Mensaje de la diputada Kenia López Rabadán, presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, durante la presentación de su informe legislativo, en Palacio Legislativo en San Lázaro

Ciudad de México, 17 de agosto de 2026

Verdad, respeto, paridad y pluralidad para presidir esta Cámara de Diputados.

Bienvenidas, bienvenidos todos.

Muchas gracias por estar aquí.

Inicio dando las gracias. Gracias a Dios, gracias a las diputadas y a los diputados de todos los grupos parlamentarios que, con su voto, respaldaron la posibilidad de que yo pudiera presidir este año.

Gracias, diputado Elías Lixa, mi coordinador parlamentario, gracias por tu estrategia. Muchas gracias por este año.

Quiero agradecer, por su puesto, de manera pública a quien preside la Junta de Coordinación Política y quien tiene la coordinación de la mayoría en este cuerpo colegiado, gracias doctor Ricardo Monreal.

Gracias y me da mucho gusto verte bien de salud y como siempre generoso con tus palabras a mi persona, querido coordinador Carlos Puente, muchas gracias por todo.

El primero que me dijo, cuenta conmigo, ahí voy a estar, y hoy se lo quiero reconocer en este cierre, muchas gracias coordinador Rubén Moreira, gracias, gracias siempre.

Por supuesto que sí, mi querido Reginaldo Sandoval, tenemos muchas cosas también en común, gracias coordinador.

Y quiero hacer un énfasis en agradecer a la mujer de la Jucopo, la única coordinadora que me acompañó en muchas ocasiones, en términos de género, muchas gracias coordinadora Ivonne Ortega por tus palabras.

Agradezco sus palabras, su acompañamiento a lo largo de este año, así como las muestras de respaldo en lo público y también en lo privado, siempre con respeto y con altura de miras.

Quiero agradecer de manera particular a la Mesa Directiva que este año estuvo trabajando, una Mesa que es plural y que tiene voces fuertes muy representativas de cada grupo parlamentarios y con eso siempre fuimos entre todos solidarios.

Gracias, a los vicepresidentes, a Sergio Gutiérrez Luna, a mi querida Paulina Rubio, gracias amiga y compañera; a quien le deseo el mejor de los éxitos el próximo año, a mi vicepresidente Raúl Bolaños-Cacho, será un gran año querido Raúl.

Gracias, a las secretarias y al secretario de esta Mesa Directiva, muchas gracias, Julieta Villalpando; muchas gracias, querido Alan Márquez, gracias Nayeli Fernández, gracias querida Magdalena Núñez, gracias Fuensanta Guerrero, por supuesto, muchas gracias amiga por estar aquí en familia, Laura Ballesteros.

Extiendo un agradecimiento especial, muy especial, desde el fondo de mi corazón a mi grupo parlamentario y a mi partido, Acción Nacional.

Gracias a mi presidente nacional, Jorge Romero Herrera, por tú confianza para poder encabezar, en representación de la segunda fuerza política en México, esta honorable Cámara de Diputados.

Jorge, jamás olvidaré que me dijiste: “va ser hasta el final y lo vamos a lograr”. Muchísimas gracias, presidente.

Gracias a los representantes del Poder Ejecutivo y del Poder Judicial, quiero reconocer que he entablado un diálogo democrático e institucional y por eso celebro que hoy nos puedan acompañar en este día a nombre de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ministra Yazmín Esquivel, muchísimas gracias por su presencia en este espacio deliberativo.

Muchísimas gracias al subsecretario César Yáñez, quien viene a nombre de la presidenta de la República. Muchísimas gracias señor subsecretario, gracias por su presencia.

Quiero agradecer también, ya los han visto, probablemente ahora los han saludado, al Cuerpo Diplomático acreditado en nuestro país, con el que logramos retomar un diálogo parlamentario respetuoso y fructífero, siempre necesario para México. Muchas gracias embajadoras, embajadores por estar aquí en esta Cámara de Diputados.

Quiero agradecer con nombre y apellido a todos y cada uno de ustedes porque son, sin lugar a dudas, importantes para este México y a nombre de Xóchitl Gálvez, con ella saludándola a ella reconociéndole su trabajo desde la sociedad civil, les digo a todos: muchísimas gracias por venir.

