El Asalto a la Razón | Carlos Marín

Guardia Nacional… y hospitalaria

Además de su obvia, delicada y trascendental importancia, lo de la Guardia Nacional me hace pensar en un tête-à-tête que ha puesto a aullar al respetable: 128 senadores sometidos por unos cuantos, pero en bola, de las fraccioncitas opositoras contra 500 diputados avasallados por los morenistas, mucho más aplastantes ya con su pilón de tránsfugas ex “izquierdistas”. Y el Presidente es el juez que franca y abiertamente no quiere que el Senado gane estas vencidas.

Como lo resuelto ayer pasa a otra discusión diputadil y el coordinador de Morena, Mario Delgado, advierte que la mayoría insistirá en la militar, paso la palabra a lectores de El asalto… de ayer:

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Pulso Político | Francisco Cárdenas Cruz

Dobla la oposición a Morena

Con cambios, aprueban Guardia

Ricardo Monreal

El rotundo rechazo de las bancadas de oposición en el Senado a que la Guardia Nacional tuviera mando militar, que hubiera una Junta de Jefes de Estado Mayor castrense como órgano de gobierno y a la permanencia indefinida de las tropas en tareas de seguridad pública, fructificó: obligó a la mayoría morenista a modificar 10 artículos de la minuta aprobada por la Cámara de Diputados y el dictamen senatorial fue finalmente aprobado por unanimidad, en lo general y en lo particular.

El mando de la nueva corporación será civil; la participación de las Fuerzas Armadas se limitará a cinco años en tanto conforme su estructura y capacitación policiaca; no habrá Junta de Jefes de EM y la institución policial quedará adscrita al ramo de seguridad pública.

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La guardia militar con mando civil | Rafael Cardona

Viejo, muy viejo aquel dicho: es muy fácil militarizar a un civil, pero es imposible civilizar a un militar.

Ayer fueron cumplidas parcialmente, en los hechos, las instrucciones dictadas por el Presidente de la República al Senado nacional. El acuerdo logrado por gestión, presión y persuasión por Ricardo Montreal, fue anunciado con platillos y tambores en una conferencia de prensa —tan civilizada como el mando de la guardia—, en la cual cada quien presumió su pincelada en el pardo pelaje del gato por la noche.

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