Inauguración del “Congreso Feminista. 110 Años del Primer Congreso Feminista de Yucatán (1916-2026)”, que se llevó a cabo en el Salón de Sesiones del recinto histórico de Xicoténcatl

Ciudad de México, 16 de enero de 2026

MODERADORA: Muy buenos días a todas.

En nombre de la Cámara de Senadoras y Senadores, agradecemos su presencia en este “Congreso Feminista. 110 Años del Primer Congreso Feminista de Yucatán”.

Es un honor contar con la presencia de la senadora Laura Itzel Castillo Juárez, presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadoras y Senadores.

También nos acompaña Citlalli Hernández Mora, secretaria de las Mujeres del Gobierno Federal.

De igual forma saludamos a las ministras de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Yasmín Esquivel Mossa, en representación del presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y de la ministra María Estela Ríos González.

Saludamos también a las magistradas Mónica Aralí Soto Fregoso y Claudia Valle Aguilasocho, del Tribunal Federal del Poder de Justicia de la Nación.

Recibimos también en este recinto a Ernestina Godoy Ramos, fiscal general de la república.

Contamos también con la presencia de la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle.

De igual forma, saludamos a la senadora Martha Lucía Micher Camarena, presidenta de la Comisión para la Igualdad de Género de la Cámara de Senadoras y Senadores.

Contamos también con la presencia de la diputada federal Anaís Burgos, presidenta de la Comisión de Igualdad de Género de la Cámara de Diputados.

Saludamos también a Moni Pizani Orsini, representante de ONU Mujeres en México.

Saludamos también a las senadoras y diputadas federales, a las diputadas presidentas de las comisiones de Igualdad del Congreso, de las entidades federativas, y a quienes nos acompañan a través de la señal del Canal del Congreso, en su canal 45.1, así como a quienes nos acompañan a través de las redes oficiales de esta cámara.

En 1916, mientras México buscaba reconstruirse tras la Revolución, en Yucatán ocurrió algo extraordinario.

En un tiempo donde las mujeres no podían votar, decidir ni opinar libremente, más de 600 mujeres se reunieron para alzar la voz.

El Congreso Feminista de Yucatán, fue el primer espacio institucional donde las mujeres mexicanas debatieron públicamente sus derechos.

Aunque muchas demandas no se cumplieron de inmediato, marcó el inicio organizado del feminismo en México y abrió el camino para conquistas posteriores, como el voto femenino.

Maestras, activistas e intelectuales, debatieron temas impensables para la época, como la educación laica, los derechos sexuales y reproductivos, la igualdad jurídica y la participación política de las mujeres.

Hoy, las mujeres ocupan espacios que antes les eran negados, en la política, la ciencia, el arte, el deporte y la toma de decisiones.

La paridad de género en cargos públicos, el reconocimiento de la violencia de género como un problema social, la lucha por una vida libre de violencia y la defensa de los derechos sexuales y reproductivos, son el resultado de décadas de resistencia y organización.

A continuación, observaremos el siguiente video llamado “Las sufragistas”.

(PROTECCIÓN DE VIDEO)

MODERADORA: Saludamos también a la senadora Verónica Camino Farjat, vicepresidenta de la Mesa Directiva de esta Cámara.

También recibimos en este recinto a la senadora Edith López Hernández, presidenta de la Comisión de Pueblos Indígenas.

Por favor, un aplauso también para la senadora Beatriz Mojica, presidenta de la Comisión de Cultura.

A la senadora Alejandra Arias, integrante de la Comisión para la Igualdad de Género.

Un aplauso por favor también para la senadora Mariela Gutiérrez.

Nos acompaña también la senadora Juanita Guerra Mena, presidenta de la Comisión de Guardia Nacional.

Saludamos también a la senadora Beatriz Robles.

Asimismo, nos acompaña la senadora Raquel Bonilla.

Un aplauso también para recibir a la senadora Amalia García Medina.

Y también recibimos a la senadora Liz Sánchez.

También recibimos a la doctora Marcela Lagarde.

Recibimos también a la senadora Luisa Cortés.

Recibimos también a la maestra Daptnhe Cuevas, secretaria de las Mujeres de la Ciudad de México.

A la senadora Simey Olvera Bautista, secretaria de Mesa Directiva.

Saludamos también a Graciela Páez, exsecretaria de la Cámara de Diputados.

Saludamos también a la doctora Nadine Gasman.

Un aplauso también, por favor, para Ingrid Gómez.

Y, por favor, un aplauso a Citlalli Hernández Mora, secretaria de las Mujeres.

Es momento de escuchar las palabras de inauguración de este Congreso a cargo de la senadora Laura Itzel Castillo Juárez, presidenta de la Cámara de Senadoras y Senadores.

Es momento de escuchar las palabras de inauguración de este Congreso a cargo de la senadora Laura Itzel Castillo Juárez, presidenta de la Cámara de Senadoras y Senadores.

SENADORA LAURA ITZEL CASTILLO JUÁREZ: Muy buenos días tengan todos y todas ustedes.

Bienvenidos y bienvenidas, sobre todo a las mujeres, a este Congreso Feminista de México.

Les agradezco profundamente su presencia en esta conmemoración, en la que honramos los 110 Años del Primer Congreso Feminista de Yucatán.

Saludo de manera especial a quienes me acompañan en este presídium:

A la senadora Malú Micher Camarena, presidenta de la Comisión para la Igualdad de Género, con quien compartí la organización de este Congreso.

A Citlalli Hernández Mora, secretaria de las Mujeres, que viene en representación de nuestra primera presidenta de México, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo. Muchas gracias, Citlalli, por estar aquí presente.

A Ernestina Godoy Ramos, primera fiscal general de la república.

A la ministra, Yasmín Esquivel Mossa.

A la ministra, María Estela Ríos González, a la magistrada Mónica Soto Fregoso de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, a la senadora Verónica Camino Farjat, vicepresidenta de la Mesa Directiva, pero además representante del estado de Yucatán.

A la senadora Edith López Hernández, quien preside una comisión fundamental, la Comisión de Pueblos Indígenas y Afromexicanos, Y a la señora Moni Pizani Orsini, representante de la ONU en México.

Y, desde luego, no puedo dejar de mencionar a quienes también serán ponentes en este evento, la maestra Teresa Hevia Rocha, historiadora, muy reconocida, y que agradecemos mucho que haya aceptado participar el día de hoy.

A Sabina Berman, conocidísima por todas nosotras, todas feministas, y a la senadora Amalia García, también ponente; así como la presencia tan destacada de la doctora Marcela Lagarde y de los Ríos. ¿Quién no conoce sus libros y quién no ha estudiado el feminismo a través de sus páginas, verdad?

Y bueno, no podría mencionar a todas las que se encuentran aquí presentes que quiero decir que no todas cabemos en el presídium, pero que desde luego el presídium está del otro lado.

¡Muchas gracias! Por estar aquí presentes a todas las mujeres y a nuestras compañeras senadoras que nos acompañan el día de hoy y que son la base fundamental desde luego de lo que estamos legislando.

Con este encuentro estamos abriendo una conversación con la historia y tendemos un puente entre las mujeres que hace más de un siglo se atrevieron a desafiar el orden establecido y a las mujeres que hoy seguimos trabajando para que la igualdad sustantiva sea una realidad.

En el año de 1916 en Mérida, Yucatán, cuando México seguía inmerso en la Revolución, un grupo de más de 600 mujeres valientes decidió hacer algo extraordinario: pensarse ni más ni menos que como sujetas de derechos políticos y civiles en un país que no las reconocía, que no las veía como ciudadanas, y que esperaba de ellas silencio y obediencia.

