Respeto, como para exigirse mutuamente excelencia entre política y periodismo

21 de octubre de 2026

Candelero

Por Ricardo Monreal Ávila

Esta semana, en la Cámara de Diputados decidimos institucionalmente dar al histórico espacio de Conferencias de Prensa -conocido informalmente como “el Chacalódromo”- el nombre de un gran periodista: Francisco Antonio Garfias Antolín (Pancho Garfias).

Este hecho trasciende el homenaje individual e invita a reflexionar sobre la naturaleza, diferencias y convergencias de dos oficios fundamentales para la vida pública: la Política y el Periodismo.

Quienes ejercen ambas actividades comparten una materia prima: la realidad nacional, la dinámica del poder y el destino de la sociedad. Sus funciones, herramientas y responsabilidades operan, sin embargo, en dimensiones distintas.

Las personas dedicadas a la Política son participantes centrales en la toma de decisiones. Desde el aparato público gobiernan, legislan y ejecutan acciones que inciden directamente en la vida comunitaria.

Las y los profesionales del Periodismo son testigos privilegiados e intérpretes de esos hechos. Su labor no es ejercer el Poder, sino documentarlo, cuestionarlo y exponerlo ante la Sociedad.

En esa frontera surgen las convergencias y las inevitables tensiones. La Política y el Periodismo se necesitan mutuamente. La primera requiere medios para comunicar, transparentar y someter sus actos a la deliberación ciudadana; el segundo necesita instituciones públicas para ejercer su derecho a saber, informar a la sociedad y contribuir a la transparencia y la rendición de cuentas.

La tensión entre ambas esferas no debe alarmar; es síntoma de salud democrática. Cuando quien ejerce la política pretende que el Periodismo adule su gestión, traiciona el sentido de la transparencia. La crítica periodística rigurosa e independiente es el contrapeso más efectivo ante los excesos de la autoridad.

Desde el surgimiento del Parlamento Inglés, Edmundo Burke señaló que los informadores que ocupaban el ala derecha de la Asamblea Deliberativa eran “el Cuarto Poder [el primero era el Clero; el segundo, la Nobleza, y el tercero, el Pueblo llano o burgueses]; tan fuerte como los otros tres” (1771).

Con las redes sociales, ese Cuarto Poder adquirió una dimensión polivalente. Tenemos desde Periodismo de Investigación hasta el de ficción difundido por bots (y basado en mentiras), pasando por el Científico, el Ideológico, el Militante y hasta el de Extorsión.

Una sociedad informada, plural y capaz de cuestionar obliga a las y los políticos y parlamentarios a elevar el debate y actuar con mayor responsabilidad ética.

Figuras como Pancho Garfias, desde los recintos parlamentarios, nos recuerdan que el diálogo democrático se fortalece cuando la Política escucha al Periodismo, aun en la discrepancia, y cuando el Poder reconoce en la Crítica una oportunidad para rectificar y servir mejor.

La reflexión sobre el quehacer informativo como manifestación del derecho fundamental a la Libertad de Expresión merece, sin embargo, un matiz: la salud democrática requiere que la Política escuche al Periodismo y que este trabaje con la misma exigencia ética que reclama a las y los políticos.

Distinguir entre documentar el Poder y ejercerlo parece fácil en teoría. En la práctica, la línea se difumina si la persona Periodista abandona la interpretación rigurosa por la militancia ideológica, o si el Político o la Política intenta instrumentalizar al medio para convertir la crítica en simple vocería opositora.

Difundir ideas con libertad y ética implica alejarse del Periodismo adulador y del de trinchera que, so pretexto de independencia, sustituye la verificación por la consigna. La pluralidad de voces que exige una democracia madura no se satisface con más Medios, sino con enfoques diversos y rigurosos dentro de cada uno.

Las redes sociales diversificaron el “Cuarto Poder”, pero también lo fragmentaron. Hoy, cualquier persona con una cuenta puede pretender ser informadora sin pasar los filtros de verificación que distinguen al Periodismo profesional. Por ejemplo, disminuye notablemente el ejercicio de la Crónica, tan importante en esa profesión.

Esto plantea un desafío que el homenaje a Garfias ilumina, pues la autoridad periodística ya no deriva del acceso privilegiado al Poder, sino de la credibilidad construida con consistencia, la corrección de errores y la transparencia metodológica. Pancho Garfias construyó esa credibilidad cubriendo el Congreso durante décadas.

En México, donde se discuten lineamientos sobre Derechos de Audiencias, el homenaje a un Periodista Parlamentario adquiere una dimensión adicional. La mejor defensa del Periodismo no es carecer de normas, es contar con mecanismos robustos de autorregulación que impidan que la crítica legítima sea confundida con la difamación o la manipulación.

Un medio que rinde cuentas a su audiencia y corrige pronto sus errores no necesita que un regulador externo defina qué es verdad. La ética periodística, ejercida con rigor, es el mejor escudo contra la tentación regulatoria.

La Política debe nutrirse de la vocación de servicio y no de espectáculo. Honrar a un cronista legislativo exige elevar la calidad del debate parlamentario que documentó.

Si el Periodismo exige transparencia, la política debe responder con actos verificables, votaciones razonadas, debates y deliberaciones en Parlamento abierto, Iniciativas, Dictámenes o Decretos elaborados a conciencia, etc.

La tensión entre ambos oficios es fecunda cuando cada uno exige al otro cumplir su responsabilidad. Cuando la Política se vuelve espectáculo, el Periodismo se degrada en crónica de la nada. Cuando el Periodismo deviene militancia, la Política pierde el espejo crítico que la obliga a rectificar.

El legado de Pancho Garfias recuerda que la Democracia mexicana requiere más que la coexistencia de medios y políticos, pues ambos oficios deben respetarse lo suficiente para exigirse mutuamente excelencia.

El verdadero homenaje no está tanto en el nombre de una Sala como en la calidad del Periodismo que se ejerza y la responsabilidad con que la Política responda a la crítica.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

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