Hoy agradezco a los medios de comunicación por su generoso acompañamiento y por darme voz en sus espacios televisivos, radiofónicos, impresos y digitales.

Mi eterna gratitud a la maravillosa fuente acreditada en esta Cámara de Diputados, a ellas y a ellos, reporteros, fotógrafos, camarógrafos: gracias, muchas gracias.

Ustedes permiten que los ciudadanos conozcan el trabajo legislativo y nos mantienen en una relación constante con quienes nos confiaron sus votos y hoy merecen la posibilidad de supervisar y cuestionar nuestro trabajo a diario.

Cierro agradeciendo a mi familia. A mis hermanas y hermanos, por su ejemplo y respaldo.

Gracias, Alejandro, por estar siempre y por ser mi complemento.

Gracias también a mi incansable y profesional equipo de trabajo.

Gracias a los servidores públicos de esta Cámara, encabezados por nuestro secretario general, Mauricio Farah, quienes de manera profesional y eficiente hicieron que este Palacio Legislativo de San Lázaro funcionara sin parar un solo día todo este año legislativo.

En la conclusión de este encargo siento, al mismo tiempo, orgullo y humildad. Orgullo, por haber ocupado la responsabilidad más grande de mi vida parlamentaria. Y humildad, porque soy consciente de la relevancia y magnitud del encargo.

Agradecida por haber tenido el honor de ocupar la titularidad de uno de los Poderes del Estado mexicano y de haberlo logrado con el apoyo de los legisladores que son mis pares.

Hace más de treinta años, mi llegada a la política se dio por una cadena de circunstancias, trabajo y bendiciones. Quienes llevamos tantos años en este oficio, hemos tenido muchas oportunidades de pensar y repensar nuestra vocación y nuestro andar.

En cada ejercicio de retrospección, pienso siempre en la circunstancia de vida que me inspiró y me encauzó en esta labor: en la UNAM, mi alma mater, fui alumna de don Abel Vicencio Tovar, un panista trascendente y honorable. Él un día nos trajo de excursión a esta Cámara de Diputados.

No me dejará mentir quien recuerde su primera visita a este recinto en el que la patria impone su peso: inmediatamente toma relevancia la magnitud de lo que aquí acontece.

Lo que pensé al ver por primera vez el recinto legislativo fue: lo que esos señores hagan- y digo señores porque, efectivamente, la mayoría eran hombres- puede beneficiar o perjudicar a mi madre, quien era el referente de mi vida y quien todos los días se despertaba en la madrugada para ir a trabajar y sacarnos adelante.

¿Qué tan lejos estaban esos señores de la realidad de mi mamá y cómo podía ella pedirles que hicieran lo que se necesitaba para México? Mi mamá y mi abuela, nacieron y en México las mujeres no tenían derecho a votar.

Las cito a ellas por ser mujeres, pero también por ser grandes referencias de mi vida. Ambas, mujeres trabajadoras y honradas. Ambas, madres de familia comprometidas. Mis cinco hermanos y yo, crecimos en la Venustiano Carranza. Esta es la alcaldía Venustiano Carranza y Taboada sonríe porque sabe que así es, literalmente cerca y metafóricamente lejos de este recinto.

Tuvimos acceso a la educación pública, crecimos ayudando a mi mamá a atender la cocina económica que tenía y terminamos haciendo vidas que nos llenan de satisfacción.

Cuento esto porque cuando nací, no era probable que una mujer, que una mujer como yo, que empecé trabajando en esta Cámara como asesora hace casi treinta años, que una mujer de oposición pudiera presidir este Poder. Tener el privilegio de contar esto me obliga, con enorme responsabilidad, a trabajar para que mi historia no sea la excepción.

Presidir la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados durante este segundo año Legislativo significó asumir la responsabilidad de conducir, efectivamente, una Cámara plural y paritaria en un momento histórico de enorme intensidad política y legislativa.

Cuando tomé protesta, me comprometí a devolver el protagonismo a la palabra y a la verdad para que el Pleno garantizara su naturaleza como un espacio de encuentro.

A un año de ese compromiso y con una vida dedicada a la paridad de género, quiero hacer una reflexión explícita sobre lo que significó asumir el cargo siendo mujer y ejercerlo con plena consciencia de las diferencias que existen y que, por supuesto, como mujer, como mujeres en el poder, tenemos.

