no ha garantizado a erradicar la subordinación, esta subordinación que existe con fuerza en las legislaciones y representaciones populares.

Nunca se me olvidará cuando una legisladora paisana mía, cuando mi hermana le pidió ayuda para trasladarme a un hospital de aquí de la Ciudad le contestó: “¿qué? ¿y sabes tan solo cuánto cuesta una torta de ese hospital?” y hoy quiere ser gobernadora de mi estado.

Así también existen subordinadas que se pintan de morado en las marchas, que publican de naranja los 25 de cada mes, que con ponerse un huipil extrañamente asumen que ayudan, si legislar no es una campaña publicitaria, legislar es escuchar, comprender, entender, accionar, pero sobre todo respetar a nuestras otras,  de lo contrario también se genera y ejerce violencia. Con esto no quiero decir que odio a las que no fomentan sororidad, sus razones tendrán, quizá no les permiten entender está realidad los hombres que la subordinan.

De mi parte y de corazón las invito a que nos unamos y seamos un mismo frente, yo soy orgullosamente oaxaqueña, porque las mujeres de mi tierra a pesar del patriarcado impregnado en las comunidades estamos comenzando a tener la cultura de la denuncia, estamos aprendiendo a ser guerreras como la princesa mixteca 6 monos, pero también vengo de un estado de la República en donde desafortunadamente la folclorización del machismo, la prietud, pobreza, la cosmovisión y diversidad sexual son un referente económico que beneficia sí, como siempre, a unos pocos, que invisibiliza realidades y exime al Estado y sus instituciones de las muertes de nuestras hermanas .

Hoy se cumplen 809 días desde que me quisieron matar con ácido y sigo aquí, clamando justicia como siempre, clamando imparcialidad, fueron cinco los cobardes que lo intentaron hacer, cuatro de ellos encuentran en prisión preventiva o se encontraban, porque uno murió por causas que hasta la fecha desconozco; el quinto implicado sigue libre, sigue prófugo y con todo el fuero que le brinda el estado de Oaxaca, lo visto con mis propios ojos en la calle, pero el hombre fiscal de ese entonces, Rubén Vasconcelos Méndez, se dedicó a protegerlo, pero ahora es premiado con la Secretaría del Bienestar Social, y ahora el nuevo hombre fiscal, Arturo Peimbert Calvo, prefiere vanagloriarse en el centro histórico de Oaxaca con su ostentosa motocicleta, de festejar su cumpleaños por cuatro días consecutivos y sentarse encerrado en su linda oficina, delegando la responsabilidad a la sociedad para encontrar a mi agresor.

A los dos y sus pupilos, en esta masacre les recuerdo a las más de 574 víctimas de feminicidio impunes en Oaxaca, eso sin contar a las que aún están bajo el anonimato.

Hoy se cumplen 45 días exactamente, días de aquella noche en que me llamó el fiscal Arturo Peimbert, todo azorado por haber evidenciado su incumplimiento para capturar a mi agresor; desafortunadamente me da vergüenza, me da vergüenza que los oaxaqueños tengamos un fiscal que vive de las redes sociales y teme a que dañen su honra, pero ¿y nosotras?, ¿nuestra honra y vida no importan?

Esa misma noche me pidió que ya no lo evidenciara en redes sociales y me hizo nuevamente la promesa y juramento de capturar en mes y medio a mi agresor, “Male, por favor dame chance, en un plazo de mes y medio lo capturo”. Tengo que lidiar con su susceptibilidad porque hasta la fecha no me contesta ni una sola llamada, en Oaxaca se protegen más a los turistas que a los herederos de la tierra y quienes cuidamos de la vida.

Si con esas mismas agallas buscarán a nuestros agresores no sería necesario militarizar nuestros entornos, tengo que soportar las incontables violaciones a mis derechos humanos por parte de jueces y magistrados, sí, porque simplemente no hay orden, porque con una comida y unas buenas chelas mis agresores los dejan manipular a su antojo, dejando expuestos y vulnerables a decenas de mujeres y niños en el estado.

A diario soporto las ofensas y humillaciones de la defensa de mi agresor, conformado por mujeres y hombres, nombrándome con adjetivos como –voy a suavizarlos– la señorita es una jumenta por haber estudiado en escuelas públicas; es una menesterosa por exigir que le reparen el daño; de india no me sacan por tener sangre mixteca, y de grosera no me sacan por defenderme de sus clientes criminales.

