El Estado mexicano y el perverso estado paralelo

Ciudad de México, 1 de julio de 2026

Candelero

Por Ricardo Monreal Ávila

La agitada lucha política, centrada en ver el ombligo sucio del adversario y la paja en el ojo ajeno, para hacer un torneo de quién tiene en sus filas el mayor número de narcopolíticos(as), debería tomarse un respiro para leer el informe completo de la UNODC (la oficina de la ONU sobre drogas y delitos), respecto al proceso que está padeciendo México en materia de delincuencia organizada transnacional, corrupción, terrorismo, extorsión y otros delitos que ponen en riesgo a la sociedad y al Estado mismo, no a un gobierno o a un partido en el gobierno.

Empecemos por la conclusión del informe (México, drogas y delincuencia organizada, según los informes UNODC 2025-2026):

“México no enfrenta únicamente cárteles de droga; enfrenta estructuras criminales híbridas que disputan territorio, economía, legitimidad, instituciones y vida cotidiana”.

¿Cómo se define el poder criminal híbrido? La UNODC presenta una idea clave:

[…] la delincuencia organizada moderna incluye cárteles, mafias, pandillas, redes de ciberdelito, organizaciones de tráfico de drogas, funcionarios corruptos, empresas legales, abogados, financieros, brokers, grupos armados y actores comunitarios.

Aplicado a México, esto permite sostener que el problema no puede reducirse a narcos armados. Es una red que puede incluir empresas fachada, transportistas, aduanas, policías, autoridades locales, operadores financieros, abogados, prestanombres, comerciantes, constructores, políticos, células armadas, halcones, pandillas locales y operadores internacionales.

Dentro del mercado global de drogas, México resulta muy atractivo por ser vecino del consumidor más grande del planeta:

El mercado global ya no está dominado únicamente por drogas vegetales como la heroína, la cocaína o el cannabis. La UNODC señala que las drogas sintéticas están transformando los mercados porque ofrecen a los traficantes ventajas decisivas: no dependen de cultivos, clima o territorio; requieren menos espacio; pueden producirse cerca de los mercados de destino; y reducen riesgos de interceptación.

Esto es fundamental para México porque explica el desplazamiento del viejo modelo de producción agrícola —amapola, marihuana— hacia un modelo industrial-criminal basado en metanfetamina, fentanilo, precursores químicos, laboratorios clandestinos, logística transfronteriza y redes financieras.

La UNODC también advierte que el mercado de metanfetamina es el mayor mercado de drogas sintéticas a nivel mundial y sigue expandiéndose hacia nuevos mercados.

Otro de los conceptos importantes del informe es el de gobernanza criminal. La UNODC señala que:[…] los grupos criminales pueden establecer reglas alternativas a las del Estado e infiltrarse desde barrios locales hasta instituciones nacionales.

El control se obtiene por dos vías: coerción —violencia y amenazas— y cooperación —prestación de servicios, empleo, control del delito menor o beneficios económicos inmediatos—.

Esta radiografía no es un diagnóstico académico para engrosar el acervo de las bibliotecas o las bases de datos de las revistas indexadas. Tampoco sirve para la nota periodística de fin de semana. Es una advertencia que debería sacudir los cimientos del debate público mexicano y obligar a una rectificación profunda en la manera como entendemos y combatimos al crimen organizado.

Sin embargo, lo que predomina en la arena política es una prolongación del extenuante dualismo ideológico que se alimenta de posiciones

radicales supuestamente irreconciliables. Como si la infiltración criminal respetara siglas partidistas o colores de campaña.

El concepto de gobernanza criminal es particularmente devastador, porque muestra que no estamos frente a bandas de delincuentes que operan en los márgenes del Estado, sino ante estructuras que compiten directamente con él por el control de funciones esenciales. Cuando un grupo criminal regula precios, imparte justicia paralela, decide quién comercia y quién no, y cobra impuestos bajo la forma de extorsión, ha dejado de ser una organización delictiva convencional para convertirse en un poder territorial de facto; es una especie de Estado paralelo oscuro y perverso.

Esta metamorfosis del crimen organizado hacia formas híbridas de poder tiene consecuencias que van mucho más allá de la seguridad pública. Afecta la integridad del sistema democrático, porque si la ciudadanía percibe que el crimen organizado ofrece o exhibe un uso más intimidatorio de la violencia que las instituciones, el contrato social se desmorona. Tan solo en la economía formal se pueden apreciar grandes afectaciones, pues las empresas fachada, el lavado de dinero y la infiltración en cadenas productivas legales distorsionan mercados enteros y generan competencia desleal. Y afecta, sobre todo, la vida cotidiana de millones de mexicanas y mexicanos que deben aprender a sobrevivir en territorios donde el monopolio legítimo de la fuerza ya no lo ejerce exclusivamente el Estado.

La transición del viejo modelo agrícola de producción de drogas hacia un esquema industrial-criminal basado en precursores químicos y laboratorios clandestinos añade una capa adicional de complejidad. Esta mutación vuelve obsoletas las estrategias diseñadas para combatir cultivos ilícitos y exige un replanteamiento radical de las capacidades de inteligencia financiera, del control de aduanas y de los mecanismos para regular los insumos necesarios para la producción de drogas sintéticas.

Lo más grave del informe es que no habla de un riesgo potencial ni de un escenario futuro: describe un proceso que ya está ocurriendo y que se acelera. Y no basta con capturar capos, si las estructuras financieras y la colusión de funcionarios sin escrúpulos permanecen intactas. Tampoco basta con militarizar territorios, si la gobernanza criminal se reproduce a través de la cooperación comunitaria y la prestación de servicios que le corresponden al Estado.

Por eso es tan urgente que la discusión pública abandone el torneo de señalamientos y aborde con seriedad las implicaciones del informe, el cual no le habla a un partido ni a un gobierno en particular, le habla al Estado mexicano en su conjunto. Y la pregunta que nos interpela como sociedad es si seremos capaces de valorarlo antes de que las estructuras criminales híbridas terminen de consolidar lo que hasta ahora han venido construyendo en la sombra: un poder paralelo que ya no necesita derrocar al Estado porque aprendió a vaciarlo desde dentro.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

X: @RicardoMonrealA