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Monreal Ávila expresa su respaldo a la iniciativa de la presidenta para reducir pensiones millonarias
Monreal Ávila anunció que respalda la iniciativa de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo que plantea reducir las pensiones millonarias de exfuncionarios.
“Nosotros vamos a respaldar esta iniciativa de la presidenta Claudia Sheinbaum de revisar las pensiones a la baja de un sector privilegiado, de instituciones como todo el sector financiero, Nafinsa, Banobras, comercio exterior y algunos otros sectores”, afirmó en entrevista Ricardo Monreal Ávila
El principio de No Intervención y el Museo Nacional
Ciudad de México, 19 de febrero de 2026
Candelero
Por Ricardo Monreal Ávila
El ex Convento de Churubusco en la CDMX alberga uno de los museos que deberíamos tener entre nuestros pendientes por visitar o volver a recorrer, si es que alguna vez ya estuvimos allí, como yo, mientras estudiaba mi posgrado. Es el Museo Nacional de las Intervenciones, donde se consignan los episodios traumáticos que ha experimentado el nacionalismo mexicano en su proceso de consolidación.
La temática principal de este museo de carácter histórico es singular; se relaciona con los aspectos fundamentales de la soberanía nacional: la potestad política más elevada de un pueblo libre para darse sus propias leyes y definir su camino. El artículo 39 de nuestra Carta Magna establece que “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.”
Asimismo, en el marco del derecho internacional, cualquier acción de un Gobierno foráneo que pretenda menoscabar esta facultad es considerada una intervención.
La soberanía es la piedra angular del orden internacional moderno; su origen se remonta al Tratado de Westfalia de 1648, que estableció el principio de que cada Estado posee autoridad exclusiva sobre su territorio y asuntos internos, sentando las bases del sistema de Estados-Nación que hoy conocemos.
Este principio fue formalizado y reforzado en el siglo XX, especialmente tras las devastadoras guerras mundiales. La Carta de las Naciones Unidas de 1945 es el texto fundamental que codifica esta prohibición, y en su Artículo 2 mandata a sus miembros “abstenerse en sus relaciones internacionales de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas.” Incluso si se tratara de un Estado que no forma parte de dicha organización, el párrafo 6 dispone que “La Organización hará que los Estados que no son Miembros de las Naciones Unidas se conduzcan de acuerdo con estos Principios en la medida que sea necesaria para mantener la paz y la seguridad internacionales”.
En el ámbito interamericano, este principio de soberanía estatal se refuerza con la Carta de la Organización de los Estados Americanos, que consagra el principio de No Intervención como una de sus normas fundamentales.
En su Artículo 3, este instrumento establece: “Todo Estado tiene derecho a elegir, sin injerencias externas, su sistema político, económico y social, y a organizarse en la forma que más le convenga, y tiene el deber de no intervenir en los asuntos de otro Estado. Con sujeción a lo arriba dispuesto, los Estados americanos cooperarán ampliamente entre sí y con independencia de la naturaleza de sus sistemas políticos, económicos y sociales.”
Dicha intervención puede adoptar diversas formas, desde una simple comunicación diplomática que cuestione o pretenda influir en las decisiones de un Estado soberano hasta una invasión militar.
En todos los casos, subyace la intención de imponer a una nación independiente determinadas medidas o posturas políticas contrarias a su voluntad.
Por ello, es tan relevante el propósito fundamental del Museo Nacional de las Intervenciones: custodiar y difundir la memoria de aquellos episodios en que México ha visto vulnerada su soberanía por parte de potencias extranjeras. En este tenor, a través de sus salas, se exhiben los vestigios más significativos de la injerencia foránea en el devenir histórico del país.
Este sitio nos recuerda que México es el país latinoamericano con más intervenciones militares directas en su historia: las más importantes son seis —cinco de ellas durante el siglo XIX y una al inicio del XX— y provinieron de España, Francia y Estados Unidos (EE. UU.); cada una, con grados diversos de impacto. Vale la pena tenerlas presentes, justo en el momento en que se vive un realineamiento de las potencias en el planeta; cuando este pasa por un reacomodo geopolítico territorial y, cuando de manera inverosímil, voces de afuera y de adentro juegan con la idea de una posible intervención militar en nuestro país, a causa de los cárteles criminales y del combate contra las drogas, especialmente el Fentanilo.
Aquí se detallan las principales intervenciones:
Intento de reconquista española (1829): el militar español Isidro Barradas intentó retomar México para su país, pero fue derrotado en Tampico.
Primera Intervención francesa o Guerra de los Pasteles (1838-1839): Francia bloqueó los puertos mexicanos para exigir pagos por supuestos daños a sus ciudadanos.
Intervención estadounidense (1846-1848): provocó la pérdida de más de la mitad del territorio mexicano (2.4 millones de kilómetros cuadrados), tras la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo.
Segunda Intervención francesa (1862-1867):
Francia invadió para establecer el Segundo Imperio Mexicano, con Maximiliano de Habsburgo.
Intervenciones de EE. UU. (1914 y 1917): incluyeron la ocupación del puerto de Veracruz en 1914 y la “Expedición Punitiva” contra Pancho Villa en 1917.
A estas seis intervenciones flagrantes hay quienes suman otras expediciones, como la misma conquista española (1519-1521), considerada la primera gran invasión que dio inicio a la época colonial, y algunas expediciones furtivas por tierra, mar o cielo, que no tuvieron la trascendencia de las mencionadas.
La ubicación geográfica de México, las riquezas de su suelo y subsuelo, así como su vecindad con el país que más intervenciones ha realizado en el planeta (alrededor de 400, desde su nacimiento como nación independiente), explican este historial de injerencias militares directas, cuya principal motivación política ha sido la división o la desunión en su vida pública.
En nuestra historia siempre habrá un Isidro Barradas, un Antonio López de Santa Ana, un Lorenzo de Zavala, un John Pershing, un Tomás Mejía o un Miguel Miramón que pedirán la intervención extranjera o participarán en alguna solicitud de injerencia política como forma de obtener en el exterior el apoyo que no consiguen al interior de México.
El Museo Nacional de las Intervenciones es un lugar para visitar, pero también para recordar —en estos tiempos de acoso e inestabilidad internacionales— que siempre habrá “masiosares” (sinónimo popular de “traidores”) listos para sumarse a los “extraños enemigos” que quieren un México sometido y dominado.