A mí no me da vergüenza ser quien soy y en quién me estoy metamorfoseado, vergüenza robar, delinquir, matar y defender a feminicidas. Tengo que vivir con el miedo junto a mi familia, ya se nos hizo costumbre brincar de la cama si escuchamos un ruido extraño, de quedar anonadados cuando nos llama un número desconocido o cuando simplemente tocan a nuestra puerta, y encima de todo esto, tener que soportar la incitación a la violencia y el odio germinado por parte de la familia de mi agresor, quien pisotea la dignidad de mujeres por 500 pesos y así colgarles pancartas con títulos como “Juan Vera a mí me ayudó”; “Juan Vera es inocente”; “Libertad para Juan Vera”; “María Elena enseña tu cara, mentirosa, deja de esconder tu rostro”. Ustedes, ustedes dejen de esconder a su hermano el feminicida, porque eso es, un feminicida cobarde que no me da la cara.

Disfrazan de feministas a mujeres de escasos recursos, manchando la lucha de cientos de mujeres que dieron su sangre para sabernos en este movimiento, o bien con su Fundación Beca Vera Carrizal, la cual tenía investigación por lavado de dinero y huachicol, cuentas congeladas por más de 503 millones de pesos y esta información no la digo yo, está pública desde que Santiago Nieto, ex titular de la UIF, fue a hacer su teatrito a mi natal Oaxaca, y digo tenía porque no sé qué se deba que la UIF le dejara de dar seguimiento. Tanto fue así que a la fecha esas cantidades se esfumaron.

Actualmente, mi agresor y su familia están coadyuvando con organizaciones y frentes facinerosos para congregarse en supuestas manifestaciones y respaldar a su padre y hermanos feminicidas, porque esos son.

Tengo que vivir con miedo mientras que mi agresor se encuentra internado en el penal de Tanivet, en Tlacolula, Oaxaca; sí, un hotel, un hotel de cinco estrellas que le brinda una celda VIP, frente a la enfermería, con la mejor cama, en dónde tiene acceso a su teléfono celular, pantalla de TV, refrigerador, microondas y visitas fuera del horario establecido, por mencionar algunos de sus tantos beneficios, ¿verdad?

Pero todo esto no sería una realidad si no fuera por el secretario de inseguridad pública, Heliodoro Díaz Azcárraga y el subsecretario de decepción social, Jacobo Olaf Rodríguez García, y aun así, este pasado 22 de noviembre el mal, pero muy mal consejero de la defensoría de los derechos humanos de los pueblos de Oaxaca, Emilio De Gyves Montero, se atrevió a solicitar medidas cautelares para mí agresor y así pueda llevar el proceso desde la comodidad de su casa.

Y digo tan solo unos cuantos nombres de una lista larga que jamás se borrara de mi cabeza, por lo que las cosas se deben de decir así.

Las mujeres ya nos cansamos de que siempre griten nuestro nombre y omitan el de ellos, los abusadores, los feminicidas, los verdaderos criminales; no soy la única mujer que ha soportado y tolerado la putrefacción y hedor de estas violencias y violaciones a los Derechos Humanos; tengo la certeza que la historia de mi nombre está repetida en cientos de mujeres en Oaxaca y en todo este bello país.

Mujer, tú que me estás escuchando sabes que esto es verdad, porque lo ha vivido tu madre, tu hermana, tus amigas, primas, tus vecinas y, peor aún, lo has vivido carne propia al igual que yo.

Pero ha sido Estado feminicida, este Estado fallido liderado por ideas machistas el que ha nublado tu conciencia.

Dejemos de obedecer a la confrontación de nuestro género. Mujer, despierta, la violencia no es normal y tenemos que estar unidas para erradicarla y así no volver a repetir las historias de nuestros nombres, al contrario. Contar historias nuevas, historias de vida sin violencia.

Gracias.

MODERADORA: Senadora, si nos permite tenemos algunas preguntas. La primera de ellas es de Juan Pablo Guerrero, del Canal del Congreso.