Mi lucha personal, mi trayectoria política, ustedes lo saben, ha sido a favor de las mujeres. Hoy quiero hablar de cómo las mujeres hacemos política. Hoy he tenido la oportunidad de demostrar, con mayor visibilidad, que las mujeres hacemos política de otra manera. Lo he demostrado con los acuerdos que hemos tomado, en las sesiones que hemos tenido, con mi forma, -con nuestra forma- con la forma de las mujeres. Y reconozco a mis contrapartes hombres quienes, percibiendo esa diferencia, la respetaron.

Porque hay que reconocer que, en política, desde la forma en la que convocamos a nuestros pares hasta la manera en la que resolvemos los enconos, claramente es distinta. De eso se trata construir este país, con visiones distintas y de distintas maneras, con la única convicción compartida de que esa conjunción nos fortalece.

Precisamente porque la forma en la que las mujeres tomamos decisiones es distinta, es que merecemos ocupar más espacios para tomarlas.

Me honra decir que busqué que mi presidencia demostrara estas diferencias. Espero que, en el futuro, más mujeres tengan la posibilidad de estar en espacios de decisión de esta magnitud para que podamos seguir demostrando que el país se nutre con ambas visiones.

Cuando tomé protesta, ante la polarización tan compleja que se vive en las calles, en las redes, en el debate público en general, tenía la necesidad de garantizar un espacio de debate institucional y mi convicción ética me obligó a buscar que ese espacio fuera este, fuera la Cámara de Diputados.

Tres principios me guiaron en cada decisión y en cada acción como presidenta.

Primero, siempre hablar con la verdad. Pese a todo y contra todo, decir la verdad.

Segundo, respetar al Estado y a sus instituciones.

Tercero, dar voz a la pluralidad y la diversidad de pensamiento.

Son convicciones que he honrado en mi vida política y principios que me ayudaron a transitar este año como presidenta de la Mesa Directiva.

Primero, en cuanto al compromiso con la verdad, lo han dicho aquí, sería ingenuo negar que cuando tomé este encargo, había dudas sobre mi institucionalidad.

Algunas presidencias de cuerpos colegiados habían mostrado, en ocasiones, sesgos ideológicos e incluso personales y eso había mermado la confianza en la cabeza del Legislativo.

Por ello, decidí asumir el reto de garantizar el respeto y la dignidad dentro de esta Cámara. Garantizar que nuestro trabajo pudiera conocerse con una estrategia activa de transparencia y rendición de cuentas, de diálogo interno y externo.

La única garantía que tenemos es decir la verdad, es lo único que podemos ofrecer cuando pedimos que confíen en nosotros.

Por ello, decidí que una de mis principales áreas de trabajo fuera la rendición de cuentas, con el apoyo de la plataforma democrática que ofrecen los medios de comunicación.

En este año legislativo que termina, realizamos 541 acciones con medios de comunicación de manera abierta y comprobable. Tuve 116 conferencias de prensa, 168 entrevistas cara a cara y 257 comunicados desde la presidencia, muy activa junto con la Jucopo, señor presidente. En todas ellas, di trasparencia a las reuniones, las decisiones y los procesos; los logros y los retos de esta Cámara.

Comunicamos con apertura, sin recelo, confiando en que siempre la verdad y sólo la verdad merecía ser fuente de información generada desde mi presidencia.

Hablé persistentemente con la verdad, evitando siempre la seducción de la posverdad.

En segundo lugar, respeté al Estado y a sus instituciones. Decidí ejercer con visión de Estado el mandato que mis compañeros de todos los partidos políticos me otorgaron para dirigir esta representación popular. Para hacerlo, me propuse aplicar sin distinciones la Constitución, la ley y el reglamento que nos rige.

Rafael Preciado Hernández decía que “el Estado de Derecho no consiste solamente en exigir a los ciudadanos que cumplan la ley. Comienza cuando la autoridad acepta que también ella está obligada a cumplir la norma, que sus facultades tienen fronteras y que el poder no se vuelve justo por el simple hecho de llamarse popular”.

Seguí esa convicción y seguí la norma con objetividad, sin filias ni fobias, buscando siempre lograr el equilibrio y brindarle certeza al debate parlamentario.