Así, del 13 al 16 de enero, se llevó a cabo el Primer Congreso Feminista de México en el Teatro Peón Contreras, fue el segundo Congreso de este tipo en América Latina, y estuvo integrado por maestras, alumnas e intelectuales; en suma, por mujeres que entendieron que la transformación del país no podía construirse sin ellas.

Mujeres como Consuelo Zavala, Isolina Pérez, Adolfina Valencia, Dominga Canto, María Luisa Flota, Beatriz Peniche, Candelaria Villanueva, Lucrecia Vadillo, y Amalia Gómez, alumnas de Rita Cetina Gutiérrez e impulsoras y organizadoras incansables de dicho congreso.

Mujeres como Hermila Galindo, cuya palabra clara y radical incomodó a muchos, pero abrió caminos al defender el derecho de las mujeres a la participación política y decidir sobre sus cuerpos.

Mujeres como Elvia Carrillo Puerto, la conocida como “la Monja Roja del Mayab”, quien más tarde sería una de las primeras diputadas del país y una insistencialista por excelencia, que pugnó por la justicia social y porque se incluyera también a las mujeres rurales trabajadoras del campo y de la ciudad.

Mujeres como Rosa Torre González, convencida de que la democracia no podría existir sin la voz femenina.

Rosa Torre, por cierto, fue maestra de la escuela donde mi madre, también maestra, Tere Juárez, hizo sus prácticas en los años 50’s como maestra en una primaria en la delegación de Tláhuac.

Y muchas otras mujeres sin cuya participación México no sería el país precursor de la paridad que es hoy, ni nosotras estaríamos ocupando los espacios de decisión que hoy habitamos.

Mujeres que no pidieron permiso, sino que discutieron de frente temas que eran considerados indecibles: el derecho al voto, el derecho a la cultura, el derecho a la educación, a desempeñar cualquier cargo público, al trabajo, a la igualdad jurídica, a la maternidad voluntaria, a la educación laica y científica para las mujeres, y la crítica al matrimonio como institución de subordinación. Es decir, mujeres todas subversivas.

Lo hicieron en público, juntas y sabiendo que serían juzgadas, ridiculizadas y muchas veces castigadas.

Fue ahí donde nació la propuesta del derecho al voto de las mujeres, que se presentó ante el Congreso Constituyente de 1916-17. Aunque no logró incorporarse en la Constitución, sino hasta el año de 1947 a nivel municipal y, como sabemos, 1953 a nivel nacional.

Hoy, 110 años después, estamos aquí porque ellas estuvieron allí y, cada palabra pronunciada en aquel teatro yucateco, dejó una huella que no se borró con el tiempo.

Su audacia sembró una semilla que ha resistido décadas, décadas de exclusión, a veces de retrocesos y de silencios impuestos.

Pero aquí estamos para dar la batalla, para seguir construyendo esta patria de la mano de nuestra presidenta, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo.

La paridad constitucional, la tipificación de la violencia política de género y, por supuesto, el hecho de que hoy tengamos a nuestra primera mujer presidenta, nos ha dado, desde luego, frutos, y que podemos decir que antes no era aceptada, desde luego, la palabra de feminismo, sino que ha sido también una lucha constante para reconocernos entre todas nosotras y para seguir adelante.

Asimismo, quiero comunicarles que el día de ayer se publicó en el Diario Oficial de la Federación el Decreto por el que se reforman distintos ordenamientos en materia de igualdad sustantiva, perspectiva de género y deberes reforzados de protección hacia las mujeres, así como a niñas, niños y adolescentes.

Esta reforma consolida la incorporación transversal de la perspectiva de género y de derechos humanos en políticas públicas, programas, servicios, y procedimientos administrativos y jurisdiccionales.

Refuerza los deberes del Estado en materia de prevención, atención, sanción, y erradicación de las violencias, y fortalece los mecanismos de coordinación interinstitucional, y amplía las medidas de protección en favor de mujeres, niñas, y adolescentes.

Por eso, queremos decir que seguimos trabajando por todas estas reformas que se han planteado desde la Presidencia de la República.

Por ello, les podemos decir que, como presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores y Senadoras -decimos nosotras-, no puede dejar de reconocerse el peso simbólico que tiene este momento.

Tampoco puede dejarse de reconocer la historia de este mismo recinto que durante muchos años fue territorio casi exclusivo de hombres y que ahora es un espacio donde las mujeres legislamos, debatimos, y decidimos donde nuestra voz ya no es excepción, sino presencia activa en la vida pública del país.

Que este Congreso sea un espacio vivo, también a veces incómodo cuando pues sea necesario, generoso en el diálogo, y firme desde luego en sus convicciones. Que salgamos de aquí con propuestas, ¡sí!, pero también con compromisos.

La historia no sólo es para recordar, es la oportunidad para comprometernos con nuestra acción, a seguirla escribiendo, y por eso las convocamos a que hoy firmemos, también, una resolución en este Congreso para posteriormente presentarla en la Comisión Permanente del Honorable Congreso de la Unión, que consista en este compromiso de seguir avanzando, como lo marca nuestro Artículo Primero de la Constitución, relativo a la progresividad.

Siendo -y no sé qué hora es-; y, bueno, favor de ponerse de pie. Si me dicen la hora.

Siendo las 11 horas del día 16 de enero de 2026, declaro formalmente inaugurados los trabajos del Congreso Feminista.

Muchas felicidades a todas.

MODERADORA: Muchas gracias a la senadora Laura Itzel por su valioso mensaje.

Es momento de escuchar ahora a Ernestina Godoy Ramos, fiscal general de la República.

Un aplauso, por favor.

ERNESTINA GODOY RAMOS: ¡Qué moderno! Muchísimas gracias.

No saben qué gusto me da estar aquí esta mañana. Me siento entre amigas, veo de este lado amigas, amigas, amigas, amigas, amigas de lucha de muchos años, de muchas batallas, unas ganadas, otras perdidas, pero aquí estamos.

Me da muchísimo gusto.

Pido disculpas de antemano, porque terminando me voy a retirar, porque no sé por qué el Senado me nombró fiscal y hay algo de trabajo.

Me siento muy contenta de estar aquí. Saludo al presídium y, como bien dijeron, el presídium está allá.

Muchas gracias por la invitación, Pero no podía faltar a la conmemoración de un hito fundamental para la historia jurídica y política de nuestra nación, es un acto, fue un acto de audacia revolucionaria.

Su importancia como antecedente es monumental. Fue la primera vez de manera organizada y pública que en México se cuestionaron temas considerados intocables, fue la piedra angular, el primer gran antecedente colectivo de los derechos políticos y sociales de la mujer en el México moderno, en 1916, en plena discusión la Revolución y en plena discusión de qué nación íbamos a ser.

Este evento constituye, aquel evento constituye el momento inicial en que la mujer mexicana dejó de pedir permiso para ser vista y comenzó a exigir el derecho a ser tomada en cuenta y escuchada.

Muchos nombres que ya mencionaron en el video, que mencionó Laura como presidenta, aparecieron en ese momento y que además hoy los tenemos en el Salón de las Mujeres en el Palacio Nacional hecho por nuestra presidenta Claudia Sheinbaum, y ellas estuvieron ahí.

Ellas, todas esas mujeres, pero cientos más, más de 600, debatieron puntos radicales para su época: el derecho al voto, el divorcio, la educación laica, la igualdad salarial, la emancipación económica.

Defendieron la educación como la llave maestra de la libertad, sacudieron la moral de la época al hablar de igualdad intelectual, de sexualidad femenina y se atrevieron a decir que las mujeres teníamos derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, algo totalmente revolucionario.

Encendieron el debate histórico sobre las funciones públicas que podemos desempeñar las mujeres y abordaron el gran debate jurídico sobre el sufragio, la exigencia del voto universal inmediato como un derecho natural inalienable.

El resultado se materializó en aquel momento con que nos dieron el voto para las elecciones municipales, años después.

