Salud mental de las y los pilotos no debe ser tema secundario, sino eje de política pública, señalan diputados y especialistas
Ciudad de México, 17 de abril de 2026
Legisladores, especialistas y representantes del sector aeronáutico coincidieron en que la salud mental de personas tripulantes de aeronaves no debe ser un tema secundario, sino un eje de políticas públicas, dado el impacto directo que tiene en la seguridad operacional, así como en la vida de pasajeros y tripulaciones.
Durante el “Foro: Salud mental para personas tripulantes de aeronaves”, que se realizó en San Lázaro, el diputado Víctor Manuel Pérez Díaz (PAN), presidente de la Comisión de Comunicaciones y Transportes, aseveró que la salud mental en la aviación no puede seguir siendo vista como un asunto accesorio, sino como un componente central de la seguridad del país.
Subrayó que las condiciones laborales, la fatiga y la presión constante afectan directamente la operación aérea, por lo que es indispensable pasar del diagnóstico a la acción institucional.
“Hablar de salud mental en la aviación no es un tema accesorio, es un tema de seguridad nacional”. Asimismo, alertó que “no atender su salud mental no es una omisión menor, es abrir la puerta a riesgos de operación”.
Enfatizó que uno de los principales desafíos es que las normas existentes se conviertan en resultados tangibles, al señalar que “la salud mental de los pilotos no puede depender de la buena voluntad o de esfuerzos aislados. Tiene que ser política pública, con mecanismos claros, con seguimiento, y sobre todo, con resultados”.
En su intervención, el diputado Juan Ignacio Zavala Gutiérrez (MC), promotor del foro, destacó que la problemática de la salud mental en el sector aeronáutico está estrechamente ligada a las condiciones laborales, por lo que debe abordarse desde una perspectiva integral.
Advirtió que el miedo a perder la certificación o el empleo inhibe que pilotos y tripulaciones busquen ayuda, lo que incrementa los riesgos. “El 57 por ciento de las y los pilotos, y el 67 por ciento de las tripulaciones de cabina, evitan buscar ayuda médica o psicológica por temor a perder su habilitación o certificación para volar”.
Añadió que el reto es cambiar el paradigma cultural y laboral, porque “no puede existir salud mental, y no podemos hablar de la salud mental de las y las personas si antes no hablamos de las condiciones de trabajo”.
Ángel Domínguez, presidente del Colegio de Pilotos Aviadores de México, enfatizó que la industria ha normalizado el silencio en torno a la salud mental, lo que genera una cultura de riesgo. Además, la exigencia de perfección sin condiciones laborales adecuadas ha sido históricamente una constante en el sector.
“Durante muchísimos años se nos ha pedido algo absurdo. Que seamos perfectos, pero en silencio […] más de la mitad de las tripulaciones evitan buscar ayuda por miedo a perder su licencia o su trabajo. Eso es una cultura del miedo”.
Indicó que el principal reto es transitar hacia un modelo preventivo y no punitivo. “Pasar del silencio al acompañamiento. Pasar del estigma a la prevención”.
Carlos Salicrup Díaz de León, especialista en medicina aeroespacial, explicó que la salud mental no sólo debe analizarse desde el bienestar individual, sino como un elemento estructural del sistema de seguridad aérea.
“La evidencia internacional identifica que una de las principales barreras para atender la salud mental en la aviación es el miedo que tenemos para reportar”. Los mecanismos actuales no garantizan la seguridad, son “exámenes médicos exhaustivos únicamente lo que garantizan es una sensación falsa de seguridad”.
Advirtió que “estar fatigado equivale a estar totalmente ebrio en nuestras funciones mentales superiores”, lo que podría representar un riesgo para terceros.
Paul Castelazo Rodríguez, piloto, expuso que el sistema actual castiga el reporte y premia el silencio, lo que agrava los riesgos operacionales; las tripulaciones enfrentan condiciones límite que han sido normalizadas.
“Las tripulaciones están operando bajo niveles de estrés, fatiga, desgaste mental y miedo institucional que ya no se puede seguir maquillando […] es un problema de seguridad aérea. El vacío está en que lo que existe no alcanza, y cuando la norma no alcanza, el costo lo paga la tripulación y después potencialmente lo paga toda la operación”, anotó.