Lecciones del ludismo en el marco del Día del Trabajo

Ciudad de México, 29 de abril de 2026

Candelero

Por Ricardo Monreal Ávila

No parece distante un Primero de Mayo, Día del Trabajo a nivel internacional, en el que salgan a desfilar robots o humanoides por las calles, portando sus demandas por mejores condiciones laborales. O si no son robots, podrían ser las y los científicos y técnicos que los producen.

La inteligencia artificial (IA) está tomando los procesos productivos en casi todas las ramas de la economía, desde la agricultura hasta los servicios financieros, pasando por las más disímbolas formas de producción de bienes y servicios.

La gran preocupación es qué tanto acabará con los puestos de trabajo que hoy conocemos y si habrá una crisis de empleo a medida que se instale por igual desde la más modesta tienda de abarrotes hasta en los procesos de producción industrial.

Una opinión dominante entre las y los científicos y economistas de la ciencia es que la IA no generará desempleo masivo o una crisis generalizada del empleo, sino que jubilará cierto tipo de profesiones u oficios, mientras que empezará a demandar un nuevo tipo de especialistas y profesionales. Un proceso similar al que impactó la estructura laboral cuando despuntó la Revolución Industrial en el siglo XIX.

La Revolución Industrial desplazó a los oficios tradicionales del capitalismo originario (herreros, soldadores, carpinteros, zapateros, costureras, etc.), pero abrió paso a profesiones como Ingeniería, Metalurgia, Metalmecánica, Medicina, Administración, Contaduría, etc.). Es decir, confinó los oficios (sin extinguirlos) y potenció las profesiones.

Algo similar sucede hoy con la IA: algunas profesiones ya resienten el desplazamiento, a la vez que nuevas especialidades y equipos surgen en el campo profesional, como la ciencia y el manejo de datos, la Robótica, la Telemecánica, el big data y las supercomputadoras.

Así explica la propia IA su impacto en ciertas profesiones:

“La inteligencia artificial (IA) pone en riesgo empleos basados en tareas repetitivas, análisis de datos, procesamiento de lenguaje y creación de contenido básico. Los sectores más vulnerables incluyen Administración, Finanzas, Atención al Cliente, Traducción, Diseño y Programación. Profesiones como Traductores, Contadores, Analistas Financieros, Mecanógrafos y Agentes de Servicio al Cliente enfrentan una alta automatización.

Trabajos con mayor riesgo de automatización:

Administrativos y de Gestión: Capturistas de datos, Mecanógrafos, Auxiliares Administrativos, Secretarias y Gestión de Nóminas.

Finanzas y Contabilidad: Asesores Fiscales y Contables, Analistas Financieros y Auxiliares Contables.

Servicio al cliente y ventas: Ejecutivos de call center, Agentes de atención al cliente, telemarketing.

Contenidos y medios: Escritores, Autores, Editores, Diseñadores Gráficos y Traductores/Intérpretes.

Tecnología y análisis:Programadores de Herramientas CNC, Analistas de datos básicos, Desarrolladores de software.

Otros: Burócratas del sector judicial, Asistentes de Pasajeros, Personal de Radiología (diagnóstico).

Áreas con mayor vulnerabilidad según informes:

Matemáticos y Analistas: alta exposición en la interpretación de números y fórmulas.

Industria manufacturera: procesos de producción y manufactura automatizados.

Sector legal y comercial: afectación en tareas de revisión documental.

La IA no solo reemplaza, sino que también complementa labores en áreas que requieren habilidades humanas, como la creatividad avanzada, la toma de decisiones estratégicas, la empatía y el cuidado personal”.

El desafío real, entonces, no es si la IA destruirá empleos, sino cómo gestionaremos la transición que ya comenzó. La historia muestra que los cambios tecnológicos profundos nunca fueron parejos: mientras unos oficios desaparecen o se transforman, otros emergen, pero en el ínterin se producen tensiones sociales, desigualdades y sufrimiento en ciertos grupos.

En plena Revolución Industrial, el Primer Ministro Británico toleró (con sus matices) el ludismo (movimientos de trabajadores que destruían máquinas), no por compasión, sino por miedo al desorden, a la inestabilidad del régimen. Hoy, la pregunta es si aprenderemos de esa experiencia.

Un primer aspecto crítico es la velocidad del cambio. A diferencia del siglo XIX, cuando las transformaciones tardaron décadas, la IA avanza en meses. Esto no da tiempo a que los sistemas educativos se adapten ni a que las y los trabajadores se actualicen sin caer en los márgenes de desempleo. No es lo mismo jubilar un oficio de herrero a lo largo de una generación que volver obsoleto a un traductor o una analista financiera en dos años. La ansiedad social no es irracional, es la respuesta lógica a una disrupción sin red de contención.

Otro aspecto es el tipo de empleo que la IA amenaza, el cual es cualitativamente distinto. Desplaza tanto trabajo manual repetitivo (como hizo la robótica industrial en la década de 1980) como trabajo cognitivo, administrativo y creativo de baja y mediana complejidad. Esto golpea a la llamada clase media profesional. Contadores, Arquitectas de software básico, Redactores de contenido, Asistentes virtuales y Radiólogas se enfrentan a una máquina que no pide salario, no se cansa y no forma sindicatos.

Sin embargo, el propio optimismo tecnológico -representado por la respuesta de la IA en el texto- matiza: la IA complementa donde hay creatividad avanzada, estrategia, empatía y cuidado personal. Ahí está la llave.

Así, el Primero de Mayo en tiempos de la IA nos invita a repensar el trabajo como actividad con sentido. La automatización debería liberarnos de tareas tediosas, no expulsarnos del sistema productivo sin alternativas. Esto requiere políticas activas, como los ingresos universales temporales; la reconversión laboral financiada por las empresas tecnológicas; la reducción de la jornada laboral sin caída salarial para redistribuir el trabajo, y un control social democrático de los algoritmos.

La IA no es buena ni mala, es una herramienta. Su impacto final dependerá de la correlación de fuerzas en cada sociedad. Por eso, el 1.º de Mayo debería seguir siendo un día de unidad obrera, pero ahora también de alfabetización algorítmica (como nueva herramienta de poder colectivo) y de exigencias para que la productividad ganada por la IA se traduzca en más tiempo de vida digna para las personas, no en más riqueza concentrada.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

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