El Primer Congreso Feminista de Yucatán inauguró en México la posibilidad pública de discutir en voz alta y colectivamente temas que antes eran privados o inexistentes: la ciudadanía plena, la autonomía corporal, la justicia económica y la participación política de las mujeres.

Hoy podemos enumerar los logros alcanzados, ya nos hizo un recuento Laura, sin embargo, pues todavía hay mucho por hacer.

Si bien contamos ahora con un marco jurídico avanzado, con leyes federales y locales progresistas en materia de violencia de género, paridad política y derechos laborales, su aplicación aún es desigual, tenemos que seguir luchando.

La demanda de representación que inició Elvia Carrillo culminó tras décadas en la paridad constitucional de hoy. En este sentido, México tiene uno de los congresos más paritarios en el mundo.

No obstante, la paridad numérica no siempre garantiza por sí sola una agenda feminista transformadora, tenemos que seguir luchando.

Las congresistas de 1916 hablaron de independencia económica y hoy las mujeres tenemos un gran aumento en la participación laboral, que nos permite tener autonomía económica. Sin embargo, persisten condiciones como la brecha salarial, que nuestra presidenta ya lo llevó también con la igualdad sustantiva a la Constitución.

Tenemos problemas en la sobrerrepresentación en el trabajo formal y de cuidados no remunerados.

Ese Primer Congreso abrió la puerta a la posibilidad de lo imposible, es cierto; y hoy, en 2026, es normal ver a mujeres en cargos públicos, ver juezas, ministras, magistradas, fiscalas, presidentas municipales, jefas de gobierno, senadoras, diputadas, gobernadoras y, obviamente y con gran gusto, a nuestra primera mujer presidenta de la República.

Los cambios de ese congreso que se derivaron son hoy el andamiaje legal y la presencia pública conquistada, pero falta la transformación material y cultural plena que haga de esos derechos una experiencia cotidiana para todas las mujeres, especialmente las más marginadas, indígenas, afromexicanas, campesinas, migrantes, pobres.

Por eso, a 110 años del Primer Congreso Feminista de Yucatán y sus valientes mujeres, honramos su memoria, no sólo con palabras, sino con la renovación de nuestro compromiso.

Ellas nos abrieron la puerta, nos corresponde a nosotras, a todas nosotras, seguir avanzando por ese umbral, hasta que la justicia y la igualdad no sean una excepción, sino sean la norma.

Hermila Galindo dijo: “El siglo XX es el siglo del feminismo, como el siglo XIX fue el de las luces”. La lucha feminista no ha cesado y en el siglo XXI ya es tiempo de mujeres.

Mucho éxito en el Congreso y sé que vamos a sacar cosas muy importantes para nuestro país.

Gracias por la invitación.

MODERADORA: Antes de continuar con las palabras de nuestro valioso presídium, saludamos también a Teresa Hevia. Un aplauso, por favor.

A Sabina Berman un aplauso, por favor, también para ella.

A la diputada Patricia Mercado, presidenta de la Comisión de Movilidad.

A la diputada Ana Rosa de la Vega.

Un aplauso, por favor, también para Sara Lovera.

Y a Patricia Olamendi, bienvenidas.

Continuamos con las palabras de nuestro presídium y es momento de recibir a la ministra Yasmín Esquivel Mossa, en representación del presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Un aplauso, por favor.

MINISTRA YASMÍN ESQUIVEL MOSSA: Gracias.

Distinguidas amigas, en este aniversario de los 110 años del Primer Congreso Feminista.

Distinguidos presídiums, ya nos dijo la presidenta del Senado, tenemos dos presídiums.

Muchas gracias. Me da gusto saludarles, amigas y amigos.

El avance en el reconocimiento de los derechos de la mujer hoy, a 110 años de distancia, 1916, en que tuvo lugar aquel Congreso Feminista en Yucatán, es un hecho incuestionable.

Por ello, celebro la convocatoria del Senado de la República a este congreso para rememorar aquella ocasión, a honrar a sus participantes, las batallas que libraron, los logros que alcanzaron, logros que hoy son cimiento de los derechos que gozamos, de la paridad de género de los órganos del poder político, con nuestra primera presidenta encabezando el Poder Ejecutivo, en la doctora Claudia Sheinbaum Pardo.

Gracias a ustedes, legisladoras, y a estas luchas de cada una en los diferentes espacios, en el Poder Judicial Federal tenemos actualmente casi el 50 por ciento en juezas y magistradas.

Pero algo muy importante. A 200 años de historia y después de 500 hombres, por fin tenemos, y, por primera vez, una Suprema Corte de Justicia de la Nación integrada mayoritariamente por mujeres, cinco mujeres y cuatro hombres.

Más de 600 mujeres, se ha dicho aquí, participaron en aquella ocasión, en su mayoría maestras que tuvieron la claridad y la valentía de cuestionar las pautas que dictaban debe ser de la mujer y que exigieron igualdad, el derecho a la educación que les permitiera expandir horizontes, el derecho al trabajo y la participación política, temas que, por primera vez, se pusieron sobre la mesa del debate público y que sin duda tuvieron repercusión en el Constituyente de 1916, tratándose los artículos tercero y 123.

Esta convocatoria de hoy es también motivo para recordar que alcanzar posiciones en el poder político de decisión, lo que para ellas fue una aspiración y que para nosotras es una realidad, nos obliga a continuar con la lucha por nuestros derechos, que aún hoy más de un siglo después no logramos hacer plenamente efectivos para todas las mujeres en nuestro país.

Nuestra lucha ha sido histórica y hoy no ha terminado, nos toca recorrer lo que anheló, sea el tramo final de este ya largo camino y alcanzar nuestra meta, abatir la desigualdad y discriminación que hoy todavía es un doloroso presente para tantas mujeres, niñas y adolescentes en nuestro país, erradicar la violencia de género que cada día les arrebata la vida, la dignidad en cada golpe, en cada insulto, en cada insinuación y por fin la igualdad sustantiva que nos plantea la presidenta de la República en la Reforma Constitucional de su iniciativa y materializa en el Decreto de Reforma a 17 leyes, apenas publicado el día de ayer en el Diario Oficial de la Federación.

En este anhelo compartido, aquí reunidas hoy, que sea guía de este nuevo Congreso el ejemplo de esas mujeres: Consuelo Zavala, Elvia Carrillo, Rosa Torre, Raquel Dzib, Beatriz Peniche, Hermila Galindo y muchas otras más, que, con lúcida mente, con valentía y convicción de la igualdad de las mujeres y los hombres, misma dignidad y mismos derechos alzaron la voz.

¡Y mientras haya una mujer violentada en el mundo, seguiremos alzando la voz!

Y enhorabuena y éxito en este Congreso y en los trabajos que aquí se emprenden.

Muchas gracias.

MODERADORA: Muchas gracias a la ministra.

Saludamos también a María Bonilla Rodríguez, directora del Instituto Belisario Domínguez.

Ahora escucharemos el mensaje de Citlalli Hernández Mora, secretaria de las Mujeres en el Gobierno Federal. Un aplauso, por favor.

SECRETARIA CITLALLI HERNÁNDEZ MORA: Muchas gracias. Buen día a todas, queridas compañeras.

Saludo con muchísimo cariño, admiración, respeto y agradecimiento al presídium por convocarnos.

Y yo tengo mucho que decir, pienso muchas cosas mientras veo a todas aquí reunidas. Quizás nunca había estado tan llena esta sala y mucho menos.

Seguramente es la primera vez que está lleno de mujeres este recinto de Xicoténcatl.

Y me parece profundamente poderoso encontrarnos aquí todas, todas. Cada una de ustedes representa una historia de lucha, de resistencia, de sueños, de anhelos, como decía nuestra querida fiscal, de victorias y de derrotas, que esa ha sido la lucha de cualquier persona que busca transformar las cosas.

