Pena de muerte, el oportunismo del Partido Verde | Periodistas El Universal

Bajo Reserva

Pena de muerte, el oportunismo del Partido Verde

La reforma para castigar con pena de muerte a violadores, feminicidas y asesinos de menores de edad, nos dicen, está pintada completamente de Verde y de oportunismo. Aunque en la Gaceta Parlamentaria de la Cámara de Diputados aparece que es de diputados del Verde y de Morena, cabe precisar que de los 20 diputados que la respaldan: 13 son del Verde; 5 de Morena, pero que al inicio de la Legislatura estaban en el partido del tucán y son conocidos como diputados kiwis, porque son morenos por fuera, pero verdes por dentro. Los verdes, nos hacen ver, buscan explotar políticamente el atroz feminicidio de la niña Fátima, y de paso ayudarle a la 4T a que se sacuda la imagen de insensibilidad que ha tenido en el tema de las protestas de las mujeres indignadas que han sido calificadas de conservadoras.

Ataque al Hemiciclo a Juárez, al fuero federal

Nos comentan que el caso del daño ocasionado al Hemiciclo a Juárez que hoy está en manos de las autoridades del Gobierno de la Ciudad de México podría ser llevado al ámbito federal. Nos dicen que autoridades del Instituto Nacional de Bellas Artes, que encabeza Lucina Jiménez López , y el Instituto Nacional de Antropología e Historia, bajo el mando de Diego Prieto, ya trabajan con el gobierno de Claudia Sheinbaum para que el tema no quede en el fuero común, pues el daño fue grave y se trata de maltrato a una propiedad federal. Así que se espera que en los próximos días el caso llegue al fuero federal.

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Pena de muerte a debate | Editorial El Universal

Cuando se genera un delito de alto impacto social y mediático, como los recientes casos de los feminicidios de Ingrid Escamilla y la niña Fátima, ciertos sectores de la sociedad inmediatamente alzan sus voces para exigir se establezca la pena de muerte para esos delitos, a fin de que la sanción aplicada siente un precedente y sirva de escarmiento y advertencia para otros potenciales delincuentes que planeen incurrir en actos similares.

En esta ocasión y atendiendo a la exigencia de los colectivos feministas, legisladores de los partidos Verde Ecologista y del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) hablan de instaurar la pena de muerte para castigar a los violadores, feminicidas y en homicidios dolosos cuando sean contra menores, lo que se une a las voces que han clamado por la adopción de la castración química para quienes incurran en abuso sexual de infantes.

Y es que estas exigencias nacen al calor de la percepción popular de que la prisión no es suficiente castigo para el criminal que ha dispuesto de la vida de una mujer o una niña, sintiendo que incluso se le premia al delincuente asegurándole su manutención vitalicia, aunado a la idea bastante extendida de que quien entra a un reclusorio por un delito, sale especializado en muchos otros tantos más. Aún más, aseguran que eliminando a un violador o feminicida específico, se conjura el peligro que esa persona en concreto vuelva a delinquir, teniendo en mente lo que hace poco aseguraba el asesino serial de mujeres, bautizado por la prensa como “El monstruo de Ecatepec”, que si volvía a quedar libre, reincidiría en los feminicidios.

Proscrita constitucionalmente desde 2005, la pena de muerte —que anteriormente se reservaba para delitos de traición a la patria— requeriría, para su reinstauración, modificar nuevamente el marco jurídico. A decir de los legisladores que la impulsan, el incremento en años de prisión o incluso la cadena perpetua para violadores y feminicidas, no han repercutido en una reducción de los casos sino que por el contrario se ha visto un lamentable repunte.

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Córdoba y la epidemia de miedo | Alejandro Hope

Plata o Plomo

La ciudad de Córdoba, en el estado de Veracruz, acaba de vivir un fin de semana de terror. El sábado, se produjeron diversos enfrentamientos entre grupos delictivos y la policía. La balacera duró varias horas y dejó al menos siete muertos: cuatro policías y tres presuntos delincuentes.

