Intervención de la senadora Mely Romero Celis, para referirse a la conmemoración del 73 aniversario del reconocimiento del derecho de las mujeres al voto en México

13 de octubre de 2026

Hace 73 años, una mujer mexicana podía trabajar en una fábrica, dar clases, sostener a su familia y pagar impuestos, pero no podía votar por el presidente de la República ni por quienes ocupaban los escaños de este Senado.

Subo a esta tribuna en representación de mi grupo parlamentario del PRI y también de las familias de Colima, para recordar el día en que todo eso cambió. El 17 de octubre de 1953, el Diario Oficial de la Federación publicó el decreto que reformó artículos 34 y 115 constitucionales, y reconoció a las mexicanas como ciudadanas con derecho a votar y a ser votadas. Ese derecho tardó casi medio siglo en llegar.

En 1916, Hermila Galindo pidió al constituyente de Querétaro incluir el voto de las mujeres. La respuesta fue que no estaban preparadas, al año siguiente se postuló como diputada federal y el Colegio Electoral no le reconoció el triunfo que reclamaba.

En Yucatán, Elvia Carrillo Puerto y otras pioneras llegaron al Congreso local en 1923 y perdieron sus cargos, poco después.

En 1935, el Frente Único Pro-Derechos de la Mujer reunió a más de 50 mil obreras, campesinas, maestras, profesionistas y consiguió que en 1937 el Congreso y las legislaturas estatales aprobaran una reforma constitucional que nunca se publicó.

El voto municipal llegó en 1947 y el voto pleno en 1953, después de una campaña nacional de firmas encabezada por Amalia Castillo Ledón. Luego vinieron las primeras diputadas federales, las primeras senadoras como María Lavalle Urbina y Alicia Arellano Tapia en 1964.

Y en 1979, Colima eligió a Griselda Álvarez Ponce de León como la primera gobernadora en la historia del país. Las colimenses la recordamos con orgullo, una mujer que encabezó por primera vez un gobierno estatal y lo hizo con plena conciencia del papel histórico que le correspondió.

Durante décadas quién vale la pena reflexionar en todo esto que estuvo pasando, durante décadas, quien era ciudadano y quien no lo era lo decidía un constituyente, un Colegio Electoral y un Congreso integrados únicamente por hombres. La ley reflejaba lo que ellos consideraban natural, que la vida pública era asunto de varones y que las mujeres podían esperar.

Ese criterio se modificó cuando miles de mujeres organizadas, hicieron que sostener ese criterio le costara al poder mucho más que cambiarlo. Hubo mítines, periódicos, cartas, firmas y candidaturas que se sabían perdidas de antemano. Fue presión social sostenida durante 40 años frente a un autoritarismo patriarcal que se presentaba como sentido común.

La reforma de 1937 lo muestra con claridad, cuando pesaron los cálculos electorales, el decreto se quedó guardado. Cuando la exigencia volvió a crecer, la ley tuvo que cambiar. Las autoridades redefinieron la ciudadanía porque la sociedad ya la había redefinido antes.

Compañeras y compañeros senadores, esa experiencia nos dice mucho sobre el presente. En los últimos años, México sumó avances que costaron generaciones. La reforma de paridad en todo de 2019. Las reformas contra la violencia política en razón de Género de 2020. Ninguno de esos derechos está asegurado para siempre.

Una mayoría puede debilitar lo que otra aprobó, y una institución sin autonomía deja de proteger lo que antes se protegía.

Hoy, igual que entonces, la defensa de los derechos humanos que el país fue conquistando depende de que la sociedad observe, exija y se organice. Tenemos paridad en los cargos, pero todavía no en el ejercicio del poder.

Hay mujeres en espacios públicos que enfrentan hostigamiento o descalificación. ¿Hay inclusión en listas? Sí, mientras se recortan presupuestos para la salud, la seguridad y el desarrollo de sus mismas familias. La paridad cumple su propósito cuando las mujeres que llegamos podemos actuar con criterio propio y servir de contrapeso.

Por eso, honrar a las sufragistas implica defender hoy, la independencia del poder judicial, la autonomía de la autoridad electoral y el equilibrio entre poderes. Sí, también ahí están las mujeres.

Hermila Galindo, Elvia Carrillo Puerto y Griselda Álvarez no esperaron a que la ley les diera permiso. Insistieron hasta que la ley cambió. A nosotras, a nosotros, nos corresponde cuidar que lo que ellas consiguieron no se pierda por descuido ni por conveniencia de quien gobierna. Es cuanto, presidente.

Texto y Fotografía: Grupo Parlamentario del PRI en Cámara de Senadores