Y me parece profundamente emocionante estar aquí reunidas para hablar de lo que pasó hace 110 años, de ese encuentro histórico de mujeres que en las condiciones más complejas decidieron reunirse, organizarse, definir en colectivo un horizonte que seguramente para ellas, en ese momento, era difícil o lento de alcanzar y a 100 años, a 110 años de ese Primer Congreso Feminista en Yucatán, sin duda hay mucho que decir, hay mucho que celebrar, pero también mucho que reflexionar de lo mucho que nos sigue faltando hacia adelante.

Lo primero que quería decirles es agradecer a la senadora Malú Micher, a la senadora Laura Itzel Castillo, no sólo por lo que las dos representan, que las dos son grandes referentes de la lucha de las izquierdas, de la lucha feminista, sino por, además, darle la relevancia a esta conmemoración, por convocarnos a todas.

Veo de verdad toda la sala y me parece que esta sala está llena de lucha, de historia, y en lo personal, se los digo, admiro profundamente a todas en lo que han aportado a este país y a una generación a la que yo pertenezco, que, sin duda, encontró un escenario mucho más abierto para las mujeres que tomamos decisiones, para las mujeres que soñamos con realidades distintas.

Y estoy aquí en esta “triple camiseta, triple cachucha”, como representante de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, la primera mujer presidenta de nuestro país; como la primera secretaria de las mujeres del gobierno de México y como una militante feminista que nunca pensó llegar a este espacio de decisiones, nunca pensó encontrarse con las mujeres que admira, que siempre miró como un ejemplo de lucha, de apertura de camino.

Y hoy me parece que hay mucho que decir, se ha dicho mucho pensando en la historia, en sus mujeres de ese Congreso, en Consuelo Zavala, Elvia Carrillo Puerto, en Emilia Galindo, en todo lo que significó hablar del derecho al voto, hablar de la educación, hablar del derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, a romper los estigmas sobre nuestra sexualidad.

Muchos de los temas que se discutieron en ese entonces, sin duda, son raíz de las diversas luchas feministas que se han dado a lo largo del tiempo en nuestro país.

Y por supuesto, creo que las personas que decidimos transformar las cosas, las feministas, pues nunca estamos conformes con lo que se ha logrado. Y hacemos bien, porque sin duda, se ha logrado muchísimo.

Creo que vale la pena dedicarnos un rato de esta conmemoración para felicitarnos, para celebrar lo que ha logrado el movimiento feminista en su máxima expresión en este país, lo que han logrado las mujeres en las calles, en las comunidades, en los distintos espacios organizativos y también lo que han logrado las mujeres incluso, en el marco de sus diferencias.

Cuando estos congresos estaban fundamentalmente integrados por hombres, hubo muchas mujeres, pero más bien poquitas mujeres, de diversas fuerzas políticas e incluso de diversas ideologías que se lograron poner de acuerdo para avanzar algunos logros legislativos. Y eso yo creo que vale la pena de repente reconocerlo, porque cuando las mujeres en este espacio, en el espacio comunitario, en la lucha, fuera de cualquier espacio de poder, eran minoría, lograron conquistar mucho para las que hoy estamos en espacios de decisión.

Me parece que es momento, pues, y yo es lo que quisiera terminar mi intervención con dos planteamientos: uno, reconocerles a todas ustedes, porque seguramente faltan muchas compañeras, pero todas las que veo en esta sala han abonado una manera fundamental al momento que estamos viviendo.

Reconocer que es un gran momento, es el momento en el que más mujeres están tomando decisiones en nuestro país.

Lograr como nación tener a la primera mujer presidenta, y yo pienso que hombres y mujeres reconocemos en la presidenta una mujer que le ha tocado un momento de lo más difícil en el mundo y que sin duda sentimos mucho orgullo en el ejercicio del poder que ella, todos los días realiza, no sólo en la implementación de un proyecto de transformación, sobre todo de las personas que más lo necesitan; sino también que vemos en ella un ejercicio del poder de una mujer, no masculinizada, rompiendo algunos de los vicios que se vienen arrastrando en el ejercicio de poder y en el ejercicio político profundamente patriarcales.

Y por eso y más me parece que tener a la primera mujer presidenta significa mucho para muchas mujeres y hombres, para las niñas es impresionante mirar la admiración, la emoción con la que ven a nuestra presidenta. Hubo quizás momentos en los que jamás se pensó que tendríamos a una mujer en el máximo espacio de decisiones…

Y, claro, yo pensaba, y ese es el otro planteamiento que quisiera hacerles, además de reconocer que es un gran momento, que es tiempo de las mujeres, no sólo es un eslogan, es un mantra, es una convicción, es un mandato que todas las mujeres que estamos en el ejercicio del poder, en los tres poderes, debemos asumir con mucho compromiso para con otras mujeres.

Me parece que vale la pena reflexionar qué queremos dejar como legado las mujeres que nos ha tocado vivir este tiempo, que somos herederas de todas esas luchas históricas en nuestro país, que somos beneficiarias de muchas de esas luchas y que somos hoy portadoras de continuar con lo que está pendiente, de profundizar mucho de lo que todavía está dejando a algunas mujeres en la indefensión, en la pobreza, en la exclusión, en la falta de justicia, en la falta de autonomía, en la desesperanza, etcétera, etcétera.

Y lo que yo quisiera plantearles, y planteado sobre todo por la presidenta, es que podamos, en este año que conmemoramos 110 años de ese Primer Congreso Feminista, convocar a un congreso más amplio del que todavía estamos aquí representadas, que nos permita reflexionar lo que significan 110 años de ese Primer Congreso Feminista.

Y, yo diría, reflexionar en este tiempo de mujeres qué queremos que se diga de nosotras de este momento, en 110 años.

¿Qué es lo que vamos a aportar, a seguir aportando?

Porque creo que, y siempre lo he platicado con Malú, con Laura Itzel, con Nadine, con Ingrid, bueno, no quiero dejar de mencionar algunas, siempre le he expresado mi reconocimiento y admiración a Pati Mercado, a Amalia, a muchas compañeras.

Bueno, por supuesto, es un honor que esté aquí Marcela Lagarde, a muchas compañeras, bueno, y a compañeras también jóvenes que nos hemos ido sumando a esta lucha.

Pienso que es un gran momento para poner en pausa algunas de nuestras diferencias, incluso algunas ideológicas, algunas conceptuales, algunas de las eternas diferencias que hay en el movimiento feminista, quizás dejarlas tantito a un lado y en pausa, y encontrarnos en el marco de los 110 años del Primer Congreso Feminista, en el tiempo de una mujer presidenta, en el tiempo de una primera Secretaría de las Mujeres que hace todo lo que está en sus manos, todos los días, con compañeras muy comprometidas.

Quisiera reconocer a dos que están aquí, con Viri, que es nuestra coordinadora de Vinculación, y con nuestra querida subsecretaria Ingrid Gómez, y a todas las compañeras que no están aquí, pero que todos los días desde la secretaría estamos tratando de entregar nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestro talento para que la primera Secretaría de las Mujeres no sea sólo la primera Secretaría, sino sea la base de grandes pendientes en la política pública, en el avance de transversalizar todo el aparato del Estado al servicio de las deudas que hay con las mujeres, y muchas otras misiones y acciones que tenemos presente.

Pero siempre me he preguntado en los últimos años, y creo que hoy estamos en posibilidad de hacerlo, la presidenta nos lo ha planteado, nosotros lo creemos, de encontrarnos y plantear una especie de agenda 20-50 que nos permita a todas las mujeres que venimos de diversas luchas, que tenemos distintos enfoques, que representamos distintas expresiones de ser mujer también cada una de nosotras, y pensar cómo aprovechamos este momento que vive nuestro país para poder avanzar mucho más rápido.

