Pagan los pobres

Ciudad de México, 22 de abril de 2026

Aunque Pese

Por Salvador Martínez G.

En un mundo donde el 60 por ciento de la población vive con menos de 10 dólares al día, una guerra como la iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán no es sólo una decisión bélica, imperialista y expansionista, sino una condena económica para miles de millones de personas ajenas al conflicto en todo el orbe.

Las cifras del FMI o del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) son definitivas: la inflación por la guerra erosiona el poder adquisitivo de los más pobres 10 veces más rápido que el de los más ricos, quienes pueden refugiarse en activos duros y bonos indexados.

La historia económica reciente ha enseñado que las guerras actuales no se circunscriben a la línea del frente, sino en el supermercado del sur global o en el abasto de gasolina del ciudadano estadounidense.

A diferencia de los análisis geopolíticos, una perspectiva social de los efectos de la guerra exige medir el costo en desigualdad, pues mientras aumenta la pobreza, un puñado de magnates del petróleo y de las bolsas hinchan sus carteras.

En estas guerras, la de Irán y también la de Ucrania, el enemigo no viste uniforme verde, sino traje y corbata en una junta directiva de una petrolera celebrando su nuevo récord de ingresos trimestrales. Ahora el precio del barril del crudo ronda los 100 dólares para regocijo de unos cuantos y el padecimiento de los más.

Lo ideal sería una solución pactada a los conflictos bélicos vigentes, pero ello dista mucho de ser posible.

SUSURROS

En el último quinquenio, del 2020 al 2025, la inversión china en México generó 157 mil 138 empleos, el mayor número de puestos de trabajo en relación con cualquier otro país de Latinoamérica.

En Brasil, China generó 56 mil 938 empleos, pero en dólares la inversión en la nación sudamericana acumuló 20 mil 87 millones de dólares, más de los 11 mil 567 millones aportados a nuestro país en el mismo periodo mencionado.

Sin embargo, es difícil que la tendencia de inversión china en México se mantenga para este lustro, del 2026 al 2030, principalmente por las presiones de Washington a nuestro país por la influencia del gigante asiático, así como por políticas arancelarias y las condiciones impuestas en la revisión del T-MEC.

Lo ideal sería aumentar la inversión china y de otras naciones, pero Washington difícilmente lo permitirá al pretender las ganancias de león y dejar para sus socios comerciales las migajas del ratón. En los próximos años se verá.

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