Dejó algo más: una estela de temor que aún no se disipa del todo. El domingo, las calles lucían vacías, la mayoría de los comercios estaban cerrados, diversos eventos se cancelaron, los taxistas se negaban a dar servicio a nadie que no fuera conocido. Y por las redes sociales corrían rumores de nuevos enfrentamientos, extendidos ahora a municipios aledaños.

Para el lunes, el gobernador Cuitláhuac García aseguraba que todo estaba bajo control: “Ya tenemos plenamente identificados a los agresores, lamentamos mucho desde luego las pérdidas humanas. Fue una agresión directa y no vamos a permitir que la población esté en la zozobra por estos grupos delictivos”. Asimismo, el gobierno del estado anunció la detención de dos de los supuestos agresores y la incautación de tres camionetas y múltiples armas.

¿Tema resuelto entonces? Lo dudo. Los grupos delictivos responsables de la balacera del sábado obtuvieron una doble victoria: 1) retaron directamente a las fuerzas del estado y no pagaron un costo particularmente alto, y 2) impusieron toque de queda en una ciudad de más de 200 mil habitantes. Por ahora, van ganando la guerra psicológica.

Revertir esa victoria requiere algo más que declaraciones del gobierno y detenciones sueltas de algunos de los posibles asesinos de los policías. Se necesitaría como mínimo:

1. Una acción particularmente vigorosa de las autoridades, dirigida no solo en contra de los perpetradores directos de la agresión, sino en contra del grupo específico que estuvo detrás del ataque y que incluyera, entre otras cosas, la persecución prioritaria a sus dirigentes, el traslado de reos específicos a penales federales y el cierre, así sea temporal, de algunas de sus fuentes de ingreso (giros negros, narcotienditas, etc.). Una sanción colectiva, dirigida a mostrar que hay rayas que no se cruzan.

2. Una presencia reforzada de la autoridad en las calles de Córdoba y municipios aledaños, así sea de forma provisional. Este es el momento para que las policías, incluyendo a la Guardia Nacional, se dejen ver cerca de una población atemorizada. Para vencer el miedo, importan los gestos y los símbolos.

3. La reactivación de mecanismos de rendición de cuentas. Por esto, me refiero a mesas de seguridad u observatorios ciudadanos, que sirvan de espacio para procesar denuncias, vincular a autoridades con algunos sectores de la sociedad civil, gestionar apoyos sociales para las policías, establecer una agenda de transformación institucional y generar información confiable. En otros momentos y otros espacios (Ciudad Juárez entre 2010 y 2012, por ejemplo), un mecanismo de esa naturaleza fue clave para la recuperación de cierta normalidad.

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Perdió la apuesta | Carlos Loret de Mola

Historias de Reportero

Muy seguro de sí mismo, el presidente López Obrador dijo varias veces en la conferencia mañanera que apostaba a analistas, expertos, inversionistas y agencias calificadoras que la economía mexicana crecería 2% durante 2019.

Era el primer tramo del año pasado, cuando frente a las decisiones de política económica del actual gobierno y las señales de guerra a los inversionistas, todos rebajaban sus pronósticos de crecimiento para la economía de nuestro país, y el primer mandatario contestaba que estaban equivocados, que su nuevo modelo económico iba a generar 2% de crecimiento en el primer año y de ahí para arriba, que no estaban tomando en cuenta los enormes beneficios de combatir la corrupción, que no metían en sus variables el regadero de programas sociales que detonarían desde abajo el consumo interno del país.

El presidente apostó… y perdió. Ayer por la mañana salió el dato de crecimiento económico para 2019. Se confirmó lo que se temía: números rojos. Para ser exactos, menos 0.1%. Un discreto besito a la recesión.

Desde luego, conforme avanzó el año pasado, López Obrador abandonó la envalentonada apuesta. Y ya dejó de hablar de 2%. Ahora desafiaba que no había recesión. Y así, el candidato que en campaña puso a México a soñar con un crecimiento de 6% anual intentaba restregar en la cara de sus críticos y opositores que no había recesión, y vender ello al público como un éxito de su gobierno. La verdad es que la parálisis económica es su culpa. Enterita.