Este sexenio tendremos, eso es lo que pienso yo, tendríamos que avanzar como nunca, porque, no exagero, estoy convencida -si no lo estuviera no estaríamos en esto- que la voluntad política hoy en los diversos espacios, las feministas, las aliadas, en diversos frentes, tienen que aprovecharse para que avance desde la raíz mucho de lo que está pendiente.

Porque hay muchas cosas pendientes que tienen que seguir transformándose desde la raíz, porque, cuando hablamos del patriarcado y de un sistema de exclusión, estamos hablando de todo un Estado permeado por ese patriarcado.

Y lo vemos todos los días en la mala procuración de justicia, en la falta de voluntad de algunas instituciones, no todas; lo vemos en la necesidad de un cambio cultural.

Yo creo que algo que no hemos logrado, y ya con esto termino, algo que no hemos logrado resolver, quizás en muchas partes del mundo, es cómo detenemos la violencia.

Y, sin duda, creo que la respuesta puede ser muy clara, pero necesitamos acelerar eso; tiene que haber un cambio cultural, tiene que existir una nueva relación entre hombres y mujeres.

La igualdad no sólo puede estar en leyes, no sólo puede estar en política pública, tiene que existir en la cotidianidad de nuestro trato. Y para eso hay mucho que hacer.

Entonces, yo sólo quisiera cerrar con eso, celebrar estar aquí, llamarles a eso, a que podamos organizar antes de que acabe este año este Congreso a 110 años, mucho más amplio.

Creo que esto es la base de esa ruta, celebrar todo lo que hemos logrado y asumir que hay muchos pendientes y ponernos siempre a la orden para encontrarnos en ello.

Y tienen una cartilla de los derechos, hoy pensaba mientras venía para acá, que una niña, un adolescente, una joven, un adulto mayor tenga esta cartilla.

Puede parecer quizás muy sencillo y muy simple para muchas de nosotras, porque quizás para muchas de nosotras estos derechos son obvios, pero lo que hemos visto en muchos territorios es que esta cartilla significa una fuerza para las mujeres, la fuerza de saber que tienen estos derechos y que el gobierno se los ratifica.

Y pues hoy pensar que estos derechos sin duda son resultado de las luchas de muchas mujeres que quizás imaginaron este momento, no lo vieron, pero decirles pues que aquí estamos, que aquí seguimos y que hay mucho por hacer.

Muchas gracias.

¡Y que vivan las congresistas del Primer Congreso de Yucatán!

MODERADORA: Antes de continuar, saludamos también a la diputada Anayeli Muñoz. Un aplauso, por favor.

Saludamos también a la doctora Gloria Careaga.

Damos también la bienvenida a Patricia González, vicepresidenta de la Cámara Británica de Comercio.

Saludamos también a la maestra Grettel Rodríguez Almeida, titular de la Unidad Técnica para la Igualdad de Género en esta Cámara.

Saludamos también a la diputada María Rosete.

Y un saludo también para la abogada Karla Micheel Salas.

Es momento de escuchar ahora a la ministra María Estela Ríos González, de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

MINISTRA MARÍA ESTELA RÍOS GONZÁLEZ: Buenos días, compañeras.

Yo no vine preparada para un discurso, simplemente agradeciendo la invitación de la senadora.

Hemos compartido trabajos y luchas, entonces acepté esa invitación.

Y yo nada más quiero recordarles una frase que aprendí en una huelga allá por 1989, en la huelga de los trabajadores de SICARTSA, que decían: “cuando una mujer avanza, no hay hombre que retroceda”.

Entonces, mujeres: sigamos avanzando para que los señores no retrocedan. Ese, me parece que es nuestro papel.

Y, por otra parte, también me gustaría recordar una frase que es propia de mi asociación. Yo pertenezco a la Asociación Nacional de Abogados Democráticos.

Y la frase es: “los derechos se defienden ejerciéndolos”. Así que sigamos ejerciendo y haciéndose efectivos nuestros derechos como seres humanos, personas completas que contribuimos al fortalecimiento de esta nación.

Que estamos presentes ante nuestras familias, en el trabajo y que hoy estamos presentes en la política y en la actividad judicial.

Hagámoslo con honor y honremos ese compromiso que, como mujeres en el poder, en ese poder que nos han dado, debemos asumir.

Comprometámonos con las mejores causas de nuestro país, en defensa de nuestra soberanía, en defensa de nuestra independencia, en defensa de nuestra historia y de nuestras raíces que vienen desde los indígenas, que vienen desde muy atrás.

Seamos siempre presentes y siempre conscientes de que ese es un compromiso, no es un privilegio, es un compromiso que estamos adquiriendo con nuestra nación mexicana.

Somos ya ejemplo, digo, simplemente el que se haya elegido a una mujer como presidenta de la República ya marca una pauta. El que se haya elegido de manera democrática a integrantes del Poder Judicial y que cinco mujeres estemos ahora impartiendo justicia conforme a nuestros valores y a nuestros principios también es un avance, el que haya mujeres senadoras, diputadas, alcaldes, miembros de ayuntamiento también es un avance, pero también, compañeras, es una gran responsabilidad que tenemos que asumir frente a todos y todas.

Y pues agradezco esta oportunidad, no tenía pensado hablar, no soy muy partidaria de esto, o sea, de hacer manifestaciones públicas, pero se los digo de corazón.

Gracias.

MODERADORA: Muchas gracias por sus palabras.

Es momento de escuchar a la magistrada Mónica Aralí Soto Fregoso, de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Un aplauso, por favor.

MÓNICA ARALÍ SOTO FREGOSO: Con su venia señoras, muy buenos días a todas y a todos.

Quiero agradecer infinitamente la convocatoria y la realización de este congreso feminista y también el momento y la decisión de honrar los 110 años conmemorativos al Primer Congreso Feminista Mexicano.

Saludo con aprecio, cariño y respeto, por supuesto, a nuestra presidenta del Senado, mi querida Malú, que también fueron organizadoras para poder estar aquí, las señoras ministras, nuestra secretaria de las Mujeres y nuestra representante, además, del estado, sede del Primer Congreso feminista senadora Vero, muchísimas gracias por estar aquí y por permitirme a mí estar aquí con ustedes.

Hace 110 años llegaron todas las convocadas, algunas de ellas de lugares muy lejanos, convencidas todas que su presencia era necesaria para cambiar el destino de nuestro México. No obstante, que la Revolución había dejado en ellas huellas de dolor, sufrimiento, pero también esperanza de una reivindicación de nuestro pueblo y de los derechos de las mujeres.

Sin duda, nuestras ancestras llegaron a este Congreso con muchas dudas por resolver. Por ejemplo, que si ser feminista era bueno o malo; que si la educación primaria favorecía a todas las niñas y también a las madres que no habían tenido el privilegio de aprender a leer y a escribir; que si la educación fuese laica; que si reconocerían su derecho al voto y podrían elegir a un nuevo presidente; que sí podrían tener una ocupación u oficio para enfrentar la vida y mejorar la de sus familias y su comunidad; que si podrían enfrentar y eliminar el yugo de las tradiciones que las mantenía en la sumisión y el desamparo.

Lo que sí podemos decir hoy es que este Primer Congreso Feminista es un llamado que cuestiona la situación que vivían las mujeres dentro y fuera del hogar, que confronta las estructuras sociales y religiosas para exigir algo que no existía para las mujeres: reconocimiento de sus derechos, de su individualidad, tanto en lo privado como en lo público, y espacios para las mujeres, más espacios, bueno, primeros espacios para las mujeres en el ámbito público y político del país.

Tampoco podemos dejar de precisar que los resultados de este Primer Congreso Feminista y sus demandas tuvieron respuesta mucho tiempo después de su celebración, ya se ha dicho aquí también, y basta con decir que el derecho al voto fue incorporado en nuestra Constitución mucho tiempo después de la celebración de este Primer Congreso Feminista, en donde era una demanda prioritaria.

