Mensaje del diputado Ricardo Monreal Ávila, presidente de la Junta de Coordinación Política y coordinador del Grupo Parlamentario de Morena, emitido durante la sesión solemne en conmemoración del 475 Aniversario de la Universidad de México, en Palacio Legislativo de San Lázaro

29 de septiembre de 2026

Honorable Asamblea, diputadas y diputados.

Rector Lomelí Vanegas, miembros de la Junta de Gobierno, del Patronato, respetables exrectores de la UNAM; directores y directoras de las escuelas y facultades de nuestra institución; maestros, maestras, trabajadores; comunidad universitaria, estimados estudiantes.

Sean bienvenidos a esta sesión solemne, que tiene por propósito honrar la memoria histórica de esta institución. Tiene este acto un propósito central de emitir nuestro reconocimiento y nuestra gratitud a los casi cinco siglos de formar profesionistas de bien para México.

Por decisión unánime de la Cámara de Diputados, de esta Asamblea, hoy vamos a dejar plasmado con letras de oro esta frase: 475 años de la fundación de la Universidad, en nuestros muros de honor, que son los espacios más solemnes de nuestra República.

Como ustedes verán, registran acontecimientos y personalidades que representan la esencia de nuestra patria. De ese tamaño es esta ceremonia que hoy llevamos a cabo.

Porque rebasa lo ceremonial y lo protocolario. Cinco siglos, 475 años de servir a la patria. Porque la historia de la Universidad es una verdadera epopeya del conocimiento.

Todo comenzó en 1551, un 21 de enero, cuando Carlos V emitió una Real Cédula para crear la Real y Pontificia Universidad, pero, no fue sino hasta 1853, enero, cuando abrió sus puertas la Universidad.

Cuatro carreras: medicina, derecho, teología, arte, y algunas de las llamadas materias sueltas.

Esta institución fue testigo de movimientos sociales. Fue una institución que acompañó la historia cultural, científica, académica y social de nuestra nación.

En el México colonial, en el México independiente, en el México de la Reforma y de los liberales y en la Revolución Mexicana, ahí, en todos estos momentos estuvo la Universidad. Algunas veces clausurada, se cerró la Universidad; algunas otras, la apertura, la redefinición y la refundación de esta institución.

Pero no fue sino hasta 1881, cuando ese gran prócer, Justo Sierra, plantea la autonomía de la Universidad mediante un proyecto. No prosperó, pero la semilla germinó.

Más tarde, Félix Palavicini continuó, y luego, ese extraordinario pensador y humanista, José Vasconcelos, también contribuyó y nos heredó esa frase que ha recorrido aulas, clínicas, laboratorios, pasillos “Por mi raza, hablará el espíritu”.

Pero no fue sino hasta 1929, cuando se logró la autonomía de la Universidad, después de una huelga en 1928, por cierto, provocada por la modificación en la evaluación de los exámenes, propuesta por Narciso Bassols, quien era el director de la Escuela de Jurisprudencia en ese momento.

Meses después, se modifica el reclamo de la huelga y, entre otros, Gómez Arias plantean el autogobierno y la autonomía universitaria.

Eran momentos de estrujamiento social y de complejidad política, derivado del asesinato de Obregón en 1928, que había sido presidente electo, y lo sucede en septiembre de ese año como presidente interino, Emilio Portes Gil.

Él fue quien promulgó la Ley Orgánica de la UNAM, la primera ley orgánica en 1929.

Y esta institución ha dado realce, renombre, prestigio en todo el mundo.

Sólo por mencionar a tres destacados mexicanos, tres premios Nobel: Alfonso García Robles, Mario Molina, Octavio Paz. Tres disciplinas diferentes, la paz, la literatura, la química y la ciencia. Por eso es enorme el potencial de la UNAM y la grandeza, y gran parte de la grandeza está en los jóvenes, estudiantes, en la comunidad y en sus maestros y maestras.

Y por eso hoy nos honra plasmar con letras de oro esta leyenda, esta frase que se mantendrá en el espacio más solemne del Poder Legislativo Federal. 

Pero también tenemos retos. Al mismo tiempo que recordamos el pasado, no podemos alejarnos del futuro; al mismo tiempo que estamos conmemorando 475 años de la Universidad, tenemos que plantearnos qué queremos de la UNAM para los próximos 25, 50 y 100 años, aunque nosotros ya no lo veamos.

¿Cómo resolver y profundizar la democratización del acceso a las aulas de la Universidad por los jóvenes que más necesitan el respaldo, los más desvalidos, los más desprotegidos, los que provienen de sectores vulnerables?

¿Cómo lograr resolver, junto con el Estado, un dilema que no podemos apartarnos en estos momentos, el de la Inteligencia Artificial?

¿Cómo vamos a atender el problema del cambio climático y la crisis ambiental?

¿Qué puede la UNAM hacer frente al problema del agua y la crisis hídrica?

¿Cómo podemos resolver la renovación generacional de nuestra comunidad científica y cómo resolver el déficit de nuestros científicos en la UNAM?

¿Cómo vamos a resolver el tema clave de mantener el nivel académico en una universidad masiva? Respaldando a nuestros maestros, estimulándolos y provocándoles una vida digna en sus ingresos.

¿Cómo vamos a generar condiciones para modernizar nuestros planes educativos?

¿Cómo lograr establecer en la UNAM el principio constitucional de igualdad sustantiva, equidad y género, desde sus funcionarios, directores y directoras de escuela, hasta los integrantes en los laboratorios, en la ciencia y en las aulas?

¿Cómo lograr vincular el desarrollo nacional con el conocimiento?

Son retos formidables.

¿Cómo lograr seguridad en las aulas y seguridad en la convivencia de los universitarios y de las universitarias?

No es sólo la UNAM, nos corresponde a todos contribuir a la resolución y al enfrentamiento de estos grandes desafíos, retos formidables que tenemos enfrente.

¿Cómo podemos honrar a estas generaciones de maestros que nos dieron realce, prestigio?

Le|Sólo recuerdo algunos: Miguel León-Portilla, Edmundo O´Gorman, Leopoldo Zea, Antonio Caso, Samuel Ramos, Carlos Fuentes, Rosario Castellanos, Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Jaime Sabines, Mario de la Cueva, Ricardo Flores Magón, Luis Ernesto Miramontes Cárdenas, Guillermo Haro, Julieta Fierro, Rodolfo Neri Vela, Susana López Charretón, René Drucker, Teodoro González León, Ricardo Legorreta, Pedro Ramírez Vásquez, Alfonso Caso, Manuel Gamio, José Gaos, y permítanme decir: egresada de esta universidad la primera mujer presidenta, científica, Claudia Sheinbaum Pardo.

Por eso, Gómez Morín también, dentro de esta pléyade, hombres que han contribuido a la fortaleza de la patria.

Estimado rector me da gusto que esté usted aquí con la comunidad universitaria.

Hoy este Poder Legislativo, sede del Congreso de la Unión está de plácemes y hoy queda permanentemente inscrita con letras de oro esta fecha.

La autonomía universitaria de 1929 nos dio libertad de cátedra, libertad de pensamiento, libertad de investigación, libertad para disentir y buscar la verdad, y por eso, rector, usted encontrará aquí tierra fértil para los planes y programas del futuro por unanimidad todos los grupos parlamentarios reconocemos a nuestra máxima casa de estudios: la UNAM.

¡Goya!

¡Ánimo!

Texto, Fotografía y Video: Cámara de Diputados