Primero, no perdamos de vista, no olvidemos que este es un gobierno al que su secretario de Hacienda le renunció a los siete meses de ocupar el cargo. Y le renunció dejando sobre la mesa una granada de fragmentación en forma de carta de despedida, en la que hacía un diagnóstico brutal de la torpeza económica y la hipocresía del discurso político, una receta para un fracaso del que el doctor Carlos Urzúa no quiso ser parte.

Segundo, el presidente reconoce que 6 de cada 7 pesos de la economía mexicana se deben a la inversión privada. Pero no ha hecho más que atemorizar y ahuyentar a la inversión privada: aeropuerto, gasoductos, amenazas con la UIF, amenazas fiscales, cooptación de instituciones y contrapesos, y un permanente discurso hostil que tuvo como botón más diáfano la extorsión de la cena en Palacio Nacional para la rifa.

Tercero, las políticas del gobierno: Dos Bocas es una pésima idea y se lo dijeron hasta sus expertos, el tren maya es un tiradero de dinero y ya le dijeron que va a salir más caro de lo que dice, Santa Lucía es un mal parche, Pemex sigue al borde de la quiebra y la CFE se apellida Bartlett. En todas las áreas en que podrían los inversionistas tener apetito, hay un terreno pantanoso. Así, el dinero busca otros destinos.

Y encima, la parálisis mexicana se da en un momento en que debería nuestro país estar aprovechando el impulso de Estados Unidos, motor central de nuestra economía, que está creciendo al 2%. O sea que ni cómo echarle la culpa al exterior. Salvo que se quiera mentir flagrantemente. Y sí, suele mentirse flagrantemente:

El presidente tiene una sola medida de su desempeño económico: el tipo de cambio. Como la tasa de interés está alta entran capitales especulativos y los paisanos están mandando millones en remesas, el peso está fuerte.

Así que todos tranquilos: no importa que la inversión fija esté desplomada, que la actividad industrial traiga caídas escandalosas, no importa que se hayan perdido 400 mil empleos nomás en diciembre ni que el crecimiento económico esté en números rojos: el presidente está feliz porque el dólar cuesta 19.

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¿Un nuevo puritanismo? | Miguel Alemán Velasco

Una condición fundamental de la equidad de género inicia con el respeto a la mujer.

En estas fechas en que se analiza con profundidad el hartazgo social sobre todo tipo de modalidades de maltrato a la mujer es necesario dimensionar la trascendencia de este proceso, por la demanda airada de equidad, respeto y seguridad física y emocional de la mujer en todos los espacios de su vida.

No cesan de aparecer las consignas y frases en etiquetas o hashtags que denuncian, reclaman, invitan y proponen diversos llamados a la reflexión. Todos ellos convergen en la noción de poner un alto a las diversas formas de agresión que sufren las mujeres en su vida cotidiana.

El debate no es cómo se visten, se arreglan o se comportan las mujeres; eso a fin de cuentas es un acto de libertad que merece todo respeto. El tema de fondo es la imperativa necesidad de un cambio radical de actitud de toda la sociedad para rescatar el valor fundamental de la dignidad de la mujer.

La sociedad norteamericana ha logrado diversas fórmulas legales, sociales y de supuesta corrección política para prevenir que la mujer sea objeto de alusiones o maltrato en los espacios laborales, en los contenidos de los medios y en la retórica política. No obstante, ese puritanismo superfluo no ha sido suficiente para contener la avalancha de contenidos sexuales explícitos que abundan en las redes sociales. Las denuncias de acoso y abusos sexuales continúan.

Es importante mesurar la presión social que reciben las nuevas generaciones hacia un estereotipo femenino que ha llevado a los extremos de las restricciones alimenticias, que a su vez generan anorexia, cirugías estéticas y riesgos con sustancias subcutáneas de alta toxicidad que buscan vender un falso elixir de la “eterna juventud”.

Lo que hoy debemos entender es que la mujer mexicana ha dicho: ¡ya basta! Y esto es un asunto de todos para que la mujer en cualquier espacio de su vida se sienta segura, respetada, reconocida y apreciada por sus ideas, su trabajo y gran aportación a todas las actividades que engrandecen a México.

Mi premisa ha sido siempre abrir oportunidades al talento, capacidad profesional y ambición de superación de mis colaboradores, sean hombres o mujeres.