En todas sus intervenciones, las mujeres participantes del Congreso Feminista, según documentos históricos existentes, se refleja no sólo una preocupación, sino una denuncia por lo que se enfrenta en lo cotidiano.

También que avanza en ese Congreso una propuesta para modificar las condiciones de sus comunidades y del país, pero también en el futuro de las próximas generaciones de las niñas y mujeres que ellas aspiraban y definen como libres y fuertes.

Quizá la mejor definición de feminismo nos la da este Congreso: una visión humanista y reivindicadora que busca el reconocimiento de sus derechos, el ejercicio pleno de su ciudadanía y su aporte a la sociedad en todos los ámbitos, pero también su visibilización y reconocimiento de este aporte.

Consuelo Zavala Castillo, Elvia Carrillo Puerto, Dominga Canto Pastrana, Raquel Dzib Cicero, Rosa Torre González, Beatriz Peniche Barrera, Candelaria Ruiz Patrón, Hermila Galindo Acosta, principales organizadoras del Congreso pueden sentirse muy orgullosas de estas generaciones que siguen luchando contra el yugo de las tradiciones y que están ocupando espacios de poder político y económico; que siguen defendiendo su derecho a ser libres y fuertes y que siguen promoviendo un país más igualitario, más inclusivo, más paritario y más libre de violencia.

Como lo afirmaba Hermila Galindo, y cito: “Las mujeres necesitan el derecho al voto por las mismas razones que los hombres, es decir, para defender sus intereses particulares, los intereses de sus hijos, los intereses de la patria y de la humanidad”.

Esta frase está inscrita en el Pleno de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, a partir del día que entregamos la constancia de mayoría y validez a la primera presidenta de México.

Después de 110 años, hoy estamos ante un congreso feminista que llega con una Constitución Violeta, que llega con legislaciones que han dado paso a consolidar la búsqueda de la igualdad entre las mujeres y los hombres, que llega con leyes que justamente ayer fueron publicadas.

Me parece que hoy tenemos un orgullo como mexicanas y mexicanos en este congreso feminista, y mucho más que dar y que defender, pero también mucho, mucho que celebrar en el trabajo de los congresos, desde aquel congreso feminista hasta éste.

Yo reconozco el trabajo de las mujeres y los hombres también, aliados, que se han sumado a tener leyes que van encaminadas a la igualdad plena de todas y de todos.

Hoy, toda mujer y toda niña tienen que saber que tienen derecho a participar en la dirección y conducción de sus gobiernos.

Hoy tenemos justamente este documento que nos acaba de decir nuestra secretaria, esta cartilla de derechos de las mujeres, en donde están establecidos los derechos que tenemos que ir a divulgar a cada parte de nuestro territorio, porque no podemos dar nada por hecho. Hay muchas mujeres, hay muchas niñas que todavía no saben que son sujetas de derechos.

Lo que hemos logrado después de 108 años del Primer Congreso Feminista y de nuestra Constitución, también de 1917, es tener una primera presidenta de México, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo.

Hoy, las independentistas, las revolucionarias, las sufragistas, las paristaristas y las que hoy estamos aquí, tenemos que saber que nos enorgullece tener al frente de nuestro país una mujer que lidera nuestra democracia, sin ningún tipo de recato, ningún tipo de diferencia ni de filias ni de fobias.

Hoy, todas las mujeres mexicanas, quienes nos decimos y nos asumimos feministas, tenemos que estar orgullosas de que nuestro México esté dirigido por una mujer.

Y cada una de nosotras tenemos que hacer lo propio en nuestras trincheras, sin claudicar y sin tener claro que puede haber retrocesos, pero que depende de nosotras, de nuestra fuerza y de la unión que tenemos que tener en lo más alto que tenemos que preservar, que es la lucha y reivindicación de los derechos de todas las mujeres.

Desde mi trinchera, que es la justicia electoral, no daremos marcha atrás.

Muchas gracias.

MODERADORA: Muchas gracias por sus palabras.

Ahora escucharemos a la vicepresidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadoras y Senadores, a la senadora Verónica Noemí Camino Farjat.

Un aplauso, por favor.

Aprovechamos este breve espacio para saludar a la senadora Sandra Luz Falcón.

A la doctora Nadine Gasman, secretaria de Salud de la Ciudad de México.

A Norma Irene de la Cruz, consejera electoral del INE.

Escuchamos a la senadora.

SENADORA VERÓNICA NOEMÍ CAMINO FARJAT: Bueno, ya ven que vestirse con el traje regional tiene sus ligeras complicaciones, ¿verdad? Pero una que quiere venir y estar con nuestra presidenta Laura Itzel, junto a este hermoso presídium número uno y el hermoso presídium número dos, sin restarle importancia a alguno y, bueno, estas cosas pasan.

Estoy muy agradecida de que nuestra presidenta Laura Itzel Castillo haya decidido hacer este Congreso Feminista, porque siempre hablamos de los derechos de las mujeres, y aquí me da mucho gusto ver a Pati Mercado, que igual, en innumerables ocasiones hablamos en la legislatura anterior de la posibilidad de hacer una gran reunión de mujeres en la que pudiéramos hablar sobre qué es lo que se ha cumplido en 110 años y qué no se ha cumplido en 110 años.

En verdad, un día o un mediodía como el que haremos hoy, hasta ahorita, no creo que sea suficiente y tendríamos que reunir todavía muchísimas mujeres más, porque esta discusión es tan plural, tan transversal, y ahora sí que no suceda lo que sucedió en el Congreso Feminista hace 110 años, donde quienes estaban en ese congreso reunidas en la ciudad de Mérida, en el Teatro Peón Contreras, eran puras maestras, quienes habían obtenido la oportunidad y el privilegio de tener algún tipo de educación, pero no así nuestras mujeres del campo yucateco, ellas no estuvieron presentes.

Claro, podría decirse de alguna manera que las maestras, en aquel entonces las profesoras, representaban también los ideales de las mujeres del campo, pero nunca hay mejor cosa que ellas estén presentes, que nuestros pueblos originarios, que nuestras mujeres de pueblos originarios tengan voz y voto.

Y por eso, Edith, qué bueno que estás aquí y obviamente vas a tener la responsabilidad, si el día de mañana se arma algo como eso, de poder organizar también a las mujeres de pueblos originarios.

Bueno, ya se ha hablado un poquito, y saludo a todo el presídium que ha sido debidamente presentado, grandes mujeres, reitero.

Yo quiero hablar un poquito de qué pasó antes del Congreso Feminista, por qué se hizo, por qué se llegó a hacer, quién preparó a muchas de las mujeres que estaban ahí, y esa fue Rita Cetina.

Y obviamente leer la historia de Rita Cetina, de quien hoy yo me siento sumamente orgullosa de que nuestra presidenta de la República, a uno de los programas más importantes y que incluye uno de los derechos recientes en nuestra Constitución, que son las becas en la educación primaria, secundaria y también en kínder, le haya puesto el nombre de Rita Cetina.

Y esa historia nos dice que cuando las mujeres van a hacer algo relevante, importante, trascendental, nunca falta la denostación para ellas.

Rita Cetina tuvo que aceptar de una u otra forma que le digan desviada. Y desviada, ¿por qué? Porque simple y sencillamente no seguía las reglas de ese momento, no hacía lo que todas las mujeres tenían que hacer en ese momento.

Ella decidió no seguir porque desde niña había tenido la oportunidad de que su papá había estado en cargos importantes en el gobierno de Yucatán y había visto la opresión tan terrible que había contra el pueblo maya a partir de quienes vivían en la… Yo espero que esa discusión también sea muy importante, cuando se le dice la Blanca Mérida, si era realmente por las albarradas o era por el trato que se les daba a nuestros pueblos originarios.