Ahora lo han podido comprobar en el Senado de la República, aquí está el coordinador Ricardo Anaya y me ha tocado presidir este espacio de la Comisión Permanente, muchísimas gracias senadores por su presencia y por su acompañamiento como vicepresidenta o, en su caso, como presidenta de la Comisión Permanente.

Sólo con respeto al Estado y a sus instituciones, esta Cámara puede reclamar el Poder que es y que debe tener.

La Cámara de Diputados es el órgano que debe garantizar que cada peso de recursos públicos sea erogado con miras a mejorar la vida de los mexicanos y quien mejor que los alcaldes de esta Ciudad de México para saber que el presupuesto que se aprueba en esta Cámara se necesita ejercer de la mejor manera.

Muchísimas gracias Mauricio Tabe, por estar aquí; muchísimas gracias Carlos Orvañanos, por estar aquí; muchísimas gracias Alessandra Rojo de la Vega, por estar aquí; gracias señora, señores alcaldes.

Porque nos toca aquí en esta Cámara de Diputados revisar que cada peso se gaste bien y no termine en despilfarro o, quizá, en corrupción. Aquí estamos trabajando.

Esta Cámara es el espacio en donde se confrontan, dirimen y eligen las prioridades del Estado mexicano; aquí deben suceder los debates en los que se plantean las visiones de país y de futuro; los objetivos y los instrumentos; las discusiones profundas sobre cómo garantizar un piso parejo para los mexicanos y sobre todo cómo recuperar la paz, esa paz y esa seguridad que la mayoría de las familias mexicanas anhela.

El Estado necesita que respetemos sus instituciones porque el país necesita que estas les sirvan a los mexicanos.

Con esa institucionalidad representé a esta Cámara de Diputados en los eventos de Estado. Lo hice ante la presidenta de la República, teniendo claro que mi representación pluralizaba esos espacios, siendo yo, en muchas ocasiones, la única persona con una militancia distinta, una de oposición, pero también estando cierta de que representaba a este cuerpo colegiado de 500 visiones.

Tengo que decirlo: di y recibí respeto. Y así debe ser, más allá de diferencias conceptuales.

Muchas gracias, señor subsecretario.

En este espacio de la Cámara de Diputados me empeñé en garantizar –y ese es mi tercer punto- la pluralidad en este recinto. Así lo hice en todas y cada una de las 100 sesiones que tuvimos en este año legislativo, contando las sesiones de los dos periodos ordinarios y el periodo extraordinario.

La última sesión la cerramos el 28 de mayo, fue la sesión más larga de todas, con una duración de 32 horas consecutivas, participaron en ella 348 legisladores y la pluralidad de todos los grupos parlamentarios.

En este año, asumimos una transición muy importante para nuestra vida parlamentaria: regresamos a las sesiones presenciales del Pleno, después de años en los que los trabajos se desarrollaban frecuentemente bajo un esquema semipresencial. Y quiero agradecer aquí el acompañamiento de todos los coordinadores porque sé lo complejo que significa que eso suceda, pero también sé que es importante que los legisladores podamos defender, debatir y argumentar en persona. Muchísimas gracias coordinadores por ese acompañamiento.

Este regreso implicó recuperar la dinámica del debate cara a cara y la participación directa de las y los diputados.

Estoy convencida de que la política exige la confrontación de ideas, que esa confrontación puede ser apasionada, e incluso dura, pero que, para servirle al país, también debe ser respetuosa de la legitimidad del otro, de su argumento y de su convicción.

En este año legislativo, dimos voz a más de tres mil 600 intervenciones, con representación de todos los grupos parlamentarios.

El dictamen con más intervenciones, por su puesto, fue la discusión del Presupuesto de Egresos para este ejercicio fiscal 2026, en donde tuvimos un registro mil 733 reservas y escuchamos 280 intervenciones en el Pleno, otra vez, intervenciones plurales.

Tal como me comprometí el día que tomé protesta, jamás cerré el micrófono a ningún orador. Ese día afirmé que la palabra sería el instrumento fundamental de mi presidencia; que no usaría el micrófono para incidir, para sesgar o para atizar los enconos. En palabras de don Luis H. Álvarez, “me comprometí a la lucha paciente

por la concordia”.