PREGUNTA: Buenos días, senadora, María Elena, en primer lugar, preguntarte, María Elena, si has tenido alguna especie de acompañamiento para protección y seguimiento de tu caso por parte del gobierno federal. Y a la senadora, preguntarle qué es necesario hacer para que en las fiscalías locales se dejen de tener estos esquemas de protección a feminicidas.

MERO: Claro que sí, gracias. Durante dos años se estuvo gestionando hacia la fiscalía medidas cautelares para que pudieran cuidarme, pero lo que hacían desafortunadamente era enviarme a personas y sacarme información.

¿A qué me refiero con información?, ver cómo vivo, cómo viven mis hermanos, a dónde vamos, cuales son nuestras actividades. Y toda esa información se la daban a las hijas y esposa de mis agresores. Por eso es que se atrevían y se siguen atreviendo a amenazarme. Porque saben dónde me encuentro.

Es más, como lo mencioné en mi discurso, ha sido la propia defensa quien me amenaza, publica riéndose dónde estoy.

A raíz de esta situación me vi en la necesidad de tocar la puerta con Alejandro encinas y fue quien me facilitó la protección del mecanismo. Gracias a él es que tengo un poco de seguridad y un poco de tranquilidad.

KLR: Sin duda son distintas vertientes las que hay que fortalecer. Primero que nada hay que fortalecerlo en términos legales, por eso es que nosotros empezamos diciendo, solicitamos, exigimos aquí al Senado de la Republica que se dictaminen las iniciativas de la materia.

Segundo, es necesario, como bien lo ha dicho Malena, que los instrumentos que el Estado mexicano tiene, como el mecanismo, pues de inicio tenga más presupuesto. Ya hemos visto el presupuesto de este año por venir y resulta muy complicado a la luz de la realidad, tanto de defensores de derechos humanos como de periodistas.

Y tercero, toca a las autoridades locales hacer su trabajo, que haya una fortaleza normativa local y que haya también una fortaleza institucional.

Me parece que el día de hoy yo diría el privilegio de escuchar a Malena no lo podemos soslayar, no solamente porque sea 25 de noviembre, sino porque bien lo ha relatado ella, es una serie de circunstancias institucionalizadas, desde lo municipal, lo estatal y lo federal. Y todo se tienen que corregir.

De inicio, se tiene que ver en dónde está el error y se tiene que empezar a corregir. Yo quiero agradecerle a ella por sus palabras. Me parece que tocan a las mujeres y a los hombres, pero deberían tocar también a las personas del poder, porque es ahí en donde se concentra la decisión o la omisión, como es este caso.

Gracias.


25 de noviembre de 2021 

Versión de la conferencia de prensa ofrecida por la senadora Kenia López Rabadán, acompañada por María Elena Ríos Ortiz, para hablar sobre el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

SENADORA KENIA LÓPERZ RABADÁN (KLR): Muchas gracias a quienes nos acompañan de los medios de comunicación.

Este 25 de noviembre, Día Internacional para Erradicar la Violencia contra las Mujeres, quiero agradecer de manera muy enfática la presencia de María Elena Ríos Ortiz, una mujer que ha demostrado frente a las adversidades su fortaleza, su valentía y su inteligencia.

Hoy más que nunca es necesario alzar la voz y visibilizar la grave situación de violencia que vivimos las mujeres en nuestro país.

Aquí, en México se asesinan a más de 11 mujeres diariamente, todos los días se presentan más de 600 denuncias por violencia doméstica.

La lucha contra esta violencia hace que las mujeres hoy levantemos la voz.

Sin embargo, no es una lucha de un solo día, es una lucha constante y de todas y de todos.

En el caso de María Elena, desde aquí, desde el Senado de la República hacemos un llamado para que sea dictaminada lo antes posible la iniciativa que presenté a inicios de julio del año pasado, la cual busca adicionar el artículo 297 bis del Código Penal Federal para que se condene hasta con 26 años de prisión a quienes ataquen a mujeres con ácido o sustancias químicas.

María Elena cuenta conmigo, cuenta con este Senado y juntas sigamos exigiendo justicia.

Hoy, en esta mañana, este micrófono es para ti. Adelante, hermosa.

MARÍA ELENA RÍOS ORTIZ (MERO): Muy buenos días a todas, a todos y a todes.