Digo, de entrada, uno puede observar, quienes hayan ido hace unos 10 años al Congreso de Mérida, me imagino que estuvieron en el centro, fueron al teatro Peón Contreras, yo era diputada local en ese momento, y pudieron ver los arcos de las entradas de Mérida, que ahí eran los límites.

Entonces, ciertas personas podían pasar por esos arcos, pero los demás se quedaban afuera, el pueblo se quedaba afuera. Hoy ya eso no es así.

Sin embargo, son cosas que creo que se tienen que discutir para tener claridad en qué era y en qué es lo que queremos que se conviertan nuestras ciudades, que sean ciudades para todos y para todas, sin excepción de alguna, hombres, mujeres.

No importa si eres de un pueblo originario, si eres afrodescendiente, de dónde sean, no importa, pero tienen que ser para todas y todos.

Y aquí voy a citar el libro, este libro me sirvió muchísimo y yo espero que este año se me haga realidad el poder trabajar junto con la senadora Laura Itzel, junto con Malú Micher, y también con la Unidad de Género del Senado para reeditarlo, que es de Piedad Peniche Rivero, que es “La Siempreviva”.

Aquí Piedad hace una relatoría desde dónde empieza Rita Cetina, hasta dónde termina la historia de Elvia Carrillo Puerto y las primeras elecciones. Entonces, tenemos una amplia información de ello.

Y este pequeño fragmento que les voy a leer tiene o involucra temas tan importantes que los podemos ver plasmados en la última Reforma Constitucional con respecto al tema de las mujeres, que se hizo en el Senado, y con nuestra nueva presidenta, Claudia Sheinbaum, que es el de la igualdad sustantiva. Dice:

El título de este pedazo, se llama: “Cátedras Proscritas y Secretos Arcanos”.

Arcanos, me imagino que, porque estaba prohibido hablar de la magia en aquel entonces, ¿verdad?

“Existe evidencia documental para sostener que, durante la administración del general Francisco Cantón Rosado, las 28 estudiantes del profesorado no pudieran concursar oficialmente en la cátedra de retórica”.

¿Qué es lo más importante para nosotras hoy? La retórica, políticamente hablando, educativamente hablando. Pero espérense, eso no es lo peor.

“Impartida por la profesora Rita Cetina. Y tampoco las cátedras de pedagogía y ciencias naturales”. O sea, no retórica, no pedagogía, no ciencias naturales.

Entonces, ¿qué éramos en aquel entonces? ¿Qué teníamos derecho a aprender en aquel entonces?

“Impartidas entonces por la profesora Luz Campos”.

Esta última encerraba los secretos arcanos de la naturaleza, secretos arcanos de la naturaleza, quedémonos con eso.

Cabe señalar que Rita Cetina había impartido la cátedra de retórica durante el primer ciclo escolar del instituto, me refiero al Instituto de Niñas, si recuerdan muchas en la historia es el Instituto de Niñas, y que la profesora Dorchester fue quien introdujo e impartió las cátedras de ciencias naturales y pedagogía. Por tanto, vamos a referirnos a estas cátedras como Cátedra Cetina y Cátedra Dorchester.

Todo marchaba bien hasta que la Ley Orgánica de Instrucción Pública de 1887 suprimió precisamente las cátedras Cetina y Dorchester en el Instituto Literario de Niñas, además de instaurar la llamada Enseñanza Rudimental de un Año, es decir, los famosos parvulitos.

¿Cómo explicar tal supresión? El conocimiento de la biología, específicamente la biología de la reproducción era tabú, un prejuicio moral extremo que caracterizó al gobierno del clerical Cantón Rosado e incluso al régimen revolucionario que le siguió.

A partir de entonces la prohibición de la cátedra Cetina, es decir, la retórica impartida por Rita al amparo de la Ley de Instrucción de 1877, era un asunto de política de género, como si fuera poca cosa. En efecto la transversalidad con la cual esta materia posibilita la instrucción desde distintas fuentes de conocimiento, implicaba que Rita podría impartir temas que incomodaban a Cantón Rosado, como los que había abordados en su extinta revista “La Siempre Viva”, como por ejemplo el trabajo profesional de las mujeres fuera del hogar.

¿Y qué decir del caso inaudito de la prohibición de la clase de pedagogía a las profesoras? ¿Cómo hoy le dices a una maestra que no le vas a enseñar pedagogía? Me pregunto yo. Pues que ese es el ejemplo más emblemático de la opresión de las estudiantes y futuras maestras del estado, porque negándoles la formación pedagógica que se ofrecía a sus homólogos varones, podía justificarse que los salarios que no se podía dar, porque ellas iban a devengar salarios inferiores que las de los profesores varones.

Con este pedacito de este gran libro les quiero decir, y con esta historia que relata Piedad Peniche, hoy con la igualdad sustantiva tenemos igualdad económica y vamos a luchar para ello y por eso dotamos a la Secretaría del Trabajo, para que pueda hacer las supervisiones necesarias y que no haya mujeres que ganen menos, que no nos quiten la oportunidad de aprender, del derecho que tenemos a conocer. Y es por eso que lo que decía tanto la secretaria Citlalli como la magistrada Mónica, esto es una de esas herramientas y como se dedica a enseñar, pues por supuesto la van a denostar, pero fuera de las situaciones partidistas, fuera de lo que sea, tenemos que superar nuevamente hoy los obstáculos para seguir enseñando a las mujeres.

Esa es una de las cosas que no hemos podido concluir de ese gran Congreso Feminista.

En la parte del voto, creo que ya se ha avanzado en un 90 por ciento, nos falta la capacitación para las mujeres que están dentro de los partidos políticos, porque sin capacitación no importa dónde llegues, no vas a poder trascender todavía más de lo que ya por ser mujer, por la experiencia que tienes, podrías hacer.

Entonces para mí la lucha no va a parar. Digamos, yo no fui o no soy una feminista académica, lo aprendí a lo largo del tiempo hasta que llegué al Senado, hasta que tuve la oportunidad de compartir con Malú, con Citlalli, hoy con Laura Itzel, con mis compañeras y compañeros, con muchas y muchos de ustedes que nos han ido enseñando poco a poco, pero créanme que los golpes que se reciben cuando se está en campaña, buscando el apoyo para poder lograr lo que queremos y transformar nuestras ciudades, nuestros entornos, esos no se van a detener. La violencia va a seguir y por eso a mayor educación, va a haber, mayor, cómo le quieran decir, va a haber, mayor intento de descalificarnos como mujeres. No lo permitamos.

Eso es uno de nuestros pendientes del gran Congreso Feminista de Yucatán y que hoy, amablemente y gracias a la senadora Laura Itzel y a Malú, tenemos la oportunidad de replicar en chiquito y luego estamos seguras de que será cada vez mayor, lo podemos hacer aquí en este recinto de Xicoténcatl.

Muchísimas gracias, muy buenos días y obviamente desde Yucatán, gracias.

MODERADORA: Muchas gracias a la senadora Camilo Farjat.

Saludamos también a la maestra Consuelo Mejía, a la diputada Xochitl Zagal Ramírez, a la maestra María Teresa Atrián, directora general de Educación Continua en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

Saludamos también a Ivonne Cisneros y a Ana Isabel León, expresidenta de OPLES de Morelos, así como a Estrella Vázquez Osorno.

Continuamos ahora escuchando a la senadora Edith López Hernández, presidenta de la Comisión de Pueblos Indígenas y Afromexicanos.

Un aplauso, por favor.

SENADORA EDITH LÓPEZ HERNÁNDEZ: Muchas gracias.