Me enorgullece poder afirmar hoy que mantuve mi palabra, en todo momento, para privilegiar el intercambio de ideas y el debate público. Hubo momentos de tensión, de desacuerdos profundos y de posiciones encontradas, pero siempre asumí mi responsabilidad como presidenta de la Mesa Directiva, con la convicción de que las diferencias deben procesarse dentro de las instituciones y que el debate, por intenso que sea, debe mantenerse dentro del cauce parlamentario.

En este tenor, logramos la aprobación de 150 dictámenes, que hoy son una realidad en la vida de los mexicanos. En cada debate, procuré que la escucha tuviera una consecuencia institucional. No busqué abrir espacios solo a posibles aliados, por el contrario, fui receptiva a la crítica y a la exigencia que deriva de confrontación.

Coincido con Adolfo Christlieb Ibarrola, cuando decía que “en la vida parlamentaria, la firmeza no está reñida con el acuerdo. Que dialogar no equivale a rendirse y que solo quien tiene claridad en sus convicciones puede sentarse frente a quien piensa distinto, encontrar una coincidencia y regresar a la mesa sin haber perdido su identidad”. Eso, eso que decía Christlieb es la esencia de la política y a mí me gusta mucho confiar en que eso es posible.

Mi agenda de trabajo también fue plural. Así como este auditorio está lleno hoy y muchísimas gracias a todos por venir, el Día Internacional de la Juventud también estuvo lleno, jóvenes que anhelan un mejor futuro y un mejor presente acudieron a esta Cámara de Diputados.

Y estoy convencida de que es con y por los jóvenes que hacemos una gran parte de nuestro trabajo como legisladores. Por eso acudí a cinco de las universidades más importantes de este país, porque sé que son espacios naturales de consciencia crítica.

El Día Internacional de las Mujeres también fue un gran día de trabajo, aquí recibimos a 500 mujeres líderes de todo el país para hablar sobre y con mujeres, de todas las visiones ideológicas y hoy veo a varias aquí, muchísimas gracias por estar. Sin lugar a dudas, ver el Pleno de mujeres en cada una de las curules fue muy esperanzador

También retomamos la relación con el Cuerpo Diplomático acreditado en México, recibiendo a 75 embajadoras, embajadores y representantes; ese es el número más alto recibido en un año legislativo en esta Cámara de Diputados desde que tenemos registros, muchas gracias embajadores, embajadoras.

Me reuní con productores agrícolas y ganaderos en quienes recae nuestra soberanía alimentaria y merecen certeza y seguridad; con jubilados y pensionados que merecen el agradecimiento y reconocimiento del país, con líderes sociales que participan con responsabilidad en lo público, con académicos, profesionistas, con empresarios comprometidos con el desarrollo de nuestra nación y con representantes del sector cultural, ese sector que ustedes saben llevo en mi corazón y en mis acciones legislativas.

La pluralidad reconoce el valor en la diversidad y busca que la libertad de todos se respete siempre. Solo con respeto al otro, a lo otro, a su pensamiento y acción, podremos tener una patria en donde nadie esté por encima de la ley y en donde nadie sea reprimido por sus convicciones. Eso es justicia y debemos anhelarla siempre.

En este año, busqué prestigiar la política, conducirme con honorabilidad, con sentido social y demostrar que las mujeres podemos trabajar con institucionalidad, eficacia y resultados.

El 31 de agosto concluiré este honorable encargo, consciente de que los retos que tenemos como sociedad, como género, como Poder de la Unión y como país se actualizan día a día.

Estoy agradecida de poner mi trabajo al servicio de la patria, satisfecha por haber podido ejercer este encargo desde mis convicciones y valores. Agradecida con todas y todos los que hicieron posible este año legislativo que me llevo en la memoria y en el corazón.

México nos exige ponernos de acuerdo, escucharnos y actuar con institucionalidad. Los dolores y las injusticias no podrán tener solución si existen abusos e indiferencia.

Todos, todos los que queremos a este país tenemos la obligación de seguir trabajando por él, por una patria ordenada y generosa, no de un día, sino como brega de eternidad.

Quienes nos dedicamos a la política, tenemos la obligación de mostrar que lo decente y lo honorable deben ser intrínsecos a esta vocación y actuar en consecuencia.

Gracias por su presencia. Gracias por su cariño.

Texto, Fotografía y Video: Cámara de Diputados