Segunda intervención de Laura Itzel Castillo Juárez, presidenta del Senado de la República, en el Acto de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto y en Recuerdo a Don Gilberto Bosques Saldívar

Ciudad de México, 27 de enero de 2026

Muchas gracias.

Agradezco a la senadora Reyna Celeste Ascencio, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, por sus inspiradoras palabras, y al señor Gilberto Bosques Tistler, por su emotivo mensaje, en el que nos ha compartido memorias sobre la vida y obra de su abuelo.

Ambas intervenciones confirman que esta conmemoración, más que un acto protocolario, ha sido un espacio de encuentro entre la memoria colectiva y la responsabilidad pública.

Después de haber escuchado la video-semblanza y el testimonio de su familia, nos queda claro que el legado de Don Gilberto no pertenece sólo al pasado. Por ello, más que repetir datos de su biografía, quisiera reflexionar sobre el significado profundo de su trayectoria para la diplomacia mexicana.

La vida de Don Gilberto Bosques es hoy un referente del humanismo mexicano, el cual nos interpela como parlamentarios y parlamentarias, como servidoras y servidores públicos, y como ciudadanas y ciudadanos de este hermoso país.

Su legado da cuenta de un humanismo que no permaneció en el terreno solamente de las ideas, sino que se expresó en decisiones concretas.

Un humanismo que se puso a prueba cuando la vida de otras personas dependió de la voluntad, del valor y de la convicción ética de quien entonces representaba al Estado Mexicano.

Desde su labor diplomática, supo asumir una responsabilidad frente al otro, entendiendo que la representación de México en el exterior no podía ser indiferente ante la persecución y la violencia.

Ese legado forma parte de una tradición más amplia que ha marcado la historia de la diplomacia mexicana, una tradición que reconoce la dignidad humana como principio irrenunciable, y que entiende el asilo y la hospitalidad, no como concesiones, sino como compromisos éticos del Estado Mexicano.

A eso es a lo que hoy llamamos humanismo, Humanismo Mexicano, una visión que coloca a las personas en el centro, que privilegie el diálogo y que apuesta por los acuerdos y la cooperación, pero nunca por la subordinación.

En ese sentido, la figura de Don Gilberto Bosques representa una de las expresiones más importantes de esa tradición.

Su actuar nos recuerda que, incluso en los contextos más adversos, es posible elegir la solidaridad, que el servicio público puede ejercerse con valentía y que la responsabilidad del Estado se mide también por su capacidad de proteger a quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad.

Me enorgullece que ese legado permanezca vivo en las instituciones que lo honran y que continúe su vocación.

En ese sentido, el Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques, es un ejemplo claro de ello, no sólo por llevar su nombre, sino por asumir día con día la tarea de fortalecer la labor internacional del Senado de la República con profesionalismo, rigor y compromiso.

El Centro fortalece nuestro trabajo parlamentario al elaborar análisis oportunos, respaldar la diplomacia parlamentaria, y cuidar el protocolo como un espacio fundamental para el diálogo entre pueblos y naciones.

Su labor es un apoyo constante para las senadoras y senadores y para los órganos de gobierno de las cámaras.

Desde la Mesa Directiva, reconocemos profundamente este trabajo y agradecemos su disposición permanente y su compromiso institucional.

De manera especial, reconozco al maestro Salvador Caro Cabrera, coordinador general del Centro, así como a todo su equipo. Su labor constante y profesionalismo es fundamental para que esta Cámara de Senadores y Senadoras, digo yo, pueda cumplir con responsabilidad su papel en el ámbito internacional.

El haber nombrado al Centro como Gilberto Bosques es sobre todo un recordatorio de que la diplomacia, cuando se ejerce con vocación humanista contribuye a un mundo más justo.

Hoy cuando vuelven a surgir discursos de odio y de exclusión, comienzan a normalizarse en muchas partes este tipo de cuestiones, el legado de don Gilberto adquiere una vigencia, decimos nosotras, muy profunda.

Nos recuerda que el desprecio hacia el otro puede iniciar con palabras, pero inevitablemente termina en la negación violenta de su dignidad. Frente a ello, la memoria nos exige responsabilidad, nos llama a no ser indiferentes y mantenernos muy firmes ante cualquier forma de discriminación y violencia.

En esa tarea, el humanismo mexicano impulsado por la presidenta, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, nos convoca a todos y a todas a defender la dignidad humana como el centro de las decisiones del Estado mexicano.

Que esta conmemoración nos permita renovar, desde luego, ese compromiso. Que la memoria de don Gilberto Bosques Saldívar nos recuerde, día con día que el servicio público puede ser una forma de acción, de justicia, pero también, desde luego, de esperanza y que la diplomacia cuando se ejerce con conciencia ética y con valentía siga siendo una manera de defender la vida y de estar al lado de todos quienes más lo necesitan.

Muchas gracias a todos y todas.

Texto y Fotografía: Cámara de Senadores