Mesa de presídium: Presidenta Laura Itzel Castillo; Malú Micher; secretaria de la Mujer, Citlalli Hernández; vicepresidenta Verónica Noemí Camino Farjat, ministras, con su permiso.

(Intervención en lengua tsotsil)

Muy buenos días. Es un honor participar en la conmemoración de los 110 años del Primer Congreso Feminista de Yucatán, un hecho histórico que marcó un antes y un después en la lucha de las mujeres en México.

Gracias a la lucha incansable de mujeres organizadas, visionarias, y valientes, mujeres que en épocas muy difíciles se atrevieron a pensarnos, participando, decidiendo, y ocupando espacios.

Hoy, las mujeres estamos aquí.

Gracias a esa lucha, hoy México tiene una presidenta y comandanta suprema de las Fuerzas Armadas, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, a quien acompañamos para seguir este legado de grandeza que nos inspira.

Hoy, al mirar ese legado, reconocemos que muchas de las conquistas que hoy forman parte de nuestra vida pública, el derecho a participar, a decidir, a ser escuchadas, son fruto de valentía colectiva de mujeres que abrieron camino.

Ese legado que nos inspira a seguir construyendo un feminismo cada vez más amplio, diverso, y representativo de todas.

La igualdad que buscamos se fortalece cuando reconoce sin excepciones a las mujeres indígenas y afromexicanas, a las mujeres rurales, trabajadoras, y cuidadoras.

No como un complemento, sino como una parte central del presente y del futuro feminismo en México.

Un feminismo que celebra la diversidad de nuestras voces es un feminismo más justo y más fuerte.

Como mujer indígena y senadora, le mando saludos a las tesoreras de las comunidades, autoridades comunitarias que hoy presiden mujeres, compañeras indígenas dentro de sus territorios, como La Clínica es Nuestra, La Escuela es Nuestra, y el fondo de aportaciones para la Infraestructura para Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas.

Un saludo para ellas porque cada vez más, caminando de la mano con las mujeres, cambiamos nuestras comunidades para un buen desarrollo.

Reafirmo mi convicción de impulsar un feminismo que se construya desde los territorios, que se escuchen a todas, y que reconozcan la riqueza de nuestras historias, saberes, y luchas como base para transformar el país.

Conmemorar este congreso no sólo es recordar el pasado, es asumir la responsabilidad de seguir abriendo camino para que las mujeres en este presente y las futuras generaciones.

En este recinto también hemos celebrado las iniciativas de nuestra presidenta de la República como el año pasado, el Año de la Mujer Indígena, y hoy el Año de Margarita Maza.

Es un orgullo estar aquí y seguir caminando juntas desde nuestras perspectivas y seguir complementándonos desde los territorios. (Habla en lengua indígena).

Muchas gracias.

MODERADORA: Muchas gracias a la senadora Edith López.

Saludamos también a Claudia Corichi, fundadora de 50 más 1.

Y a Adela Muñiz, fundadora de México Posible.

Les hacemos también un breve recordatorio de que pueden acudir al stand de entrevistas, que está a un costado de las escaleras, para expresar sus opiniones y sus ideas acerca de este Congreso.

También extendemos un cordial saludo a las presidentas de las comisiones de Igualdad de Género de los congresos locales.

La diputada Cecilia Vadillo, de la Ciudad de México.

Diputada Rosa Roxanna Hernández, de San Luis Potosí; diputada Dennis García, de Oaxaca; la diputada Lucero, de Tamaulipas; la diputada Jael Argüelles, de Chihuahua; diputada Greta Barra, de Nuevo León; diputada Diana Rangel de Hidalgo; diputada Astrid Sánchez de Veracruz; diputada Renata Ávila de Zacatecas; diputada Zaira Cedillo del Estado de México; y diputada María de la Paz Ramos de Nayarit. Y un saludo también para Marcelina Bautista.

Es momento de escuchar las palabras de Moni Pisani Orsini, representante de ONU Mujeres en México.

Un aplauso, por favor.

MONI PISANI ORSINI: Muy buenos días a todas, a todos.

Presidenta de la Mesa Directiva, senadoras y diputadas, secretaria de las mujeres, autoridades de los tres poderes, compañeras y amigas, gracias por reunirnos hoy en este recinto que guarda decisiones que han marcado al país.

Qué honor poder estar aquí y gracias por la invitación a portar vestimenta tradicional yucateca, porque un huipil no adorna, afirma identidad, historia y dignidad. ¡Hoy no venimos vestidas, venimos posicionadas!

Hace 110 años, en enero de 1916, en Mérida, Yucatán, mujeres sin derechos políticos ejercieron algo más poderoso: autoridad moral y política. Hablaron de educación, ciudadanía y ley, cuando la ley no las nombraba. No fue una reunión, fue una ruptura, siempre México.

Desde ahí la historia empezó a moverse. Hoy no conmemoramos para mirar atrás, conmemoramos para medirnos, para preguntarnos si estamos a la altura de la audacia de 1916, porque los derechos no se heredan intactos, se defienden, se amplían o se pierden.

México vive hoy otra bisagra histórica. No es sólo la nación de sus héroes, es la nación que las mujeres han sostenido y transformado, incluso cuando el Estado les dio la espalda.

Por eso importa que el Estado coloque a las mujeres en el centro del proyecto nacional, que la igualdad sea una decisión política y que existan instituciones capaces de convertir derechos en realidades.

Hoy México es conducido por una mujer, y eso no es sólo un símbolo, es una posibilidad histórica, la posibilidad de una República que se mida por su capacidad de llegar a todas las mujeres, sin excepción, para las mujeres indígenas y afromexicanas, guardianas de lenguas, territorios y memorias; para las mujeres rurales y trabajadoras; para las mujeres con discapacidad; para las migrantes; para las niñas y adolescentes; para las adultas mayores; para las mujeres de la diversidad; para todas en la universalidad de sus identidades y de sus derechos.

Porque una República que no llega a todas no cumple su promesa democrática, y porque las mujeres no sólo habitan la República, la hacen posible; la hacen posible cuando construyen, cuando votan y convierten el derecho en destino, cuando legislan, cuando gobiernan, cuando trabajan, cuando enseñan, cuando curan, cuando defienden, cuando crean y cuando lideran; la construyen cuando transforman vidas y abren caminos donde antes había muros.

Por eso, una República de y para las mujeres, debe sentirse en lo concreto, en seguridad para vivir sin miedo, en justicia que no reivindica, no revictimiza, en instituciones que funcionan, en presupuestos suficientes, en políticas públicas que llegan a la última comunidad, en servicios que sostienen la vida como el cuidado y liberan tiempo, oportunidad y libertad.

Desde ONU-Mujeres, acompañamos esta tarea histórica con evidencia política pública y con compromiso.

La República de las mujeres se construye con un Estado que cuida, que garantiza derechos y que no deja a ninguna atrás.

Ese es el compromiso de este tiempo histórico y allí caminamos juntas.

Muchas gracias.

MODERADORA: Muchas gracias por sus valiosas palabras.

Saludamos ahora también a la diputada Claudia Vélez, presidenta de la Comisión de Igualdad del Estado de Tabasco.

Aprovechamos también para hacerles mención que en sus escaños encontrarán el libro “Cronología de la Igualdad Sustantiva en México”, libro del cual nuestra presidenta de Mesa Directiva realizó el prólogo, para que puedan por favor apreciarlo desde sus escaños. Muchas gracias.

Les hacemos también una invitación al stand de entrevistas del Canal del Congreso, en donde podrán grabar cápsulas que serán transmitidas a partir de la próxima semana.

Cabe mencionar que este espacio también puede ser utilizado para grabar sus redes sociales personales.

En este momento vamos a hacer un cambio de presídium, nos va a tomar por lo menos un minuto, así que, si gustan aprovechar e ir al stand, están cordialmente invitadas.

Texto y Fotografía: Cámara de Senadores