Hace 61 años, en República Dominicana, un dictador le frustró la vida patria a Minerva y María Teresa Mirabal, sin imaginar que la metamorfosis de estas hermanas llegaría lejos, tan lejos hasta llegar al día de hoy.

Considero que no es un día para celebrar, es doloroso rememorar el motivo; sin embargo, cada día, en cada rincón de nuestros territorios, somos las mujeres quienes luchamos para librar batallas de toda una guerra en contra de nosotras.

No soy la saxofonista agredida con ácido, mi nombre es María Elena Ríos Ortiz, de profesión comunicóloga y saxofonista, sí, me intentaron matar con ácido, pero yo no soy ese hecho para quedar bautizada de esta manera.

Me quemaron como a tantas mujeres acusadas de brujas, cuando su único pecado fue difundir la magia del conocimiento y rechazar los dogmas impuestos; mucho me ha costado estar el día de hoy aquí para que me honren con su presencia, prestándome sus oídos y regalándome su escucha.

Me hubiese gustado ocupar este espacio para festejar algún proyecto que consolidara nuestra hermandad comunitaria de nuestro querido México, pero desafortunadamente será para expresar y hacer eco a las violencias que matan a cientos de hermanas caídas bajo las balas, el ácido, los golpes y torturas de un hombre.

Esto se debe a la violencia estructural y sistemática de nuestro país, porque crecer en esta nación implica obedecer conceptos, pero no se nos enseña a deconstruir múltiples narrativas machistas; la estructura de esta nación nos obliga a usar faldas y no pantalones en la escuela, a comportarnos con decencia, a no ser libres de externar una sonrisa honesta; de lo contrario, provocaremos el desenfrenado (inaudible) bestial de un hombre, quien saldrá y nos hará daño como siempre, porque, al final de todo, de una es la culpa.

Esto no es reciente. Desde hace cientos de años nos lo han hecho creer, pero no es así, no tenemos la responsabilidad de las zafias del género masculino, no pretendo generalizar, pero sí tenemos que aprender a reconocer con humildad que la mayoría de los hombres hacen válida su virilidad mediante la violencia hacia una mujer.

A la mayoría de ellos se les olvida que una mujer fue la que los parió, y viven con orgullo aplaudiendo “ego-sosamente” los arcaicos y retrógrados logros violentos hacia nosotras, así como encubrir desde diferentes trincheras a sus hermanos agresores.

A otros se les olvida que los hijos comen y se desentienden de sus responsabilidades; actualmente, muchos de ellos tomarán protesta como presidentes municipales, diputados y senadores; en serio, ¿ellos te representan?, porque a mí no.

Nos han acostumbrado tanto a la cultura del esfuerzo y el sacrificio, que exigir los derechos de nuestros hijos pareciera el acto de traición a nuestra dignidad, el caso de María Elena Ríos Ortiz no es el único en su índole, de lo contrario díganme si mi nombre y mi historia no les recuerda a ustedes, mujeres.

María fue una niña que a la edad de 10 años la comenzaron a acosar, ella sólo iba por dulces a la tienda cuando varios hombres adultos le chiflaban y hacían sonidos parecidos a linchar una lengua; esta niña no tenía desarrollado el concepto de qué es el acoso, porque una niña a esa edad sólo quería jugar a la comidita, ver caricaturas, sonreír y saborear un dulce mientras jugaba a las escondidas.

María amaba tocar en la banda municipal de su pueblo, era una niña y la más pequeña; cuando sus compañeros hombre se equivocaban por no estudiar, ella resonaba en su saxofón ese pasaje musical, posteriormente le solicitarían que saliera de la banda porque no querían continuar con ella por ser mujer.

María fue una adolescente que pensó haber descubierto el amor y lo imaginaba como en los cuentos de princesas, en donde todo es dulzura, pero en realidad sólo descubrió que el amor es obedecer a los deseos de un novio, de lo contrario mostraría unas fotografías que le tomó sin su consentimiento.

A María le daba mucha ilusión estudiar pronto de manera formal y desarrollar sus habilidades, pero el mundo de afuera le garantizaba más exponerla que formarla, y cuando por fin tuvo la edad suficiente para hacerlo, los acosos volvieron a brotar en las aulas porque la violencia no es sinónimo de ignorancia ni de “prietud”, a mí me agredió un rubicundo de cuello blanco, diputado, por cierto.

