Muchos frentes

Ciudad de México, 12 de enero de 2026

Aunque Pese

Por Salvador Martínez G.

A menos de un año de haber asumido la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump ha abierto muchos frentes, quizás más de los que pueda controlar, en momentos en que lo único cierto en el mundo es su instabilidad y los riesgos de pasar de una Guerra Fría a una conflagración universal.

Lo ocurrido en Venezuela con un ataque bélico para detener a un jefe de Estado y apropiarse de su gobierno es sólo uno de los frentes abiertos de Trump; está también la amenaza sobre Groenlandia de apoderarse de la isla por la vía pacífica o violenta; las incursiones armadas en Siria contra los barrios curdos de Alepo; las tensas relaciones con Irán, con la intención de acabar con su gobierno.

Otros frentes se encuentran fijados contra Cuba, Honduras y Colombia, sin poder olvidar las frecuentes amenazas de una intervención armada en México para capturar a los capos de los cárteles de la droga.

Todo ello lo ha desatado en menos de 12 meses y advierte que en este año pudiera ser peor, sin que hasta el momento ningún grupo de naciones o potencias se le haya puesto enfrente para evitar tanta arbitrariedad, porque se deduce que la propuesta es un nuevo orden mundial trilateral con Rusia y China en los otros extremos del triángulo.

En este mapa de abusos y riesgos no se puede omitir la guerra de Israel con Palestina en la Franja de Gaza ni mucho menos la guerra de Ucrania, en la que Rusia cada vez domina con mayor fuerza el territorio ocupado que alega que es suyo.

En los sueños de Trump se encontraban los acuerdos de paz para Medio Oriente y Ucrania, pero esto se ha complicado más de lo que se esperaba mientras él amplía la zona de conflicto directa para Estados Unidos, con lo que pretende mostrar al mundo que su poder es prácticamente invencible, lo cual no es cierto.

El 2026 puede ser decisivo para lograr establecer un nuevo orden mundial o sumirse en el caso de una guerra nuclear, quizá la última que pudiera ver la humanidad.

SUSURROS

Los asechos tumpianos y su política arancelaria han complicado a México su potencia de crecimiento y desarrollo, a pesar de la inteligencia mostrada por la presidenta Claudia Sheinbaum para reaccionar con prudencia y habilidad ante Washington.

El pasado año, el crecimiento nacional fue de apenas medio punto porcentual y para éste se proyecta 1.3 por ciento al alza, lo cual es incipiente para satisfacer las necesidades de la población nacional.

En este contexto fue sabio que ayer negociaran telefónicamente Sheinbaum y Trump en un ambiente de cordialidad, pero con el presidente convicto nunca se sabe nada ni existen acuerdos perdurables.

Por lo pronto, México requiere de mayores inversiones para impulsar la industria, la producción y el comercio exterior. Veremos.

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