Redadas contra mexicanos | Ricardo Monreal Ávila

Antilogía

Todo indica que los próximos cinco años serán de grandes oleadas de migrantes en dos regiones del planeta: el África subsahariana y Centroamérica.

Estos grandes desplazamientos humanos no son voluntarios. Son movimientos migratorios forzados por varios factores: el cambio climático, la pobreza, la hambruna y la violencia.

La región agrícola de Honduras lleva cinco años de sequías intensas. El ganado se muere y los cultivos se agusanan. Seguir allí es solo para esperar la hambruna y luego la muerte. Los labradores prefieren entregar sus tierras a los enganchadores de migrantes, a cambio de llevarlos a ellos y a sus familias a Estados Unidos.

Saben del calvario que van a padecer: cruzar Guatemala es un riesgo, pero transitar por México es una odisea. Conocen las vejaciones, las extorsiones y hasta el peligro de morir por asfixia en la caja de un tráiler, de caer del tren “La Bestia” en un tramo selvático o de ser entregados a bandas de delincuentes secuestradores. Aún así, deciden arriesgar lo único que tienen: su vida, su familia y su última esperanza.

Esta oleada migratoria es distinta de las que registraron en sus orígenes el capitalismo norteamericano y el europeo. La Revolución Industrial demandaba mano de obra estandarizada, con educación y habilidades técnicas básicas, y culturalmente homogénea. No era una migración forzada, sino movida voluntariamente por los ideales de libertad y la fundación de un nuevo mundo.

Estos migrantes revolucionaron la agricultura, la industria, la ciencia, la educación y hasta las estructuras políticas y las formas de gobierno. Fundaron e impulsaron una nueva civilización.

Desafortunadamente, nada de esto ven ahora quienes se oponen a recibir nuevos migrantes tanto en Estados Unidos como en Europa. Los perciben como una amenaza, una invasión y un peligro para la sobrevivencia y el futuro de sus naciones. Auténticos aliens.

La larga recuperación del ciclo económico en Estados Unidos y en Europa, después de la crisis financiera de 2008, ha contribuido a que el discurso político antiinmigrante, plagado de prejuicios xenófobos, racistas y discriminatorios, crezca y se extienda como la hierba en un humedal. De hecho, es una dimensión inédita de la llamada “guerra de civilizaciones”, en la que el miedo, la segregación y el exterminio del “otro” o del “diferente a mí” se impone como divisa.

México debe zafarse de esa tendencia antiinmigrante que recorre el mundo, y aclarar paradas con el gobierno estadounidense. Por ejemplo, debe asentar que la disposición del Estado mexicano a la cooperación, la colaboración y la coordinación en materia migratoria no se debe confundir con la subordinación, la dominación o la humillación.

Si es cierto eso de que “México está aportando más que los demócratas para detener la migración en la frontera sur”, entonces es hora de hacer valer este bono político en Washington. ¿Cómo? Planteando dos cuestiones muy concretas en la actual coyuntura: por un lado, la no inclusión de mexicanos en las redadas masivas; por el otro, el inicio de un programa de regularización para los millones de connacionales que se encuentran “sin papeles” en el vecino país del norte.

Debe quedar bien claro que México es un aliado estratégico de Estados Unidos, no un empleado sumiso al que se puede ningunear.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

@RicardoMonrealA

Publicado por Milenio