La violencia alcanza y se ejerce desde las grandes élites, desde la política, desde este Estado-nación.

Han pasado más de 2 años y si no hubiera sido por el reclamo de mi hermana, al verme moribunda con la piel podrida, si una no hubiese hecho una nota periodística, si una doctora no me hubiese hecho las cirugías correctas, si no hubiese tenido el cuidado de las manos santas de mi madre, sin el conocimiento entero de mis abogadas, sin el espacio que me brinda hoy la senadora Kenia, muchas gracias, que por cierto, senadora de la Ciudad de México y no de Oaxaca, sin las organizadoras de este espacio y sin la rabia infinita de mis hermanas mexicanas, hoy yo no estuviera aquí.

Como dije en un principio, no voy a generalizar porque sería injusto premiar con una aureola a todas las mujeres y tildar de aberrantes a todos los hombres, porque los hombres de mi familia también me cuidaron, no les dio miedo llorar, ni tampoco vergüenza de hablarle a Dios.

Sin embargo, llevo en mi memoria a mujeres, mismas que tuvieron un cargo público con la posibilidad de por lo menos pronunciarse por lo que me hicieron, como senadoras, como músicas, como cantantes, como servidoras o simplemente como paisanas, mismas que el día de hoy buscan escalonar más alto para prolongar el poder de los hombres que se encuentran detrás de ellas.

Si bien es cierto, los espacios que fueron ocupados enteramente por hombres, gracias a las luchas y sangre derramada de mujeres valientes, ahora también son habitados y accionados por mujeres, y digo habitados porque entre estar y accionar hay una diferencia categórica.

Lamentablemente, la paridad no ha garantizado a erradicar la subordinación, esta subordinación que existe con fuerza en las legislaciones y representaciones populares.

Nunca se me olvidará cuando una legisladora paisana mía, cuando mi hermana le pidió ayuda para trasladarme a un hospital de aquí de la Ciudad le contestó: “¿qué? ¿y sabes tan solo cuánto cuesta una torta de ese hospital?” y hoy quiere ser gobernadora de mi estado.

Así también existen subordinadas que se pintan de morado en las marchas, que publican de naranja los 25 de cada mes, que con ponerse un huipil extrañamente asumen que ayudan, si legislar no es una campaña publicitaria, legislar es escuchar, comprender, entender, accionar, pero sobre todo respetar a nuestras otras,  de lo contrario también se genera y ejerce violencia. Con esto no quiero decir que odio a las que no fomentan sororidad, sus razones tendrán, quizá no les permiten entender está realidad los hombres que la subordinan.

De mi parte y de corazón las invito a que nos unamos y seamos un mismo frente, yo soy orgullosamente oaxaqueña, porque las mujeres de mi tierra a pesar del patriarcado impregnado en las comunidades estamos comenzando a tener la cultura de la denuncia, estamos aprendiendo a ser guerreras como la princesa mixteca 6 monos, pero también vengo de un estado de la República en donde desafortunadamente la folclorización del machismo, la prietud, pobreza, la cosmovisión y diversidad sexual son un referente económico que beneficia sí, como siempre, a unos pocos, que invisibiliza realidades y exime al Estado y sus instituciones de las muertes de nuestras hermanas .

Hoy se cumplen 809 días desde que me quisieron matar con ácido y sigo aquí, clamando justicia como siempre, clamando imparcialidad, fueron cinco los cobardes que lo intentaron hacer, cuatro de ellos encuentran en prisión preventiva o se encontraban, porque uno murió por causas que hasta la fecha desconozco; el quinto implicado sigue libre, sigue prófugo y con todo el fuero que le brinda el estado de Oaxaca, lo visto con mis propios ojos en la calle, pero el hombre fiscal de ese entonces, Rubén Vasconcelos Méndez, se dedicó a protegerlo, pero ahora es premiado con la Secretaría del Bienestar Social, y ahora el nuevo hombre fiscal, Arturo Peimbert Calvo, prefiere vanagloriarse en el centro histórico de Oaxaca con su ostentosa motocicleta, de festejar su cumpleaños por cuatro días consecutivos y sentarse encerrado en su linda oficina, delegando la responsabilidad a la sociedad para encontrar a mi agresor.

