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Buena noticia que el próximo domingo participen miles de personas en la “Primera Jornada Nacional de Reforestación”; cuidar el medio ambiente es responsabilidad compartida: Monreal Ávila
El diputado Ricardo Monreal Ávila afirmó que es una buena noticia que el próximo domingo miles de personas, en los 32 estados del país, participarán en la Primera Jornada Nacional de Reforestación.
El comentarista estadounidense de línea conservadora Bill O’Reilly trabajó muchos años para Fox News, en donde llegó a convertirse en su conductor estrella con el programa O’Reilly Factor, hasta que fue despedido cuando enfrentó cinco acusaciones de acoso sexual y otras conductas inapropiadas, por las que tuvo que pagar, mediante un acuerdo económico reparatorio con las víctimas, la cantidad de 13 millones de dólares.
La cadena ultraconservadora de noticias, que dice promover los valores de la familia estadounidense y de la civilización occidental, dio por terminada su relación con O’Reilly mediante un escueto comunicado que señalaba: “tras una revisión exhaustiva y cuidadosa de las acusaciones, Fox News y Bill O’Reilly han llegado a un acuerdo por el que el presentador no regresará al Canal”. Desde entonces, él escribe columnas o presenta comentarios de radio sobre diversos temas y creó su programa No Spin News, distribuido principalmente por internet, siempre desde la perspectiva de la derecha.
Ahora, Bill O’Reilly acosa -periodísticamente hablando- a México y a su Presidenta Claudia Sheinbaum. Lo hace con todos los ingredientes propios de la ultraderecha: con más prejuicios que juicios, con más adjetivos que sustantivos, con el tono del racismo supremacista que cree saberlo todo y con ultimátums propios de un macho alfa de caricatura.
El pasado mes de marzo escribió un artículo sobre México y la Presidenta Sheinbaum en el que afirma, con su petulancia clásica, que nuestro país “no es amigo de Estados Unidos. Su gobierno ha sido corrupto durante décadas, lo que ha provocado un aumento de los asesinatos y del narcotráfico internacional […] La actual Presidenta de México, la socialista Claudia Sheinbaum, está bajo fuerte presión del gobierno de Trump para que permita […] la entrada de las autoridades estadounidenses a su país, a pesar de que podría hacerlo fácilmente […] En cambio, culpa a los adictos estadounidenses y al contrabando de armas por el problema de México, un argumento absurdo […] Deje de poner excusas, señora”.
Para O’Reilly, “los estadounidenses que compran narcóticos ilegales son parte del problema. Sin duda. Son individuos egoístas que propician los asesinatos. Malos estadounidenses. Pero el principal problema es la propia Sheinbaum”.
Esta última afirmación no es un error analítico, es una estrategia deliberada: la personalización del conflicto para evadir la complejidad sistémica. La ultraderecha necesita un villano fácil, apelar al viejo recurso de encontrar culpables en la otredad, porque admitir que el problema es estructural -que implica fallas en el sistema de salud mental estadounidense, la crisis de opioides recetados, la desigualdad social y la permisividad legal para el tráfico de armas- sería reconocer que la solución no es militar ni unilateral, sino profunda, costosa y compartida.
Esta lógica de la “culpa transferida” tiene un nombre en Psicología Social: “Chivo Expiatorio”. Al responsabilizar a un Gobierno extranjero, se absuelve al sistema propio. Se omite deliberadamente que el consumo de drogas en Estados Unidos es un problema de salud pública que genera ganancias billonarias para el crimen organizado, y que el flujo de armas de alto calibre desde el Norte es el combustible que enciende la violencia en el Sur.
Y justo esa frase revela también todo el primitivismo reduccionista con el que la ultraderecha intenta explicar y resolver un problema estructural como el narcotráfico. Es la misma lógica de quien confunde un síntoma con la enfermedad y, convencido de haber encontrado la causa, termina agravándolo todo.
Qué bueno que recientemente el Presidente Trump retomó el artículo de O’Reilly, pues ello nos recuerda lo trivial, superficial y banal que es la ultraderecha cuando trata de explicar y resolver problemas complejos como el tráfico de estupefacientes a escala binacional y planetaria.
La demanda de las y los miles de estadounidenses que “compran narcóticos ilegales” es de tal magnitud que no hay oferta en el mundo que logre saciarla. Es un problema de tejido social, salud mental y salud pública, no militar ni policial, que cuando se logre atender de manera integral provocará que la oferta se reduzca por sí sola.
México es parte de la solución, no el problema, para terminar con ese mal que aqueja a Estados Unidos y a otras naciones. Pero esta solución exige un cambio de paradigma radical. No se trata de una colaboración asimétrica, donde un lado dicta y el otro obedece. Se trata de cooperación, coordinación y colaboración sin subordinación. Esta máxima no es un capricho soberanista, es una condición de eficacia práctica. Y eso es justo lo que la Presidenta Sheinbaum ha ofrecido una y otra vez.
La colaboración sin subordinación es el principio más incómodo para la derecha estadounidense, pues no implica invasión, intervención ni intromisión; significa que México tiene derecho a establecer sus propias prioridades y no solo a perseguir efectos.
Ante este escenario, resulta imperativo construir un discurso propio que contrarreste la influencia de la ultraderecha.
La trivialidad de sus argumentos no debe subestimarse como simple ruido; sus narrativas tienen impacto político y diplomático. Por ello, la propuesta de nuestra Jefa de Estado, centrada en la cooperación integral, es una respuesta serena pero firme, que coloca el foco donde debe estar, en la corresponsabilidad.
En conclusión, el Gobierno de México debe mantenerse firme en los principios constitucionales de política exterior.
La guerra contra las drogas no se gana con invasiones ni con arrogancia, sino con un enfoque de salud pública, control de armas y desarrollo social.
La invitación de nuestro país es clara: colaborar para construir puentes, no para perpetuar muros. La alternativa -seguir el juego de los O’Reilly del mundo- es condenarnos a repetir los fracasos del pasado.