A lo largo de diversas responsabilidades, y muchas de ellas de la mano de mi esposa, impulsé la creación en México del Banco Mundial de la Mujer o Women’s World Banking, a través de una asociación de mujeres empresarias que otorgaban microcréditos a mujeres cabezas de familia en Veracruz.

Como gobernador de esa entidad por primera vez nombré a una mujer como Secretaria de Gobierno.

En homenaje a la herencia que mi padre dejó a nuestro país, para reconocer el derecho al voto a la mujer en 1947, la Fundación que lleva su nombre tiene un programa permanente de equidad de género que busca alcanzar los grandes ideales de las mujeres de México.

El movimiento iniciado lo entendemos como el punto de partida a una visión de equidad de género y sobre todo de imperativa necesidad de que nuestra sociedad rescate los valores éticos y morales que eleven la calidad de vida de la mujer en la convivencia cotidiana. En suma, la verdadera lucha de la equidad no es para crear un nuevo puritanismo superfluo o para imponer cuotas sino para reconocer causas.

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Y la culpa no era mía ni de quien se me unía | José Carreño Carlón

Agenda Pública

El conservador eres tú

El presidente López Obrador se dedica a confundir, a veces por desconocimiento de los temas que trata, a veces como recurso de control social en el río revuelto de la confrontación que promueve con frecuentes mensajes falsos o engañosos. Suele vaciar de sentido los conceptos, cuando llama conservador a quien se le opone o lo critica. También cuando champurrea sus enrevesadas lecciones de historia, “maestra de la política”, como la llamó Arnaldo Córdova, reducida por el presidente a consigna partidista, herramienta de división, insumo de teorías conspirativas. El más frecuente compló lo elevó al sitial de Madero, sólo que sin Huerta y en cambio con el ejército actual, al que le agradeció haber vencido la tentación de un fantasioso golpe militar, de la que sólo él se enteró. También se asumió como Salvador Allende, comparando el ‘cacerolismo’ de las amas de casa contra el asesinado presidente chileno, con las jornadas de este marzo de las mujeres mexicanas.

¿Presidente víctima del hartazgo universal de la mujer? Esta vez el recurso parece agotarse. Descalificar las movilizaciones contra el feminicidio, el acoso y la discriminación a las mujeres fue demasiado. No sólo reafirmó el lugar del presidente, él sí, en serio, en el bando conservador, en este y en otros campos, sino que parecería buscar el apoyo de conservadores aterrados de dentro y fuera de su promiscuo entramado de alianzas. La más conservadora de éstas, con la iglesia evangelista. Y la más reciente y forzada, con un grupo mayoritariamente conservador de empresarios, que sin embargo se han ido uniendo al paro de las mujeres el 9 de marzo junto a otras entidades empresariales que se resistieron a la incómoda tamalada de Palacio, días atrás.

México se sorprende hoy con la alerta presidencial contra el movimiento feminista que se extiende por el planeta. El supuesto: lo promueve la derecha conservadora, o ésta se apropia de la protesta, la manipula y la dirige a un golpe contra el gobierno. El tema ha dado ya para análisis preocupantes en los campos de la sicología y el arcaísmo político. Pero el presidente no va aquí tanto contra la derecha, como contra las mujeres, por serlo y por considerarlas simples objetos de manipulación. Y aquí sí le atinó al encuadrarse en los primeros versos del himno feminista que recorre el mundo: “El patriarcado es un juez / que nos juzga por nacer”. Mientras la descalificación presidencial por la ‘culpa’ de atraer a sus filas una amplia gama de pluralidad, podría responderse con una leve paráfrasis de aquel himno: “Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni de quien se me unía / El conservador eres tú”.

Aturdimiento

Las reacciones del presidente y de su entorno ante estas nuevas expresiones de movilización social —y ante las impresionantes respuestas obtenidas— muestran al oficialismo hundido en un aturdimiento profundo. Hace crisis su abuso de la confusión como recurso de control. Y ahora se dirige a poner en su contra un movimiento progresista, como lo vio en un principio, antes de desdecirse, la esposa del presidente.

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