Intervención de Laura Itzel Castillo Juárez, presidenta del Senado de la República, en la Ceremonia Solemne para inaugurar el “Salón Ing. Heberto Castillo Martínez”

Ciudad de México, 14 de abril de 2026

Muchas gracias.

Quiero agradecer la presencia de todos ustedes, de quienes están aquí en el presídium, pero también, desde luego, de quienes están en cada uno de los escaños, de quienes se encuentran en el palco, de todos los amigos y amigas que vinieron el día de hoy aquí a este importante homenaje.

Y quiero referirme muy brevemente, que me da mucho gusto que se encuentre Margarita González Saravia, porque además quiero decirles que ella fue durante la campaña a la Presidencia de la República del ingeniero Herberto Castillo Martínez, quien estaba a cargo de las finanzas de ese comité. Había muy poco dinero, pero mucha convicción.

Y en el caso, también, de Ernestina Godoy, que ella, dentro de este grupo tan importante de abogados democráticos, estuvo al lado del licenciado Emilio Krieger.

Y quiero decirles que mi padre estuvo escondido en la casa de Emilio Krieger. Y que, de ahí esa relación también importante, y posteriormente en la CONAI, cuando mi papá estaba en la Comisión de Concordia y Pacificación para el estado de Chiapas, a partir del levantamiento armado zapatista, y que también ahí hubo una coincidencia, entonces de una cercanía muy importante.

Y en el caso de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, ella era reportera muy joven de “La Jornada”, participando en ese proceso de la campaña, acompañándolo en el autobús “El Machete”.

Y todos los que están aquí presentes, también el senador Manuel Huerta, de Veracruz, que lo acompañó durante sus campañas.

Y el senador Higinio, que se encuentra aquí con nosotros, desde el Partido Mexicano de los Trabajadores, estuvo impulsando el cambio. Y bueno, así de todos y cada uno de ustedes, ¿verdad?

Pero quiero finalmente decirles que nombrar esta sala del Senado de la República, en referencia a una figura contemporánea de México, entraña una gran responsabilidad frente al porvenir de la institución.

Implica decidir de manera colegiada, y esto lo quiero resaltar, qué ejemplos han de orientar nuestra vida parlamentaria, y qué trayectorias merecen ser destacadas como referentes éticos para el presente.

Al convertir sus muros y sus salones en espacios de memoria, la Cámara de Senadoras y Senadores deja constancia de las luchas, las convicciones y los principios que han marcado el rumbo de nuestro país.

Las instituciones y las tareas públicas se sostienen en leyes, reglamentos, normas y acuerdos, pero también se afirman en el reconocimiento de personas que, como Heberto, tienen que ver con sus luchas y sacrificios, luchas y sacrificios que han sido constructores de los valores fundamentales de nuestra patria.

A lo largo de más de 200 años de vida independiente, hay nombres que permanecen vigentes, porque nos recuerdan que la democracia y la justicia social son resultado del esfuerzo de generaciones enteras, generaciones que lucharon por ampliar derechos, defender libertades y colocar la política al servicio del pueblo.

Los ideales, los proyectos y las reivindicaciones de Heberto Castillo, siguen vigentes.

Como ingeniero, su nombre es reconocido no sólo por sus aportaciones técnicas y matemáticas, sino por la convicción de que la ciencia debe tener una vocación social, y como político y representante popular, por su comprensión profunda de la realidad del país, su cercanía con la gente y su defensa de la vía pacífica para lograr las transformaciones sociales, incluso a costa de su propia libertad.

Lector asiduo de “El Quijote de la Mancha”, tenía presente uno de sus diálogos con “Sancho Panza”, donde señalaba que, por la libertad, así como por la honra, se debe y puede aventurar la vida.

Para las generaciones venideras es importante recordar que el ingeniero Heberto Castillo fue un perseguido político y padeció la clandestinidad y la cárcel por sus ideas.

Con la Constitución bajo el brazo, defendió la libertad de expresión, asociación y reunión, incluso mientras huía de la represión, a salto de mata y a salto de bardas.

En la hoja final de esa pequeña edición de la Carta Magna, en esos momentos tenía escritos los teléfonos de algunos amigos, amigos cercanos que se solidarizaron para brindarle refugio en esos momentos tan difíciles.

Por ello, la decisión que hoy nos reúne evoca sus esfuerzos por hacer de México un país mejor.

Desde el pensamiento, la técnica y la acción al servicio del bien público, particularmente de quienes más lo necesitan.

Preservar esta memoria adquiere un sentido especial en el contexto de las transformaciones institucionales que, respaldadas por el apoyo popular expresado en las urnas, afirman el país que queremos seguir construyendo.

En mi calidad de presidenta de esta Cámara, asumo este acto con plena conciencia de su dimensión institucional, y en lo personal, como su hija, lo recibo con gratitud y emoción, porque esta Cámara no es ajena a su historia.

Aquí dio una de sus últimas batallas públicas, defendiendo con firmeza sus ideas, como lo hizo siempre, incluso en los momentos más difíciles de su vida.

Nos quedan las imágenes de Heberto compartiendo la mesa con familias campesinas en los pueblos más apartados del país, saltando cercas de linderos, conversando con niñas y niños y construyendo organizaciones bajo enramadas, caminando sobre sus propias estructuras y delineando caminos de acción para alcanzar sus grandes utopías.

Nos queda también su ejemplo, el de un hombre que nunca separó el pensamiento de la acción ni la técnica del compromiso social.

Celebro que el nombre del ingeniero Heberto Castillo Martínez quede desde hoy inscrito en este recinto como homenaje a una vida entregada a México, pero sobre todo deseo que el nombre de ese salón no sea sólo memoria, sino compromiso, que sea una referencia viva, que nos recuerde todos los días que la política tiene sentido cuando se ejerce con principios, cuando se pone al servicio de los demás y cuando se asume con responsabilidad frente a la historia.

Porque si algo distinguió a Heberto Castillo fue su capacidad de tender puentes entre la técnica y la justicia social, entre las ideas y la acción, entre personas distintas que supieron encontrarse en un propósito común.

Que ese salón honre también esa vocación de construir puentes para México.

Muchas gracias.

Texto y Fotografía: Cámara de Senadores