¿Una “nueva” oposición? | Leopoldo Gómez

Tercer Grado

El triunfo arrollador de Morena en las elecciones de 2018 desmoronó y mandó a la oposición a los que, en ese entonces, eran los tres grandes partidos nacionales. El PRI quedó en la lona, el PAN sin rumbo y el PRD al borde de la extinción.

La coalición que llevó a Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de México también obtuvo mayoría en las dos cámaras del Congreso de la Unión y en gran parte de los congresos locales.

A un año de aquel tsunami electoral, como ya he expresado en este espacio, nadie ha enarbolado con éxito la bandera opositora. En la arena política no se asoma quien se oponga al presidente López Obrador, tal como él lo hizo de manera firme y persistente con sus antecesores Fox, Calderón y Peña.

En este momento no se vislumbra una oposición sólida desde los partidos actuales, pero tampoco hay muchas esperanzas de que por otras vías surja una alternativa que sirva de contrapeso al gobierno de AMLO.

Un centenar de organizaciones interesadas en convertirse en partidos para competir en las elecciones de 2021 y las presidenciales de 2024 inició su proceso de registro en enero pasado. Lo cierto es que en este momento solo dos parecen tener la posibilidad de conseguirlo y son precisamente las que cuentan con una estructura probada: Redes Sociales Progresistas, vinculada a Elba Esther Gordillo y al magisterio, y Encuentro Solidario, integrada por ex dirigentes del extinto PES. Ambas han cumplido con más de 40% de las asambleas necesarias y con alrededor de 20% de los afiliados requeridos.

En contraste, México Libre de la ex panista Margarita Zavala y el ex presidente Felipe Calderón apenas lleva 10% de las asambleas y 7% de los afiliados necesarios; prácticamente lo mismo que reporta Movimiento Ambientalista Social por México de Nicolás Mollinedo, “Nico”.

En estas circunstancias, ninguno de los posibles nuevos partidos podría convertirse en una oposición con la credibilidad suficiente para encarar a Morena y a sus aliados. Sería más factible que un liderazgo opositor surgiera de los partidos tradicionales —si es que consiguen recuperarse— desde el ala de las candidaturas independientes —si mejoran su desempeño en las urnas— o, incluso, de alguna escisión del partido gobernante.

Publicado por Milenio