Mensaje de Laura Itzel Castillo Juárez, presidenta del Senado de la República, en Sesión Solemne en conmemoración del Día Internacional de las Mujeres

Ciudad de México, 4 de marzo de 2026

El 8 de marzo nos recuerda que cada derecho conquistado ha sido fruto de organización, de persistencia, de insistencia, y de una profunda convicción de justicia.

Nuestras voces rompieron silencios que parecían inquebrantables, los rompen hoy y los seguirán rompiendo mientras exista desigualdad.

Esta fecha surgió de la reivindicación de las movilizaciones obreras de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando mujeres trabajadoras alzaron la voz para exigir jornadas justas, salarios dignos, condiciones laborales humanas y el derecho elemental a vivir con dignidad.

En fábricas, calles y huelgas, mujeres organizadas desafiaron las estructuras que las relegaban a la invisibilidad.

Las tragedias industriales que arrebataron la vida de las trabajadoras, muchas de ellas migrantes, exhibieron con crudeza la explotación, la desprotección, todo lo que enfrentaban en esos momentos. Aquellas tragedias fueron la expresión brutal de un sistema que negaba a las mujeres su humanidad y su dignidad.

En 1910, se propuso establecer un día internacional para visibilizar estas luchas. En el año de 1917, la fuerza de una huelga de trabajadoras marcó un punto de inflexión histórico y en el año de 1975, la comunidad internacional reconoció oficialmente esta fecha, la del 8 de marzo, como símbolo de reivindicación global.

Ha pasado más de un siglo y, sin embargo, las razones que dieron origen a esta celebración, a esta conmemoración de la lucha que dieron origen a este día 8 de marzo, persisten.

La violencia contra mujeres y niñas, las brechas salariales, la carga desigual de los cuidados, la exclusión de los espacios de decisión y la discriminación estructural, nos recuerdan que la igualdad sustantiva sigue siendo una tarea pendiente que estamos construyendo, que seguimos construyendo.

Por eso, la fecha del 8 de marzo no es sólo para recordar, ¡sí!, recordar lo que hemos avanzado todas, pero reconocer lo que aún nos falta por transformar.

Desde esta cámara reafirmamos nuestro compromiso de legislar para cerrar las brechas de género, erradicar las violencias y asegurar que ninguna mujer, sin importar su origen, condición social, lengua, edad o territorio, vean limitado su proyecto de vida sólo por el hecho de ser mujer.

A las jóvenes que marchan les decimos con respeto y convicción que su indignación es legítima, que su voz es necesaria y que su energía es motor de cambio.

La historia demuestra que cada derecho conquistado comenzó con una incomodidad que alguien se atrevió a expresar.

Y a quienes cuestionan las formas les recordamos que lo verdaderamente inaceptable no es el grito, sino la violencia que lo provoca.

Por eso, las transformaciones que hacemos desde este órgano legislativo, a partir de las iniciativas que se han enviado desde el Poder Ejecutivo.

Las transformaciones profundas, quiero decirles que nunca han sido cómodas. La historia de los derechos humanos es la historia de las incomodidades, incomodidades necesarias, incomodidades de personas que eligieron no adaptarse a la injusticia, sino confrontarla.

Por eso, el compromiso desde este Poder Legislativo para que sigamos legislando, reconocer los cambios que aquí se han hecho, reconocer que ahora tenemos en la Presidencia de la República a una mujer, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, y que contamos con más de una decena de gobernadoras, que en el Poder Legislativo también al frente estamos mujeres, y que somos finalmente, en este órgano legislativo, más de la mitad que estamos comprometidas a seguir trabajando y que no somos espectadoras de la historia, somos constructoras, que nos comprometemos por eso, a seguir construyendo una patria feminista, a seguir construyendo la igualdad, la justicia, la independencia económica, la soberanía nacional y la transformación.

¡Vivan las mujeres mexicanas!

Texto y Fotografía: Cámara de Senadores