Discurso de Laura Itzel Castillo Juárez, presidenta del Senado de la República, durante el 109 Aniversario de la Promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917

Santiago de Querétaro, Querétaro, 5 de febrero de 2026

Muy buenos días -todavía- tengan todas y todos ustedes.

Saludo con mucho respeto y admiración a nuestra presidenta, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, la primera presidenta en los más de 200 años de independencia de nuestro país.

También saludo al ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el maestro Hugo Aguilar Ortiz, y a la presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados y Diputadas, la doctora Kenia López Rabadán.

Saludo a todos los invitados especiales que se encuentran el día de hoy, desde luego, a quienes integran este presídium.

Es para mí verdaderamente un gran honor estar el día de hoy aquí, en este Teatro de la República, donde en el año de 1854 resonaron por primera vez las estrofas de nuestro Himno Nacional; y donde, años más tarde, se promulgó la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en 1917.

Esta conmemoración del 109 Aniversario de nuestra Carta Magna, nos invita a reconocer que las grandes transformaciones de México han quedado siempre plasmadas en nuestra Constitución.

La lucha por la independencia que encontró un cauce en los Sentimientos de la Nación, de José María Morelos y Pavón, consolidó su deseo de libertad en la Constitución de 1824.

La reforma liberal, encabezada por Benito Juárez, dio origen a la Constitución de 1857.

Así, al costo de una guerra civil y de una intervención extranjera, se separó al Estado de la iglesia.

Más tarde, las luchas campesinas y obreras de la Revolución Mexicana, que buscaban derrotar a un régimen dictatorial salvaje, culminaron en la primera Constitución del mundo en reconocer los derechos sociales, como la educación pública, el derecho a la tierra y los derechos laborales.

Desde el año 2018, México vive un nuevo proceso de transformación de la vida pública, en el que el pueblo decidió, por una vía democrática y pacífica, que el Estado debía recobrar el sentido social perdido durante esa gran noche neoliberal, durante esa larga noche neoliberal.

En 2024, las mexicanas y los mexicanos dimos el respaldo sin precedentes en las urnas a este proyecto de transformación.

Por eso, desde el Poder Legislativo asumimos una responsabilidad histórica: cimentar un Estado constitucional de bienestar.

Por el alcance de estas reformas realizadas, me enorgullece decir que hemos actuado como un auténtico Congreso Constituyente.

Hasta hoy, hemos aprobado más de 20 reformas constitucionales que fortalecen la justicia, la igualdad y la prosperidad compartida.

Entre ellas, promovimos la Reforma Constitucional, enviada por nuestra presidenta, para garantizar la igualdad sustantiva y el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia.

En este camino, recuperamos el legado de mujeres que nos abrieron brecha hace mucho tiempo, como las que participaron en el Primer Congreso Feminista de Yucatán en el año de 1916.

También aprobamos la Reforma para reconocer a los Pueblos Indígenas y Afromexicanos como sujetos de derecho público para reparar esa deuda histórica del Estado mexicano.

Y no podemos dejar de destacar la reforma al Poder Judicial, porque colocó a las y los mexicanos en el centro de una renovación democrática para asegurar un auténtico sistema de justicia cercano a la gente, cercano a la ciudadanía.

Todos estos cambios no sólo recuperan, sino que profundizan el legado histórico de nuestras constituciones, lo que se ha traducido en políticas públicas que han logrado sacar de la pobreza a más de 13.5 millones de personas.

En este tiempo histórico en el que México es gobernado por primera vez por una mujer, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, la transformación es impulsada por la fuerza de las mujeres. Por eso nos enorgullece decir junto a ella que: ¡Llegamos todas!

Nuestra presidenta es ejemplo mundial por su entereza, por su carácter, por su capacidad diplomática, que nos ha enseñado cómo conducirnos frente a los embates de carácter internacional. Un reconocimiento a su labor, porque realmente ha puesto en alto el nombre de nuestra patria y de la soberanía nacional.

No podemos olvidar que venimos de lejos, de luchas que sembraron paciencia y rebeldía, de esfuerzos que realizaron lo que durante mucho tiempo parecía imposible: la democracia, la justicia, la defensa de los derechos humanos, las garantías individuales que se plasmaron en la Constitución desde 1917 y, desde luego, en contra de la represión.

Decimos que, como escribió Eduardo Galeano, “la utopía siempre parece estar en el horizonte. Caminamos unos pasos y ella parece alejarse unos pasos más”. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Pues sirve para eso, sirve para caminar, para seguir caminando y no cansarnos.

Hoy, el artículo primero de la Constitución ha convertido ese caminar en un mandato constitucional, gracias al principio de la progresividad. Todas las autoridades, todos nosotros, los legisladores y las legisladoras debemos ampliar la protección de los derechos y la dignidad del pueblo.

Que esta conmemoración no sea sólo memoria del pasado, sino que sea un compromiso en el presente para mirar hacia el futuro.

Seguiremos legislando con energía a favor de la soberanía nacional, la independencia económica y seguir construyendo la Cuarta Transformación.

Muchas gracias y muchas felicidades a todos y a todas.

Texto y Fotografía: Cámara de Senadores