A los dos y sus pupilos, en esta masacre les recuerdo a las más de 574 víctimas de feminicidio impunes en Oaxaca, eso sin contar a las que aún están bajo el anonimato.

Hoy se cumplen 45 días exactamente, días de aquella noche en que me llamó el fiscal Arturo Peimbert, todo azorado por haber evidenciado su incumplimiento para capturar a mi agresor; desafortunadamente me da vergüenza, me da vergüenza que los oaxaqueños tengamos un fiscal que vive de las redes sociales y teme a que dañen su honra, pero ¿y nosotras?, ¿nuestra honra y vida no importan?

Esa misma noche me pidió que ya no lo evidenciara en redes sociales y me hizo nuevamente la promesa y juramento de capturar en mes y medio a mi agresor, “Male, por favor dame chance, en un plazo de mes y medio lo capturo”. Tengo que lidiar con su susceptibilidad porque hasta la fecha no me contesta ni una sola llamada, en Oaxaca se protegen más a los turistas que a los herederos de la tierra y quienes cuidamos de la vida.

Si con esas mismas agallas buscarán a nuestros agresores no sería necesario militarizar nuestros entornos, tengo que soportar las incontables violaciones a mis derechos humanos por parte de jueces y magistrados, sí, porque simplemente no hay orden, porque con una comida y unas buenas chelas mis agresores los dejan manipular a su antojo, dejando expuestos y vulnerables a decenas de mujeres y niños en el estado.

A diario soporto las ofensas y humillaciones de la defensa de mi agresor, conformado por mujeres y hombres, nombrándome con adjetivos como –voy a suavizarlos– la señorita es una jumenta por haber estudiado en escuelas públicas; es una menesterosa por exigir que le reparen el daño; de india no me sacan por tener sangre mixteca, y de grosera no me sacan por defenderme de sus clientes criminales.

A mí no me da vergüenza ser quien soy y en quién me estoy metamorfoseado, vergüenza robar, delinquir, matar y defender a feminicidas. Tengo que vivir con el miedo junto a mi familia, ya se nos hizo costumbre brincar de la cama si escuchamos un ruido extraño, de quedar anonadados cuando nos llama un número desconocido o cuando simplemente tocan a nuestra puerta, y encima de todo esto, tener que soportar la incitación a la violencia y el odio germinado por parte de la familia de mi agresor, quien pisotea la dignidad de mujeres por 500 pesos y así colgarles pancartas con títulos como “Juan Vera a mí me ayudó”; “Juan Vera es inocente”; “Libertad para Juan Vera”; “María Elena enseña tu cara, mentirosa, deja de esconder tu rostro”. Ustedes, ustedes dejen de esconder a su hermano el feminicida, porque eso es, un feminicida cobarde que no me da la cara.

Disfrazan de feministas a mujeres de escasos recursos, manchando la lucha de cientos de mujeres que dieron su sangre para sabernos en este movimiento, o bien con su Fundación Beca Vera Carrizal, la cual tenía investigación por lavado de dinero y huachicol, cuentas congeladas por más de 503 millones de pesos y esta información no la digo yo, está pública desde que Santiago Nieto, ex titular de la UIF, fue a hacer su teatrito a mi natal Oaxaca, y digo tenía porque no sé qué se deba que la UIF le dejara de dar seguimiento. Tanto fue así que a la fecha esas cantidades se esfumaron.

Actualmente, mi agresor y su familia están coadyuvando con organizaciones y frentes facinerosos para congregarse en supuestas manifestaciones y respaldar a su padre y hermanos feminicidas, porque esos son.

Tengo que vivir con miedo mientras que mi agresor se encuentra internado en el penal de Tanivet, en Tlacolula, Oaxaca; sí, un hotel, un hotel de cinco estrellas que le brinda una celda VIP, frente a la enfermería, con la mejor cama, en dónde tiene acceso a su teléfono celular, pantalla de TV, refrigerador, microondas y visitas fuera del horario establecido, por mencionar algunos de sus tantos beneficios, ¿verdad?

Pero todo esto no sería una realidad si no fuera por el secretario de inseguridad pública, Heliodoro Díaz Azcárraga y el subsecretario de decepción social, Jacobo Olaf Rodríguez García, y aun así, este pasado 22 de noviembre el mal, pero muy mal consejero de la defensoría de los derechos humanos de los pueblos de Oaxaca, Emilio De Gyves Montero, se atrevió a solicitar medidas cautelares para mí agresor y así pueda llevar el proceso desde la comodidad de su casa.

Y digo tan solo unos cuantos nombres de una lista larga que jamás se borrara de mi cabeza, por lo que las cosas se deben de decir así.

Las mujeres ya nos cansamos de que siempre griten nuestro nombre y omitan el de ellos, los abusadores, los feminicidas, los verdaderos criminales; no soy la única mujer que ha soportado y tolerado la putrefacción y hedor de estas violencias y violaciones a los Derechos Humanos; tengo la certeza que la historia de mi nombre está repetida en cientos de mujeres en Oaxaca y en todo este bello país.

Mujer, tú que me estás escuchando sabes que esto es verdad, porque lo ha vivido tu madre, tu hermana, tus amigas, primas, tus vecinas y, peor aún, lo has vivido carne propia al igual que yo.

Pero ha sido Estado feminicida, este Estado fallido liderado por ideas machistas el que ha nublado tu conciencia.

Dejemos de obedecer a la confrontación de nuestro género. Mujer, despierta, la violencia no es normal y tenemos que estar unidas para erradicarla y así no volver a repetir las historias de nuestros nombres, al contrario. Contar historias nuevas, historias de vida sin violencia.

Gracias.

MODERADORA: Senadora, si nos permite tenemos algunas preguntas. La primera de ellas es de Juan Pablo Guerrero, del Canal del Congreso.

PREGUNTA: Buenos días, senadora, María Elena, en primer lugar, preguntarte, María Elena, si has tenido alguna especie de acompañamiento para protección y seguimiento de tu caso por parte del gobierno federal. Y a la senadora, preguntarle qué es necesario hacer para que en las fiscalías locales se dejen de tener estos esquemas de protección a feminicidas.

MERO: Claro que sí, gracias. Durante dos años se estuvo gestionando hacia la fiscalía medidas cautelares para que pudieran cuidarme, pero lo que hacían desafortunadamente era enviarme a personas y sacarme información.

¿A qué me refiero con información?, ver cómo vivo, cómo viven mis hermanos, a dónde vamos, cuales son nuestras actividades. Y toda esa información se la daban a las hijas y esposa de mis agresores. Por eso es que se atrevían y se siguen atreviendo a amenazarme. Porque saben dónde me encuentro.

Es más, como lo mencioné en mi discurso, ha sido la propia defensa quien me amenaza, publica riéndose dónde estoy.

A raíz de esta situación me vi en la necesidad de tocar la puerta con Alejandro encinas y fue quien me facilitó la protección del mecanismo. Gracias a él es que tengo un poco de seguridad y un poco de tranquilidad.

KLR: Sin duda son distintas vertientes las que hay que fortalecer. Primero que nada hay que fortalecerlo en términos legales, por eso es que nosotros empezamos diciendo, solicitamos, exigimos aquí al Senado de la Republica que se dictaminen las iniciativas de la materia.

Segundo, es necesario, como bien lo ha dicho Malena, que los instrumentos que el Estado mexicano tiene, como el mecanismo, pues de inicio tenga más presupuesto. Ya hemos visto el presupuesto de este año por venir y resulta muy complicado a la luz de la realidad, tanto de defensores de derechos humanos como de periodistas.

Y tercero, toca a las autoridades locales hacer su trabajo, que haya una fortaleza normativa local y que haya también una fortaleza institucional.

Me parece que el día de hoy yo diría el privilegio de escuchar a Malena no lo podemos soslayar, no solamente porque sea 25 de noviembre, sino porque bien lo ha relatado ella, es una serie de circunstancias institucionalizadas, desde lo municipal, lo estatal y lo federal. Y todo se tienen que corregir.

De inicio, se tiene que ver en dónde está el error y se tiene que empezar a corregir. Yo quiero agradecerle a ella por sus palabras. Me parece que tocan a las mujeres y a los hombres, pero deberían tocar también a las personas del poder, porque es ahí en donde se concentra la decisión o la omisión, como es este caso.

Gracias.

Texto y Foto: Grupo Parlamentario del PAN en el Senado de la República